De la ensoñación al déjà vu

Woman to Woman crearon magia de jazz y Rubén Blades hizo la salsa que le define

Woman to Woman sorprendió a un Mendizorroza lleno hasta la bandera. /Igor Aizpuru
Woman to Woman sorprendió a un Mendizorroza lleno hasta la bandera. / Igor Aizpuru
Natxo Artundo
NATXO ARTUNDO

Todo el sabor de Nueva Orleans llenó el aire del polideportivo de Mendizorroza, al que el público accedía en largas colas. Se iba a llenar hasta las cartolas —entendidas tales como los pasillos sobre las gradas— y mucha gente esperaba para entrar cuando Lucien Barbarin y su Street Band se pasearon hasta el escenario, sin dejar de sonar a jazz añejo y callejero. A pelo, sin amplificación, excepto un micro que el trombonista y líder usó para cantar sobre la tarima, lograron un ambiente de lo más festivo.

No es que fuera a ser la gran fiesta del jazz, pero sí tendría ese carácter agridulce de las despedidas. Ya no sólo por ser el último concierto de Rubén Blades en Vitoria «a la que volveré como turista», aseguró, tras alabar la belleza y la limpieza de la capital alavesa. Es que se termina el festival y el jazz se va, aunque permanezcan algunas honrosas ondas, hasta el próximo verano.

Cosas buenas

Pero también hay cosas buenas. Como el recuerdo del grupo liderado por la pianista Renee Rosnes. «Kaixo, zer moduz?», saludó con simpatía la canadiense antes de presentar a la inmensa vocalista Cécile McLorin Salvant y al resto de Woman to Woman. Melissa Aldana recorrió todos los registros de su saxo tenor y esculpió dejes de Rollins o Coltrane, en un rico fraseo. Ingrid Jensen hizo brillar su trompeta con una gran diversidad de tonos, desde el del vibrante metal hasta el juego con la sordina, con estilo y clase. Anat Cohen demostró gusto y control dinámico de un instrumento tan difícil como el clarinete, que en sus manos demuestra que aún sigue mereciendo estar en la élite del jazz.

La potencia y dinamismo de Allison Miller con las baquetas —nadie echó de menos a Terri Lyne Carrington— y el flujo de apoyos graves del contrabajo de Noriko Ueda ensamblaron una base rítmica inmejorable. La pianista dejó patente tanto su categoría como lo acertado de su posición en la formación, directora musical.

El concierto de Rubén Blades fue similar al de hace 6 años, con el plus de volver a cumplir años en escena, ahora los 69

Hubo música cargada de magia, con la capacidad añadida de McLorin de llevar a la audiencia hasta el corazón de las historias que canta, sobre todo en el caso de piezas en un español perfectamente vocalizado —ya les gustaría a muchas personas cantarlo tan limpiamente bonito— como en ‘Gracias a la vida’ o ‘Alfonsina y el mar’. ‘Yesterdays’ o ‘Flamenco Sketches’ fueron ejemplos de clásicos tratados con maestría, mientras ‘Galapagos’ de Rosnes dio idea de la calidad compositiva de la teclista. Aunque el público se quedó una vez más con una cantante que, de manera aparentemente natural, consigue fundir lo mejor de las mejores en su propio estilo. Es a la voz de jazz lo que Stevie Ray Vaughan fue a la guitarra de blues. Y ella aún tiene mucho por delante. Todas ellas, como demostraron en combinaciones varias, desde el dúo hasta el septeto.

Blades ha iniciado su gira de despedida en Vitoria.
Blades ha iniciado su gira de despedida en Vitoria. / EFE

Así lo reconoció Rubén Blades, que tenía la papeleta de coger el micro a continuación. Con el apoyo de 13 instrumentistas, el artista panameño no logró sorprender. El concierto fue similar al de hace 6 años, con el plus de volver a cumplir años en escena, ahora los 69. El adiós al escenario del ex ministro de Cultura del país centroamericano —con un probable retorno a la arena política— tuvo momentos de humor, de discurso social, de anecdotario y hasta de lecciones de música por parte de quien —reveló— tuvo el mismo profesor de solfeo que Wynton Marsalis. Pero la distancia está ahí, tal y como evidenció un ‘Mack the Knife’ más de música ligera que de jazz. Sin sorpresas.

Mal sonido

Tampoco se le va a pedir al salsero Blades que haga bebop ni free jazz. Ya están ahí esas percusiones de timbales, bongos y congas que se suman a la batería y dan ese sabor, con esa clave tirana pero endémica de esas fórmulas musicales tan alejadas del concepto rítmico del swing, capaz de moverse hacia cualquier dirección. Pero lo que no fue culpa del veterano artista fue un sonido bastante malo: desde rebotes con un pabellón lleno hasta una insoportable ‘bola’ de graves al empezar o, incluso, un solo de trompeta inaudible hasta el sobreagudo final. También hubo algún desajuste que la orquesta de Roberto Delgado corregirá a buen seguro en las próximas fechas.

Este inicio del fin, de la gira del adiós de Blades, recorrió ‘Las calles’, ‘Buscando América’, ‘Juan Pachanga’, ‘Prohibido olvidar’, ‘El cantante’, ‘Cuentas del alma’ o ‘Claro oscuro’, sin olvidar ‘Ojos de perro azul’, ‘Caín’ ni la mítica ‘Pedro Navaja’, que puso a bailar a quienes no lo hacían ya. Y el intérprete de la serie ‘Fear the Walking Dead’ recordó en 'Todos vuelven' a quienes, por desgracia, ya no caminan entre los mortales, desde García Márquez a Celia Cruz, desde Bowie o Lou Reed a Prince, desde Richard Pryor a Tito Puente o a Paco de Lucía. Adiós a todos.

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