El bautismo de una gran familia

The Brown Sisters entusiasmaron a un público que llenó Mendizorroza, apludió, cantó, dio palmas y salió iluminado por el gospel

No cantaron uniformadas, pero las cinco voces de las Brown Sisters demostraron que forman un coro.
No cantaron uniformadas, pero las cinco voces de las Brown Sisters demostraron que forman un coro. / Igor Aizpuru
Natxo Artundo
NATXO ARTUNDO

El pastor Brown enseñó bien a sus hijas. Y la fe del reverendo de Chicago se refleja ahora en unas cantantes excelentes no sólo en las voces, sino en su calidez humana. Así, las hermanas Andrea, Adrienne, Lavette y Vanessa -junto a la hija de esta última, Amber Dukes- llevaron a cabo anoche una gran apertura de la XLI edición del Festival de Jazz de Vitoria. Y el bautizo fue luminoso, cercano y lleno de detalles de calidad en las artes vocales de las cinco artistas, sin olvidar la impagable aportación del organista Jason Tyson, que hizo sonar al Hammond en el entorno de la Iglesia, pero también en un club de blues del Southside de la ‘Ciudad del Viento’.

Cuando las cinco voces sonaron juntas, parecía todo un coro y en poco tiempo ya estaba el personal dando palmas

Las hermanas de Illinois salieron al escenario. Con mucha luz diurna aún y con sólo tres cuartos de entrada, todavía. Y es que el reclamo del gospel animó a muchos a acudir al recinto del festival y las colas para entrar, aunque fluidas, supusieron que el polideportivo no iba a llenarse -que lo hizo, aunque no hasta las cartolas, como presumiblemente sucederá el sábado con Rubén Blades- hasta ya iniciado el show.

Cuando las artistas tomaron la escena, hubo división de opiniones sobre su estética. Algunos agradecieron que fueran vestidas diferentes, de negro y con detalles brillantes, cada una en su estilo. Otros, más amantes de los uniformes y los hábitos parecían contrariados por la variedad. También la hubo estilística, como anunció Vanessa Dukes, desde lo más ‘rockeante’ hasta la suavidad de una nana. Y se dispusieron a dar ejemplo. Enseguida, todos estaban de acuerdo: cuando las cinco voces sonaron juntas, parecía todo un coro y en poco tiempo ya estaba el personal dando palmas. Este apoyo percusivo, solicitado en diversos momentos del concierto, fue complementado con las panderetas como unas campanillas celestiales. Con tanto aplauso, parecía que en lugar de ser la capital alavesa lo era de Gran Canaria.

Voces dinámicas

Los juegos de llamada y respuesta, con aleluyas y cánticos, los sutiles -o no tanto- bailes sincronizados de las vocalistas que añadían dinamismo a unas voces ya dinámicas en sí mismas, se sumaban a declaraciones o revelaciones como que el Señor es la fuente de la fuerza, que Jesús es el Camino o, como reza el título, la respuesta. Aparte del ‘Jesus is the Answer’, sonaron himnos del calibre de ‘Amazing Grace’ -todo un estándar del gospel y de la música americana en general- o el ‘Amen’ popularizado, entre otros, por Otis Redding, sin dejar en el cajón ‘This Little Light of Mine’ que también cantó el gran Sam Cooke. Y es que las grandes canciones no pueden faltar en un concierto de gospel y uno de los mejores momentos se vivió con ‘Hail Jesus you're my King’, que arrancó a capella, con algunos detalles de bajo por parte del Hammond de Tyson y que culminó con un final en cascada.

El público no tardó en acompañar los himnos religiosos de las hermanas de Illinois. / Igor Aizpuru

Tampoco se echaron de menos esos momentos en los que las frenéticas palmas y la repetición de frases casi a modo de mantra generan esa excitación entre la concurrencia, ese acelerón de gospel que se apodera de la parroquia y la llena de entusiasmo. Por supuesto, las palmas y los coros también se pueden hacer en pie, y así lo demostraron los fieles de Mendizorroza, que cantaron de diversas formas. Por voces, graves o agudas; por aproximación, sobre todo en algunos casos, o por no quedar mal, con una gran imaginación en ciertos parroquianos para simular frases en inglés. No hizo falta en clásicos como ‘When the Saints Go Marching In’, no hablemos ya de ‘Oh Happy Day’ -que en algunos momentos manejaron hacia un ritmo más soulero al repetir el ‘happy’, en la onda del ‘Knock on Wood’ de la Stax- o del bis ‘He’s Got the Whole World in His Hands’. Bueno, vale, aquí sí hubo canto fonético. Pero se trata de mostrar las bendiciones del Señor y a algunos les cura. Hasta de la vergüenza. Palabra de Jazz.

Festival de Jazz de Vitoria 2017

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