Por amor al jazz en Vitoria

Un total de 33 voluntarios hacen posible que el decano de los festivales locales vaya sobre ruedas

Chicho Bellido, en el centro, junto a David Cid y Nuria Morales. / Igor Aizpuru
Laura Alzola
LAURA ALZOLA

Trabajan por amor al jazz. Por escuchar la música en directo, pero también por acompañar a los artistas durante su estancia en la ciudad y en todo el proceso que rodea a las actuaciones. Desde su nacimiento, la organización del Festival de Jazz de Vitoria cuenta con la inestimable ayuda de decenas de aficionados a este género músical que deciden aportar su tiempo y sus conocimientos únicamente a cambio de poder vivirlo desde dentro. Este año, son 33 personas. Una de ellas, Chicho Bellido (Bilbao, 1946) que a lo largo de38 años como voluntario, ha vivido la transformación del festival. «Al principio, todos hacíamos todo. El trato era familiar. Ahora se trabaja en otras dimensiones», recuerda. A sus 71 años, es un arquitecto en activo y entregado a su profesión que durante la semana del jazz se encarga de supervisar el montaje del escenario y coordinar los quehaceres previos a cada concierto en el polideportivo de Mendizorrotza.

«Al principio todos hacíamos de todo, ahora se trabaja en otra dimensión» chico bellido

El voluntario veterano describe sus funciones durante la semana del jazz bajo la atenta mirada de David Cid (Vitoria, 1996), que se incorporó la edición pasada. «Mis amigos eran voluntarios y tras dos años como espectador, decidí apuntarme y vivirlo desde dentro». Este pianista y alumno de tercero de Musikene, el Conservatorio Superior de Música del País Vasco, se encargará de acompañar a la Lucien Barbarin Street Band la banda de jazz callejera del festival. Lo hará ya mañana desde la una del mediodía, en la primera de las rutas que la formación cubrirá cada día hasta el domingo por el centro de Vitoria.

Más limitada en el tiempo será la aportación de Nuria Morales (Vitoria, 1975) a la organización. Al trabajar como administrativo, también durante la semana del jazz, ella centrará toda su ayuda en la tarde-noche del jueves, cuando se encargará de que los músicos que participan en el homenaje a Thelonious Monk en Mendizorroza encuentren todas las facilidades, entre otra cosas, a la hora de desplazarse. Como Chicho y David, Nuria comenzó viviendo el festival desde las butacas. En su caso se metió en ese mundo, gracias a que la imprenta de su tío fue la encargada de producir los programas del festival. «Solía tener entradas, y así comencé yendo de muy joven a ver los conciertos», detalla. Una afición que redirigió hacia el voluntariado hace ya una década, por amor a la música jazz.

A un palmo

«Es tan distinto escuchar un disco que vivir la música en directo, frente al escenario», reflexiona Chicho Bellido. Nuria y David asienten. En la conversación confluyen tres generaciones de aficionados al jazz en Vitoria. Esta edición, tanto Chicho como Nuria acudirán a los conciertos de Mendizorroza, mientras que David defiende la programación del Principal, Jazz del Siglo XXI. Porque le llaman «más la atención» los artistas que se esperan este año, pero también por una cuestión práctica. Tras asistir a la Lucien Barbarin Street Band durante un par de horas, el joven estudiante de piano actuará a diario junto a dos amigos en el café Victoria situado en la Virgen Blanca. Tras una pausa para empaparse de jazz en el Principal, su plan es marchar rápido para volver a subirse al escenario, esta vez, en el Silken Ciudad de Vitoria, donde su cuarteto está programado toda la semana de 22.30 a 00.00 horas. «Y después iré al jazz de medianoche», afirma.

«Solía tener entradas y comencé muy joven a ir a los conciertos» nuria morales

Doce horas al día disfrutando de conciertos ajenos y propios. Para los últimos, traerá el piano en el que ensayaba de pequeño, que se encuentra en el pueblo de su familia, en Palencia. Unos 250 kilómetros de transporte en furgoneta para que la entonación del instrumento sea la adecuada en el bar denotan la pasión por el jazz que se respirará a partir de mañana, en todos los rincones de la ciudad.

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