Los vendedores de cervezas a un euro hacen su agosto

Dos jóvenes con sus bebidas durante el festival.
Dos jóvenes con sus bebidas durante el festival.

Es la única bebida que se puede comprar hasta que a los ocho empieza la venta en el recinto del festival

MARÍA TERESA VALERIO

En el BBK Live no sirve el dinero. Las pulseras ‘cashless’ estrenadas este año reemplazan el pago en metálico. Pero aunque los festivaleros lo tengan así más cómodo, muchos prefieren tirar del ‘cash’ tradicional y abonar el euro que cuestan las latas de cerveza fría que ofrecen los vendedores ambulantes en la entrada al recinto. Las birras, que los avispados comerciantes transportan en carritos de supermercado y neveras de playa, son la única bebida que pueden comprar hasta que cae la tarde, ya que la venta en el festival comienza a partir de las ocho.

Es un trago reconfortante después de ascender a Kobetamendi desde Bilbao. Los asistentes prefieren tomarse la molestia de salir cada cierto tiempo y comprar las latas antes que pagar los 4,20 euros por una cerveza dentro del recinto. Más el vaso, que cuesta otros 2,50, la caña se pone en 6,70 euros, casi el precio de un combinado. Mariña Portas agotó el género la primera noche y tuvo que recargar la nevera varias veces. «No me puedo quejar, he vendido mucho. Incluso los chicos me han ayudado a cargar todas las cosas, porque tampoco quieren pagar el precio de festival».

«No controlas el gasto»

Otra alternativa adoptada por los mochileros es abastecerse en los supermercados próximos a Basurto, donde pueden hacer acopio de hielo, comida, alcohol y bebidas refrescantes. Guardan la compra en el cámping y entran y salen durante los conciertos. También hay jóvenes que hacen botellón en las zonas verdes que rodean el recinto.

Los habituales del BBK Live se quejan del «subidón» de precios en comparación con años anteriores. Los bilbaínos Asier Orgaz y Ales Pérez creen que los organizadores intentan disimular el elevado precio de las bebidas con las pulseras. «Aunque es normal en los eventos, este año se han pasado con los precios», afirman. Alexander Arias, de Rentería, advierte que la pulserita, como ocurre en los ‘resorts’ vacacionales, tiene truco: «No controlas el gasto. Estás inmerso en el festival y consumes sin darte cuenta».

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