Lo mejor y lo peor del Bilbao BBK Live 2017

Recinto del BBK Live/IGNACIO PÉREZ
Recinto del BBK Live / IGNACIO PÉREZ

Las infraestructuras no dejan de mejorar en Kobetamendi, donde también se ha reducido la basura. Aún así, quedan aspectos en los que progresar

Eider Burgos
EIDER BURGOS

La duodécima edición del Bilbao BBK Live ha sido un éxito: 112.114 personas han acudido a Kobetamendi a vibrar al ritmo de The Killers, Depeche Mode o Die Antwoord. El cartel invita a los festivaleros a venir, pero la organización y el lugar les anima a repetir. Por suerte, las infraestructuras del evento vizcaíno no hacen más que mejorar y las nuevas mejoras como la supresión del dinero en efectivo agiliza algunos procesos. Sin embargo, la organización debe seguir teniendo algunos puntos en cuenta para terminar de ofrecer una experiencia de diez. Esto ha sido lo mejor y lo peor del Bilbao BBK Live 2017:

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LO MEJOR

El cartel

Aunque las primeras confirmaciones decepcionaron por repetitivas (Depeche Mode, Phoenix y Two Door Cinema Club ya habían venido en otras ocasiones al festival), la organización consiguió cerrar un cartel redondo, con bombazos como la actuación en exclusiva en España de The Killers, el retorno de The Avalanches o Fleet Foxes y grandes cabezas de cartel como Die Antwoord, Brian Wilson o Primal Scream. Una oferta que se completó con géneros para todos los gustos (del punk al trap, pasando por rock, pop, indie y electrónica), que facilita la llegada de multitudes.

Baños

Con cada edición, los baños aumentan en número y mejoran en limpieza y en calidad. Esta vez estaban hasta acompañados por lavabos, y contaban con personal que adecentaba los cubículos cada poco. A excepción de los más próximos a los escenarios y justo después de los conciertos, apenas hubo que hacer cola.

Transporte

Una vez más, ascender hasta Kobetamendi ha sido tarea sencilla. La frecuencia ha sido muy alta, desde San Mamés y el BEC de Barakaldo, y las colas duraban apenas un par de minutos, tanto para ir como para volver.

Controles rápidos

No hubo que hacer cola en los buses, pero tampoco a la entrada del recinto. Los controles eran rápidos: primero el cacheo y luego un escáner para la pulsera con chip en lugar del clásico tirón. El aumento de la seguridad que se anunció justo antes del festival apenas se hizo notar; solo fuera, con varias parejas de la Ertzaintza vigilando los alrededores.

Sistema cashless… con ‘peros’

El nuevo sistema de pago por chip supone una ventaja por no tener que llevar dinero encima, lo que evita pérdidas y robos. Además, recargar la pulsera era bien sencillo si se sincronizaba la tarjeta de crédito a través de la aplicación móvil del festival o desde cualquiera de los puntos físicos de recarga del recinto. También agiliza el trabajo en barra, al tener que ahorrarse los camareros el contar el dinero o los cambios.

Aunque existen ‘peros’. Además de las molestias de que toda la cuadrilla tenga que acercarse a la barra para pasar su chip, la ausencia de dinero físico hace que se tenga menos control sobre el gasto (a pesar de que la aplicación móvil sí mostraba un resumen de todo el dinero ingresado). Además, no pocos tuvieron problemas con la sincronización entre el número de entrada y la pulsera o por recargos que no quedaban registrados, especialmente el primer día. Es el primer año que se implanta, así que era de esperar que existiesen fallos. También que experimente mejoras.

La comida

La oferta de comida en el recinto era tremendamente variada, para todos los gustos y opción alimenticias: de una parrilla argentina a hamburguesas veganas, pasando por tallarines, pizza, perritos y hasta talos.

Menos basura

Este año, además de pagar la bebida, el festivalero debía pagar 2,50 euros por el vaso, cantidad que le era devuelta si el recipiente se devolvía en barra. Si lo perdía o lo tiraba, debía comprar uno nuevo. Aunque a priori suponga una molestia, esta nueva medida evitó que el recinto se convirtiese al final del día en un mar de plástico.

Eso sí, ya que hay que cargar con ellos todo el día (o días), lo ideal sería que los vasos llevasen un agujero o una cuerda que facilite su transporte, como ya se hace en otras fiestas.

Actividades alternativas

A quien no le iba el artista de turno, este año tampoco se aburrió en el Bilbao BBK Live. Las actividades alternativas a los conciertos fueron un éxito: nada más entrar al recinto, un karaoke, un futbolín gigante, más al fondo un mini escenario para montar tu propia banda, un toro mecánico… y el exitazo de esta edición: el ‘I Stand For’, un juego promocionado por una famosa bebida alcohólica en el que simplemente había que elegir entre dos opciones en un cartel luminoso o en un gran portón que daba entrada al Basoa: ¿Leonardo DiCaprio o Leonardo Da Vinci? ¿Lloraste con ‘Titanic’ o con ‘Terminator 2’? ¿Perdonar u olvidar? ¿Jon Snow o Khaleesi? ¿Dumbledore o Gandalf? Una cosa tan sencilla que a la gente le volvió loca.

LO PEOR

Los precios

El Bilbao BBK Live sigue teniendo una de las barras más caras de los festivales en España. Una caña, 4,50 euros; un katxi de cerveza o un combinado, 8 euros; la botella de agua, 2 euros. Al precio, había que añadir los 2,50 euros del vaso si se trataba de la primera consumición. Demasiado caro.

Bus para el camping

Los autobuses al recinto no llegan a la puerta, si no que se detienen a un kilómetro, que el festivalero ha de recorrer a pie. No supone demasiado… a no ser que cargues con una tienda de campaña, una mochila, nevera, sillas, mesa… Aunque en las primeras horas de la tarde los buses de la organización sí llegan a lo más alto de Kobetamendi, no es así el resto del día, y algunos acampados que llegaron a media tarde se encontraron con que debían cargar con sus enseres cuesta arriba, más luego llegar al camping, que no se encuentra en la entrada del recinto.

Servicio de metro, con punto positivo

Gracias al horario de verano, el viernes hubo servicio de Metro Bilbao durante toda la noche igual que el sábado. El jueves, sin embargo, solo hubo hasta las 3 de la mañana. Sí que es cierto que cubrió a una gran parte del público que decidió bajar de la campa justo después de los cabezas de cartel Depeche Mode. Pero quien se quedó hasta más tarde (incluso solo para Justice, cocabezas de la noche, que acababan justo a las 3 de la mañana), tuvo que volver a casa a pie o en taxi, para los que había que esperar una larga cola debido a la gran demanda.

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