Los festivaleros más sibaritas

Seguidores de Depeche Mode, como Richard Saura (en el centro) y María Ponce (a la derecha), hacen guardia en el Carlton./Borja Agudo
Seguidores de Depeche Mode, como Richard Saura (en el centro) y María Ponce (a la derecha), hacen guardia en el Carlton. / Borja Agudo

Extranjeros mayores de 35 años reponen fuerzas entre conciertos en hoteles de cinco estrellas y restaurantes Michelin

RAMÓN ALBERTUS

«¿Si aquí se hospedan festivaleros?. Y también los que no lo son, como Depeche Mode que andan por ahí», indican en la recepción del Hotel Carlton. Encima del mostrador hay tres pasaportes irlandeses. Dos de ellos tienen un nombre impronunciable (Padraig y Darogh), el otro es de Eric. Parece que los tres jóvenes han confundido el vestíbulo con el camping de Kobetas. Visten pantalón de camuflaje y chanclas. «Nos alojamos aquí, vamos a ver a Primal Scream y Die Antwoord».

No son los únicos que entre las opciones disponibles -desde el camping de Kobetamendi hasta los denostados pisos turísticos- han elegido alojarse en un hotel de cinco estrellas. El perfil de los festivaleros más sibaritas es el de un extranjero de clase media-alta, de entre 35 y 45 años, según la información facilitada por hoteles y restaurantes.

En el Carlton, la ocupación es «parecida» a la de años anteriores. En el Meliá, «tres de cada diez clientes en estas fechas vienen por el BBK Live», explica Juan López-Dafonte, el director de calidad. Aun así, considera que en Bilbao «no hay un cliente de alto standing como pasa en otros festivales europeos». Los que quieren recuperar fuerzas en habitaciones en hoteles de cinco estrellas eligen las más baratas. Este año, además, las reservas «se han hecho con menos antelación». Así como otros alojamientos achacan la menor ocupación a la competencia de los pisos turísticos, los hoteles de lujo creen que la demanda se resiente por la coincidencia de fechas con el festival madrileño Madcool.

Un centenar de seguidores de Depeche Mode se concentraron ayer a las puertas del Carlton

La ruta de cualquier sibarita que se precie -y más en una meca del turismo gastronómico- pasa por los mejores restaurantes. En el Etxanobe, por ejemplo, han notado un aumento de reservas con motivo del Bilbao BBK Live. «Se incrementan las reservas en torno al 10 o el 15% respecto a cualquier otra semana de verano», explican. Identificar al festivalero en la mesa es sencillo. «Llega gente con pulseras y comentan los conciertos del día anterior», rasgos comunes a los 100.000 asistentes. El público del BBK Live también se hace notar en el restaurante Mina, que luce su estrella Michelin en el muelle de Marzana. Como apunta la encargada de reservas, «viene sobre todo gente de fuera, y algunos incluso repiten de un año para otro».

A la entrada de los hoteles de más categoría también hay fans que se han gastado lo suyo. Sobre todo en conciertos. Richard Saura (51 años, de Cartagena) ha visto «unas treinta veces» a Depeche Mode. Es el «seguidor número uno» del grupo británico y «vigilante de seguridad», en ese orden. Se obsesionó con hacerse una foto con la banda hasta el punto de que «tenía pesadillas». Su amiga María Ponce ha perdido la cuenta de los conciertos de sus ídolos en los que ha estado. Normal que ellos dos fueran los primeros entre el centenar de fans que ayer se agolparon a las puertas del Carlton. Como Rosa Antón (49 años, de Alicante) que los vio tocar por primera vez el jueves. «Ha sido un regalo de mi marido», de los que no se olvidan. Los fieles seguidores de DM esperaron dos horas, y la banda tardó apenas dos segundos en subir a la furgoneta.

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