Two Door Cinema Club: bailando bajo la lluvia

Two Door Cinema Club, este sábado por la noche en el BBK Live./Efe
Two Door Cinema Club, este sábado por la noche en el BBK Live. / Efe

Un chaparrón anima y no desluce la actuación de los irlandeses, ante un público ya arriba tras el loco espectáculo de !!! y las ‘buenas vibraciones’ de Brian Wilson

EIDER BURGOS

No hay BBK Live sin chaparrón. Este año se ha hecho de rogar y no ha sido hasta Two Door Cinema Club que los festivaleros no se han visto realmente empapados a ritmo de indie (lo de ayer con The Killers quedó en sirimiri). Lejos de provocar una estampida, la lluvia terminó de levantar a un público que venía ya con el baile subido.

De eso se encargó justo antes !!! (transcrito como ‘chk, chk, chk’ y pronunciado como ‘chic, chic, chic’), un loco espectáculo que no dejó a nadie en su sitio, liderado por Nic Offer y sus clásicos pantalones cortos (alguien del público le lanzó unos de repuesto; no le venían mal, a la vista de los sudados que acabaron los suyos). Los de Sacramento ofrecieron un auténtico ‘show’ rompepistas, en el que pasaron más tiempo literalmente entre el público (Offer se subió a hombros de los fans, tomó sus gorras y a uno incluso le pasó una nota sospechosa) que en el escenario. “Estamos muy lejos. Coge y mete a unos cuantos tras la valla”, le pedía el artista a un segurata.

Aunque no vinieron acompañados de la orquesta de viento con la que acostumbraban a actuar hace años (y que tan bien les quedaba), sí que contaron con voz femenina y soul. Juntos a Offer, formaron una loca pareja de baile tremendamente contagiosa; más ella, con una capacidad memorable de resistencia entre demenciales movimientos y el cante. Redondo hubiese sido ya que tocasen ‘Bam City’ con su breve alusión a Bilbao.

Muy diferente fue el ambiente que se vivió una hora antes en el escenario principal con Brian Wilson, que salía al escenario acompañado del brazo por uno de sus músicos. El líder de los Beach Boys, de ya 75 años, llegaba a Kobetamendi a rememorar el disco más mítico de la banda, el ‘Pet Sounds’, denostado en el momento de su lanzamiento (el pop barroco aún no colaba en 1966) pero que el tiempo ha acabado erigiendo como uno de los mejores álbumes de la historia del rock.

Si bien grandísimos éxitos como ‘Wouldn’t It Be Nice’ o ‘Good Vibrations’ al acabar levantaron al respetable a bailar una suerte de pop surfero, la imagen de Wilson tras un piano, serio, sin apenas cantar (ya lo hacían los múltiples coros que lo acompañaban), sin apenas moverse, bajaba los ánimos. Casi parecía que la voz de los californianos viniese a Bilbao solo a dar el nombre, pero no el cuerpo. Al terminar, y tras una reverencia, Wilson se retiró de nuevo del brazo de un compañero.

Ya caída la noche, Two Door Cinema Club remontó los ánimos con su indie pop bailable. Presentaban en Bilbao su nuevo disco, ‘Gameshow’, según ellos, “el más disfrutable de su discografía”. Y es posible que estén en lo cierto, pues aunque la mayor parte del público solo supo corear las canciones de toda la vida (‘Something Good Can Work’, ‘I Can Talk’, ‘What You Know’...), las nuevas agitaron tanto con lS de siempre aunque resultasen desconocidas.

El momento más emocionante vino al final, no por el repertorio, sino por el cielo: ese que todo el día llevaba amenazando con descargarse, gris y congestionado. Primero un pequeño chaparrón, que con el viento fue deslizándose de izquierda a derecha del escenario y amainó rápido. Y de repente, un segundo más fuerte e intenso, que lejos de provocar una estampida, solo consiguió que la gente bailase con más fuerza bajo la lluvia. Con chubasquero o sin él, pero al ritmo de un indie desenfrenado.

El suelo, ahora embarrado, recuerda a una suerte de Glastonbury para recibir a Primal Scream y el frenesí ravero de Die Antwoord. Si el diluvio no es un problema para los niños bien vestidos de Two Door Cinema Club, imagine lo que les importa a Ninja y Yo-landi Vi$$er.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos