Coque se ha hecho mayor

Coque Malla.
Coque Malla. / EFE

La tercera delicatesen del viernes la sirvió el madrileño Coque Malla, en un «Corto pero intenso» donde recitó teatral y logró dos hitos con títulos de Los Ronaldos

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

La tercera delicatesen de la segunda jornada del 12º BBK Live la sirvió Coque Malla, ex Los Ronaldos, pasada la medianoche del viernes en el escenario Matusalem, el pequeño, el más cercano, el más íntimo. Era la tercer vez que le veíamos divulgando su disco ‘El último hombre en la Tierra’ (2016), y las tres han sido muy distintas. La segunda, en la Sala Stage Live, resultó de lo mejor del año pasado, y esta tercera ha sido de lo mejor del festival BBK. La lluvia dejó de incordiar cuando salieron sus cuatro escuderos vestidos con americanas y, en último lugar apareció el propio Coque, con chaleco y sin chaqueta, concentrando la ovación. Un espectador le gritó «divino, divertido», nada más verle.

Fue un show templado, contenido, cool y controlador (de los ritmos, de los ambientes, del público, de la noche…) de 12 canciones en 62 minutos. Coque, que se ha hecho mayor, cantó muy bien (ya siempre canta bien), recitó teatral (‘Quiero volverte a ver’ cual híbrido de Jorge Drexler y Miguel Ríos, o ‘La carta’, que hiciera colaborando con su madre, la difunta actriz Amparo Valle), tocó la guitarra luciéndose en los punteos (poniéndose delante del escenario en ‘Cachorro de león’, dedicada a su hermano Miguel Malla), y ofició sintiéndose inspirado y agigantándose en el amplio espacio noctívago al aire libre. Paradójicamente, nos suministró numerosos lentos y medios tiempos en los que resonó a Ron Sexsmith (a The Divine Comedy diría él: la inaugural ‘La señal’, esa que dice «sinceramenteeee», la según él tormentosa ‘Me dejó marchar’) y en los que se miró en los mayores Nick Lowe (‘Lo hago por ti’, la de «bajé la guardia una vez más») y Elvis Costello (la última pieza, ‘Hasta el final’, antes de la cual Coque dijo en plan Bunbury: «Ha sido un placer contar con ustedes, ha sido corto pero intenso»).

Además, Coque Malla se reinventó con mucho soul y también con algo de indie pop (la redonda ‘Berlín’), pero también roqueó seguro de sí mismo, jactancioso incluso («agarraos, que vienen curvas», advirtió en su primer parlamento), por ejemplo en el piano blues creciente hacia los coros soul de ‘Escúchame’, o en el rock and blues teatralizado entre los australes Beast Of Bourbon y Tom Waits ‘Todo el mundo arde’ (donde se puso a bailar abstraído). Y Coque consiguió la mayor respuesta del público en los dos temas recuperados de Los Ronaldos: ‘Quiero que estemos pegados’, con sus riffs stonianos dotados de la frescura de Los Rodríguez y sonando mejor que Burning («me vais a permitir una breve pero intensa mirada al retrovisor del pasado», introdujo el madrileño de Coque) y una fronteriza ‘No puedo vivir sin ti’, coreadísima por todas las damas presentes… y numerosos caballeros. Coque, que tiene 46-47 años según la fuente, se ha hecho mayor… y lo disfrutamos más que nunca.

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