Bowie Absoluto

El grupo durnte el tributo a David Bowie.
El grupo durnte el tributo a David Bowie. / FERNANDO GÓMEZ

Óscar Cubillo
ÓSCAR CUBILLO

El concierto inaugural del 12º BBK Live, el que tradicionalmente se celebra en la Gran Vía bilbaína (con las puertas abiertas y la calle cerrada), el que se califica de ‘concierto sorpresa’ y suele estar reservado a un grupo tributo, lo protagonizó el jueves a la 1.30 del mediodía el quinteto basado en Londres Absolute Bowie, adorador del difunto David Bowie (Londres 1947, Nueva York 2016) y liderado por John O’Neill, un sosías del Duque Blanco que lució peluquín rubio y que vistió como hacía el dandy David Robert Jones en los 80, cuando lanzó su disco ‘Let’s Dance’ (1983), que elegía pantalones de pinzas. No en vano, de los 14 grandes éxitos que sonaron en los 71 minutos de su show, tres pertenecen a ese álbum. Además, ‘Absolute Beginners’ es el título de una película de Julian Temple de 1986 menos famosa que el single homónimo, un éxito de Bowie.

Absolute Bowie actuaron enfrente de la Sala BBK, sobre un escenario pequeño y bajo colocado entre un árbol y una farola, bastante a resguardo de paseantes (nada más empezar, una señora que huía del volumen atronador tropezó con el protector de los cables y se dio un gran golpe) y rodeados por un público transversal con melómanos que habían recogido ya su abono para el festival en la larga cola que se introducía en la Sala BBK, hípster varios, aficionados locales reconocibles, el ex lehendakari Patxi López y numerosas familias (La Reina destacando con sus tres príncipes rubios: Ray, Mara y Edur, éste con sus ricitos de oro, sus dos primaveras y su camiseta de los Ramones).

En ese ambiente soleado, el show inaugural ruló exento de parafernalia y optó por el acercamiento roquista al repertorio de Bowie (en plan Las Arañas de Marte, su grupo de los 70, con mucha guitarra a cargo del tatuado Chris Buratti en el papel de Mick Ronson) y por la eliminación del atrezzo y de los cambios de vestuario. Se creó un ambiente matutino, luminoso, sereno y transversal como el de las fiestas de Gante. Sólo se echaba de menos una barra, pero algunos trajeron latas de cerveza.

Absolute Bowie suenan sin alharacas y llevan ocho años girando por toda Europa (dicen ellos). Les interesa el Bowie hasta el final de los 80 (no hicieron ninguna versión de su disco póstumo, ‘Blackstar’) y están al servicio de su flaco líder, quien seguro se ha creído reencarnado por el personaje. Entre la apertura con un ‘Space Oddity’ muy bien ambientado y el cierre con un ‘Heroes’ flotante hasta lo velvetiano, muchos más éxitos reconocibles con sonido homogéneo cupieron en el listado del quinteto. En ‘Modern Love’ John O’Neill bailó como un maniquí y soltó un guiño simpático a uno que hacía fotos de móvil cerca del escenario, el cénit de la cita lo puso el ‘Suffragette City’ urgente («¡cómo me pone esta canción macho!, qué locura», comentó a un colega un heterosexual que llevaba a su hijo a hombros), ‘Changes’ fue coreado con el tartamudeo por numerosos presentes, ‘China Girl’ brilló por obsesiva, en la teatral ‘Ashes To Ashes’ el sosías de Bowie bailó robótico con alma de metal, en la muy filmada por los móviles ‘Starman’ pidió y consiguió palmas y coros beatlenianos lalalás, y por el final muy bien les quedaron ‘Let’s Dance’ y ‘Rebel Rebel’ («seguro que hay muchos rebeldes aquí», halagó John O’Neill, que después se despidió avanzando que volverían en septiembre). Absolute Bowie estarán en Dibertigarria el sábado 16 de septiembre en la explanada del Museo marítimo.

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