«¡Por fin vamos a ver a Depeche Mode!»

«¡Por fin vamos a ver a Depeche Mode!»
IGNACIO PÉREZ

Los festivaleros han entrado a la carrera, literalmente. Para coger sitio, ir al baño o aprovisionarse de cerveza, aunque está a 4,20... Ya ruge el BBK Live

Yolanda Veiga
YOLANDA VEIGA

Le viene bien el festival al mito de que en Bilbao hacemos las cosas a lo grande. Porque el BBK Live es algo enorme. Un par de datos llamativos: va a venir tanta gente como habitantes tiene Orense y si se pusieran en fila podrían llegar de Bilbao a Ermua. Y una anécdota para ilustrar la magnitud de la cita: Courtney Wilson llega de las antípodas, más de 15.000 kilómetros desde Australia con escala de cuatro días en Viena. Pasadas las tres de la tarde hacía cola con su amiga Juliana Rossi, americana de 19. Visita de médico porque mañana vuelan a Suiza -aún así les ha dado tiempo de ir a la playa y de acercarse a ver el Guggenheim «y la araña»-. Oficialmente eran las primeras en la cola aunque un fan de Depeche Mode de Cartagena les ganó la carrera cuando abrieron las puertas, con un poco de retraso pasadas las cinco y cuarto de la tarde.

Otra (fan) de Valencia, Marta López. «Vengo sola, exclusivamente a verles. Compré la entrada en marzo sin saber si quiera si podría venir y aquí estoy, por fin voy a verles. Mañana a las ocho de la mañana me vuelvo a casa». Entra corriendo al recinto, literalmente. «Antes de nada hay que ir al baño, jaja». Luego a hacerse con algo de merchandasing de recuerdo -«me han dicho que hay vasos del BBK Live»- y a comer algo: «No he probado bocado desde las doce».

La oferta gastronómica del festival, todo lo variada que suele ser en estas citas: desde los perritos caliente con cebolla crujiente y mostaza que despacha Carlos a 4 los normales y 5 euros los XXL -«hemos traído tres mil, pinta bien así que esperamos venderlos todos»-, a las hamburguesas ecológicas de quinoa -5 euros-, pizzas de carne con salchicas o champiñón -ambas a 9 euros- o los sugerentes crepes que preparan los barceloneses Javi, María y Aina con nombre 'musical': 'soul' de chocolate negro, 'tango' de dulce de leche, 'rock and roll' de jamón y queso', 'punk' de queso y orégano... «El año pasado estuvimos en un festival parecido a éste en Madrid, pero nos han hablado bien de Bilbao. Confiamos en vender unos dos mil crepes».

June, Nahia, Itoitz, Jenn, Garazi y Raquel, una cuadrilla de Arrigorriaga y Basauri. Abajo, los británicos Amanda y Steven, y Marta López, que ha venido desde Valencia para ver a Depeche Mode. / Y. VEIGA

Para acompañar y entretener la espera mientras los grupos ultimaban los ensayos y los primeros empezaban a tocar -estrenaban Baldo a las cinco de la tarde en el escenario 'Basoa'- jóvenes contratados por una marca de cerveza ofrecían «zuritos cero cero», aunque el tamaño no pasaba de chupito. La caña es normal (de tamaño) pero en la primera barra la venden a ¡4,20! y a 8 el katxi y los combinados. A unos metros, un foodtruck tiene la cerveza a 3.

Stand de preservativos y de champú

El impacto del festival dicen que equivale al sueldo de un año de Messi -casi 20 millones de euros- y Nerea y Denis, que llegan in extremis cargadas con un carrito con el trípode y la cámara... -son redactoras de una revista de música de Madrid-, dicen que la cita es musical, pero también «muy publicitaria». Y es que antes de encontrar el primer escenario hay un stand donde venden ron, una vermutería, un puesto de una marca de preservativos (media docena de chavales ataviados con ropa de la marca se encargan de explicar las virtudes del producto al personal, que está a otras cosas), otro de una marca de patatas fritas y hasta uno de champús de colores.

Mucho negocio, aunque nadie saca la cartera. En el festival no hay dinero físico y todo se compra con una pulsera monedero que se recarga. Treinta euros le han metido Marta y Erika, amigas donostiarras que acuden también al reclamo de Depeche Mode (22.40 horas en el escenario 'Bilbao'). «Anda que nos ha costado llegar... Hemos cogido el autobús que pasa por los pueblos y luego toca subir hasta Kobetas, claro». Habían llegado en autobús, como casi todos los festivaleros. «La mañana, desde luego, no ha estado muy animada», contaba un taxista. Este fin de semana les toca trabajar «a los pares», así que habrá en torno a 400 en todo Bilbao. Marta y Erika cogerán uno a la vuelta porque no van a hacer noche en la ciudad, directas al autobús de vuelta a casa. «Es que mañana hay que trabajar», y 'brindan' por hoy: vodka con limón, más de dos litros calculando a ojo.

- ¿Cuál es el kit básico del festivalero?

- Muchos kleenex, DNI, gafas de sol, desodorante y un poncho por si llueve.

Javi y María confían en vender este fin de semana «dos mil crepes».
Javi y María confían en vender este fin de semana «dos mil crepes». / Y. VEIGA

Hoy igual tienen suerte. Al arranque del festival le ha acompañado un tiempo benévolo, veintitantos grados sin sol. Otra cosa será mañana... Pero mañana está muy lejos. O eso les parece a June, Nahia, Itoitz, Jenn, Garazi, y Raquel, amigas de Arrigorriaga y Basauri, felices con la salida. «Venimos a ver a The 1975, nunca les hemos visto porque siempre anuncian fecha y luego cancelan». Alguna viene para un día -55 euros- y otras para los tres -110-. «Hemos tirado de pagas para poder pagar la entrada». Y otro pico para llenar la pulsera: entre 10 y 60 euros.

Hasta alojándose en el Carlton les parece «económico» el festival a Amanda y Steven, británicos de 55 y 53 años. «Venimos a ver a Depeche Mode a Bilbao porque sale más barato que ir a verles a Londres». Él ya conocía Bilbao, pero para ella es la primera vez. «Me ha gustado mucho el Casco Viejo, es una ciudad con mucha historia».

Y repetían Pablo Ruiz Arenas y su primo Iván, de Oviedo. Se alojan en el camping que se ha habilitado a unos tres kilómetros del recinto: 10 euros por acceder, más la entrada al BBK Live y lo que gasten. «De 200 euros para arriba, y eso tirando de comida de supervivencia». Fueron también de los primeros en entrar, que querían coger sitio para ver a Cage The Elephant (20.20 horas). «Ya estuvimos el año pasado y nos gusta este festival. Es cómodo, está bien organizado y dentro no te encuentras apelotonamientos».

Como mucho te atropella alguna cuadrilla que llega tarde a un concierto. «¡Vengaaaaaaaa!». ¿Y esas prisas». «Llevamos esperando fuera desde las tres y media y queremos la primera fila para ver a The 1975». Lo cuenta Natalia, de Bilbao, a la carrera, pero faltan ¡cuatro horas para el concierto.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos