El Correo

Las mujeres de rojo

Apenas acaba de arrancar la campaña pero cualquiera diría que llevamos dos o tres siglos en ella. Llegan los candidatos al debate electoral en EL CORREO con la lección más que aprendida, casi recitada. Es lo que tiene estar con la octavilla en ristre desde hace nueve meses, que las campañas, y los debates, se asemejan cada vez más a una robótica cadena de montaje que a algo vivo y espontáneo. Mientras los candidatos toman asiento, cierro los ojos para concentrarme y hago un ejercicio mental: podría repetir los argumentarios de todos sin desviarme de las ideas fuerza. A estas alturas, un bebé habría venido ya al mundo pero en España seguimos sin Gobierno. Pero esto es Euskadi. El 25-S. Arriba el telón.

La mesa ha ganado en colorido –y en igualdad– desde el último coloquio organizado en la sede del periódico. Entonces, solo había hombres. Ahora, hay dos candidatas, las dos con chaqueta en la gama del rojo. Un color que transmite, ojo, fuerza y seguridad en sí mismas. Una, Idoia Mendia, aspirante a lehendakari, la única en puridad que ha aceptado el reto de EL CORREO. La otra, Miren Larrion, también ‘primera espada’ tras la definitiva inhabilitación de Arnaldo Otegi, aunque en su caso el liderazgo es colegiado. «Nosotros no tenemos problema, somos tres». La alavesa tercia así entre el intercambio entre los dos últimos responsables de la cartera vasca de Justicia. Mendia ironiza con el papel de polemista que el PNV ha asignado a Erkoreka en campaña. Larrion le dice que «apunta maneras» como candidato a lehendakari, quizás acordándose de que pudo serlo un día.

Casi se agradece que se encienda el piloto rojo, oigan. Qué momento. Los candidatos no han tocado los termos de café. Quizá por eso arrancan pelín funcionariales. A Erkoreka y Damborenea se les nota que son oradores parlamentarios por vocación. Vuelvo a cerrar los ojos, esta vez mentalmente, y me parece visualizar la tribuna. Pero la cosa se anima. Todos exigen el turno «por alusiones». De Miguel les llama a todos ‘ciudadanos’. Mi compañera Marta Madruga mira el reloj. Yo la miro a ella, como pidiendo socorro. Si les dejamos, nos quedamos aquí hasta diciembre. Hasta las terceras generales.