El viento rola

Un momento de la comparecencia de las autoridades del Banco Central Europeo, ayer en la capital letona, Riga./Reuters
Un momento de la comparecencia de las autoridades del Banco Central Europeo, ayer en la capital letona, Riga. / Reuters
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El Banco Central Europeo no decretó ayer el fin de fiesta de la política monetaria, pero sí le puso fecha de caducidad. De momento todo va a seguir igual hasta después del verano, es decir se mantendrán las compras de deuda por importe de 30.000 millones de euros netos mensuales. Calderilla… Pero la evolución del crecimiento, los salarios y, en especial, de la inflación, permitirán que, a partir de entonces, se reduzca a la mitad el volumen de compras, lo que dificultará la colocación de las emisiones que hasta ahora han sido muy sencillas gracias al respaldo del voraz apetito comprador de la institución.

Este primer paso es muy importante, pero viene acompañado de otras dos decisiones que modulan el anuncio y lo dulcifican para que nadie se asuste. Por un lado, se reinvertirán los vencimientos de la deuda antigua en nuevas emisiones de deuda y, en segundo lugar, se mantiene el nivel de los actuales tipos de interés (inexistentes) hasta el verano de 2019.

Es decir, el BCE envía por un lado un mensaje de que la política monetaria va a cambiar y por otro, garantiza que lo hará de manera lenta y con anuncios previos, para que todos los agentes puedan adaptarse a las condiciones venideras que deberán de ser, necesariamente, más normales. Lo que equivale a decir que los tipos serán más elevados. Con esta manera de hacer las cosas, los deudores razonables podrán prepararse para evitar sufrimientos y los deudores exuberantes -es decir, los Estados y algunas grandes corporaciones- deberán hacérselo mirar pues se verán abocados a reducir el volumen de lo que deben o a asumir un coste importante por el pago de intereses de lo debido.

Hemos vivido una época de política monetaria muy anormal, dirigida a paliar los efectos de la crisis y conseguir reanimar una economía, como la europea, que estaba apagada y mortecina. Pero esto de los tipos de interés negativos es algo que no se enseñaba en la Universidad y que presenta dificultades para entenderlo, dado que es completamente antiintuitivo. Si pides dinero prestado, lo lógico es que pagues, no que, encima, cobres por ello. Y si prestas dinero, lo lógico es que cobres por ello y no que pagues. Pero en esas nos hemos visto y en algunos supuestos, nos vemos aún.

Conclusión, si siempre ha sido conveniente el ejercicio de la prudencia a la hora de mantener un nivel de endeudamiento conservador y asumir sus costes, en adelante será aun más necesario acomodar los gastos a los ingresos. Los de todos, las personas, las familias, las empresas y… el Estado. A estos les va a costar un mundo abandonar su despreocupación y se enfrentarán al difícil dilema político de determinar qué gastos eliminan para dedicar ese dinero al pago de unos mayores intereses. Salvo que la economía siga con un ritmo de crecimiento elevado y proporcione los recursos necesarios para engrasar la máquina del gasto. Algo que, desgraciadamente, nadie puede garantizar.

Temas

Paro

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos