Trump se muestra abierto a no imponer aranceles al acero procedente de Europa

Donald Trump, rodeado ayer de trabajadores del metal, tras firmar la imposición de aranceles./AFP
Donald Trump, rodeado ayer de trabajadores del metal, tras firmar la imposición de aranceles. / AFP

Abre una negociación bilateral durante 15 días condicionada a facturas de Defensa y a la reducción de trabas a la exportación de EE UU

Manu Alvarez
MANU ALVAREZ

El presidente norteamericano, Donald Trump, firmó ayer la orden que permite la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio en el país -el 25% y el 10% de impuesto adicional, respectivamente-, pero abrió un ‘tiempo muerto’ de quince días. Un periodo en el que se producirá una negociación bilateral con todos los países -excepto México y Canadá, para los que ha reservado un escenario diferente- y que ha condicionado a un acuerdo «limpio» en dos niveles: la participación en el gasto militar y la reciprocidad en la eliminación de trabas comerciales. El primer capítulo, el de la factura de Defensa, parece ir dirigido a la negociación con la Unión Europea; mientras que el segundo, el de las limitaciones al comercio, es el punto de fricción que ha preparado para frenar la entrada de productos que, como es el caso de China, invaden el mercado norteamericano de productos metalúrgicos.

Para el sector siderúrgico vasco, que vigila de cerca los movimientos de la Casa Blanca en las últimas semanas, el paso dado ayer por Trump supone un ligero alivio. En la práctica, las condiciones impuestas por el presidente norteamericano para dejar sin efecto sus medidas proteccionistas, suponen una puerta abierta. En el caso de la firma alavesa Tubos Reunidos, fabricante de tubos sin soldadura y con una plantilla de 1.500 trabajadores, el resultado de este periodo de negociación entre la UE y el Gobierno norteamericano es vital para su subsistencia. Y ello porque aproximadamente el 46% de sus ventas proceden de la exportación de su tubos a EE UU, donde son sometidos a un proceso de acabado en una filial que adquirieron en el verano de 2016.

Los productos de acero y aluminio de México y Canadá quedan provisionalmente fuera de esta amenaza de nuevos aranceles, a la espera de que se sustancie la renegociación del acuerdo Nafta. Si esa negociación termina mal, advirtió Trump, los dos países sufrirán también la imposición de las tasas.

Rodeado de obreros

Trump aderezó ayer la presentación de su ‘espada de Damocles’ arancelaria con un discurso en uno de los salones de la Casa Blanca acompañado del vicepresidente, Mike Pence, y de varios trabajadores del sector siderúrgico nacional. El dirigente republicano pidió a varios de ellos que tomasen la palabra, precisamente para evidenciar que el sector ha perdido miles de puestos de trabajo en la última década y que se encuentra en un bajo nivel de producción. El presidente norteamericano aseguró que la industria del acero de Estados Unidos tan sólo produce el 72% de lo que es capaz de fabricar -las importaciones impiden mejorar esa tasa-, y que su objetivo es elevarlo al menos hasta el 80%. En el caso del sector del aluminio la situación es incluso peor, ya que las fábricas del país tan sólo trabajan al 34% de capacidad.

En su discurso quedó claro que el principal objetivo del proteccionismo que impulsa Trump es poner freno al desequilibrio comercial con China. «Cuando un automóvil suyo entra en Estados Unidos -dijo- debe pagar un 2,5% de arancel. Cuando intentamos vender allí un automóvil nuestro nos penalizan con un 25%. Esto no puede seguir así», advirtió.

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