Comerse el bocadillo no es trabajar

Dos trabajadoras del Palacio de Justicia de Durango, durante un momento de descanso. / Maika Salguero

El Supremo respalda el derecho de una empresa de dejar de considerar el descanso como trabajo efectivo

Luis López
LUIS LÓPEZ

Seis horas seguidas trabajando son difíciles de soportar, y por eso la gente tiene derecho a tomar oxígeno durante un rato entre medias. Es la hora del bocadillo. Y no es ningún capricho, sino un derecho recogido en el Estatuto de los Trabajadores. «Siempre que la duración de la jornada diaria continuada exceda de seis horas, deberá establecerse un periodo de descanso durante la misma de duración no inferior a quince minutos», proclama el artículo 34.4. Lo que no dice la norma es que ese tiempo deba ser obligatoriamente considerado como trabajo efectivo. En caso de que los convenios colectivos o los contratos de trabajo lo recojan expresamente, sí. Si no, no. Y en este último caso lo que debe hacer el trabajador es ampliar su jornada durante el mismo tiempo que ha durado el descanso.

Las cosas están bastante claras, pero a menudo este asunto es objeto de controversia por las particulares situaciones que se dan en cada caso concreto. Por ejemplo, este mismo año llegó al Tribunal Supremo un conflicto en una residencia vizcaína a cuenta de un cambio de convenio que reconocía el derecho a los trabajadores contratados antes de 2005, pero no a los que hubiesen llegado posteriormente. Una conculcación del derecho de igualdad reconocido en primera instancia de la que no conoció el Supremo, porque inadmitió la demanda a trámite para unificación de doctrina.

Donde sí ha entrado el alto tribunal es en el caso de la empresa Zumos Valencianos del Mediterráneo, que ayer divulgaron las agencias 'Efe' y 'Europa Press'. Desde que inició su actividad, en abril de 2007, la firma computaba como trabajados 7,5 minutos de los 15 que sus empleados dedicaban al bocadillo, atendiendo a la «recomendación» prevista en el convenio colectivo. Es decir, se trataba de una especie de gracia.

Modificación sustancial

En 2014, cuando tocó fijar el calendario laboral con los sindicatos, no hubo acuerdo: los trabajadores querían mantener la situación existente hasta el momento, mientras la empresa pretendía que esos 7,5 minutos no computasen como trabajados. Eso sí, tomando en cuenta que eso suponía un exceso de jornada de 6,75 horas, se daba a los empleados afectados la posibilidad de disfrutar de ese tiempo cuando estimasen conveniente, previa comunicación y aceptación por el 'patrón'.

«Simplemente, el empresario ha cesado en su tolerancia», dicen los magistrados

El Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana entendió que se trataba de un incremento unilateral de la jornada, por lo que la empresa debería haber acudido al proceso que establece el artículo 41 del Estatuto sobre modificación sustancial de condiciones de trabajo.

Pero ahora el Supremo dice que no. «No es que el empresario haya procedido a una modificación sustancial de las condiciones de trabajo de las que disfrutaba el trabajador, sino que las horas anuales no se han modificado; simplemente el empresario ha cesado en su tolerancia de considerar tiempo de trabajo los 7,5 minutos diarios de descanso para bocadillo», zanjan los magistrados.

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