Los trabajadores de Productos Tubulares llevan hasta Barakaldo su apoyo a la acería

La marea naranja que conforman los empleados en huelga de Productos Tubulares, antes de enfilar hacia el casco urbano de Barakaldo. /Borja Agudo
La marea naranja que conforman los empleados en huelga de Productos Tubulares, antes de enfilar hacia el casco urbano de Barakaldo. / Borja Agudo

Protagonizaron ayer el tercer día seguido de protestas contra el despido de 157 empleados y el cierre de la factoría de Sestao, donde arrancó la marcha

SERGIO LLAMAS

Cientos de trabajadores de la empresa Productos Tubulares, en huelga indefinida desde el 8 de marzo, marcharon ayer a mediodía desde Sestao hasta la Herriko Plaza de Barakaldo, con el fin de expresar su rechazo al plan de ajuste propuesto por la compañía. La marea humana dijo 'no' a las medidas que incluyen el despido de más de un tercio de los empleados (157 de los 418 que conforman la plantilla), un recorte salarial del 25%, el aumento en 24 horas anuales de la jornada laboral y el cierre de la acería -de donde partió la protesta- que suministra a la planta ubicada en Trapagaran. «Sin la acería estamos muertos», habían escrito sobre un ataúd que un grupo de operarios llevó a la cabeza de la manifestación.

El comité de empresa preparará mañana un nuevo listado de movilizaciones. El martes tendrán otra reunión de la comisión negociadora, la tercera desde el 4 de abril. «Esperamos que lleven la documentación que hemos exigido y que participen las personas que hemos solicitado: el director del área financiera y el de la acería», advirtió su portavoz, Unai Anillo. El representante de los trabajadores pidió ver el 'Plan Transforma 360º', orientado a la mejora de los procesos productivos y la reducción de costes en materias primas para Productos Tubulares, citado por la consejera de Desarrollo Económico e Infraestructuras del Gobierno vasco, Arantxa Tapia.

El colectivo también se dirigió a la consejera con la lectura de su manifiesto. «Señora Tapia, nuestra empresa es viable y rentable, tan solo lastrada por los más de 170 millones de euros que se han repartido en forma de dividendos y que ahora hay que pagar», denunciaron. Además interpelaron al BBVA, como principal accionista, y al presidente de Tubos Reunidos, grupo titular de la planta, Guillermo Ulacia. «No hace tantos años los dirigentes de Tubos Reunidos señalaban a Productos Tubulares como el Ferrari del grupo por su capacidad de fabricación, por el buen hacer de sus trabajadores y unos tubos inoxidables excelentes. Ahora nos quieren aplicar un expediente salvaje. Pero que lo sepan: nos van a tener enfrente y cada día más fuertes», aseguraron.

La plantilla expresó con un ataúd su rechazo al cierre de la acería.
La plantilla expresó con un ataúd su rechazo al cierre de la acería. / B. A.

'Ni un paso atrás'

Detrás de pancartas con lemas como 'Ni un paso atrás' y 'Lucha obrera', la plantilla quiso mostrar su unión y fortaleza a pesar de las semanas transcurridas. «Yo estoy ahogado. Me levanto y me pregunto hoy qué hago, qué nos van a decir…», lamentó Ander Barba, un joven de 26 años que trabaja desde hace 5 en la planta. «Si cierran la acería, esto ya no es una empresa: se convierte en un taller, y con 157 personas menos se va a al garete», argumentó.

Josu Irazola, que lleva 27 años en la fábrica, reivindicó la actividad diaria que se ve en la planta como una muestra de su capacidad e importancia. «Todo el día están saliendo camiones. Aquí se produce y se funciona, y si entráramos a fichar ahora mismo habría trabajo para aburrir», remarcó el joven.

«Otras empresas han pasado por esto. Ahora nos toca a nosotros y solo nos queda tirar para adelante», razonaba, por su parte, otro de los manifestantes, Iñaki Martín. Él entró en la fábrica con 25 años, hace ahora una década, y ayer recordó que el mal trago se vive diferente en cada casa. «Afecta en lo familiar. Si nosotros tenemos dudas en la factoría, pues en casa sucede lo mismo. Les explicamos lo que sabemos, pero al final tenemos muchas preguntas y pocas respuestas», se dolía.

Nerea Briones lo vive desde el otro lado, como pareja de un trabajador. «Se lleva mal porque tiene que llegar dinero a casa. Ahora el único sueldo que entra es el mío. Soy trabajadora de la limpieza unas pocas horas, y hay que dar de comer a un niño», explicaba.

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