Las tareas pendientes de la economía en septiembre

Euskadi encara otoño con la negociación colectiva congelada y la reforma fiscal pendiente

JOSÉ V. MERINO

. «Vamos claramente por encima del escenario previsto». Siete palabras que, a juicio del Gobierno vasco, definen el buen momento por el que pasa la economía tras sobreponerse a una década negra. Euskadi ya logra crear más riqueza que en 2008, cuando arrancó la gran recesión, aunque lo hace con 64.000 trabajadores menos, porque el nuevo entorno laboral, el incremento de las exportaciones y el mayor tamaño hacen más competitivas a las empresas vascas. A cambio, y ese es el pero, necesitan menos personal.

El optimismo oficial se sustenta en la macroeconomía. Pero Euskadi se enfrenta este otoño a una serie de tareas pendientes que, como los malos estudiantes, han quedado para septiembre. El paro preside muchas de las preocupaciones. Hay apuntadas en Lanbide casi 131.000 personas. Son 11.000 menos que hace un año y el Ejecutivo de Urkullu cree al alcance de la mano situar la tasa por debajo del 10% el ejercicio que viene, antes de lo previsto. Pero ello no oculta que el desempleo alcanza al 30% de los jóvenes y que en este momento lo que tira del empleo es el sector servicios y no la industria, la que genera los mejores puestos. Por eso el Gobierno pretende emplearse a fondo en la reactivación de la actividad industrial.

La negociación colectiva, en realidad la falta de ella, es el segundo frente. Dos de los cuatro grandes sindicatos, LAB y Comisiones Obreras, han cambiado de líder. Una renovación que todavía no se nota, pero sobre la que algunos medios creen posible asentar un nuevo clima que se traduzca en más acuerdos y, consiguientemente, en una subida de sueldos, la gasolina necesaria para que la economía aún repunte más.

También está pendiente la reforma fiscal, cómo sacar más dinero sin agotar ni a las empresas ni a los trabajadores, un equilibrio al que se aprestan los departamentos de Hacienda de los tres territorios.

Negociación colectiva 383.000 asalariados vascos en busca de un convenio

La negociación colectiva en Euskadi es una quimera, una especie de triángulo de las Bermudas en el que todo lo que cae dentro resulta absorbido y nunca más vuelve a aparecer. Los informes del Consejo vasco de Relaciones Laborales son concluyentes: en la actualidad, el 67% de los asalariados vascos -383.000 personas- tienen sus convenios decaídos o todavía pendientes de renovar.

A nadie parece sonrojar el volumen del dato, fruto de un doble enconamiento. Por un lado, el tradicional entre patronal y sindicatos, que no es patrimonio exclusivo de Euskadi. Y ahí está, como demostración, el pacto frustrado en Madrid entre las organizaciones empresariales y las dos principales fuerzas sindicales, CC OO y UGT.

Pero el País Vasco tiene su propia idiosincrasia, al estar también enfrentados los sindicatos entre sí. Siguen agrupados en dos bloques: por un lado el abertzale, encabezado por ELA y LAB, la primera y la segunda fuerza, que forman la mayoría. Y otro, el integrado por las dos centrales nacionales, Comisiones y UGT, muy constreñidas en la comunidad autónoma pero que, a la hora de negociar convenios, sí son capaces de firmar pactos para un número relevante de trabajadores. Según los últimos informes, ambas organizaciones han suscrito acuerdos que regulan las condiciones de más asalariados que los otros dos sindicatos. Otra de las paradojas vascas.

Sueldos Un debate encarnizado sobre la subida de los salarios

Si hay un debate pendiente para cuando se retome la actividad, es el de la subida de salarios. En las semanas previas al parón estival, todas las instituciones, con los gobiernos central y vasco a la cabeza, reclamaron a los empresarios que incrementen los sueldos para, de esta manera, entrar en lo que se denomina el ‘círculo virtuoso’: más empleo, más salarios, más consumo, más demanda y, como colofón, una mejora de la economía.

Hasta ahora, las demandas han pinchado en hueso, porque la patronal, y en particular la vasca, que llegó a trasladar su malestar al propio lehendakari Urkullu, sostiene que no tiene sentido plantear subidas generalizadas cuando aún hay muchas empresas que no han levantado cabeza y la crisis se ha llevado por delante a 6.000 compañías. Sus quejas han sido eficaces: el Ejecutivo autónomo ya ha rebajado el tono para hablar de la conveniencia de que suba los sueldos únicamente quien pueda hacerlo porque le va bien.

Entre tanto cruce de declaraciones, la inflación pone a cada uno en su sitio. El último dato, el de julio, subrayó que los precios subieron en Euskadi un 23% más que el incremento salarial recogido en los convenios vascos: un 1,7% frente a un 1,38%.Un motivo más para que los sindicatos pidan una subida de sueldos, replicada por la patronal con una llamada a la moderación porque la inflación está perjudicando a la competitividad española, ya que el IPC en la zona euro es menor.

En pos del 25 % La doble cara del sector industrial:el pulmón y los agujeros negros

El Gobierno vasco se ha propuesto que la industria suponga al menos el 25% de la riqueza vasca, a sabiendas de que el empleo que crea es más sólido y de mucha mayor calidad que el de los servicios, el sector que ahora mismo soporta el repunte económico en Euskadi y que presenta su peor cara en el exceso de temporalidad y en los bajos salarios.

Pero la industria avanza a saltos. En general va bien, como lo demuestra que el índice de producción haya subido un 2,4% en el curso del primer semestre, encadenando así cuatro años consecutivos de mejoras. Aunque a veces se concentran algunos problemas que hacen ver las cosas algo más oscuras. Es lo que ha sucedido en los dos últimos meses, cuando una decena de empresas industriales -entre ellas algunas tan emblemáticas como La Naval, la antigua Fagor, Bosch o CEL- han ahondado en su particular crisis y puesto en peligro 2.000 empleos directos y otros tantos indirectos en los tres territorios de la comunidad autónoma.

Y es que todavía queda mucho por hacer. Si se toma como referencia el último ejercicio bueno antes de que se desatara la gran crisis, el de 2008, el índice de producción industrial aún está 24 puntos por debajo. Y aunque la industria crece, lo hace bastante menos que el conjunto de la economía. En este contexto de luces y sombras, llega la decisión institucional de invertir 1.225 millones de euros hasta 2020.

Impuestos A revisión el tipo general del Impuesto de Sociedades

La reforma fiscal que el Gobierno vasco y las diputaciones se han comprometido a presentar el próximo mes tiene el foco sobre el Impuesto de Sociedades, que grava los beneficios de las empresas y que en Euskadi es tres puntos más alto que en territorio común, el 28% frente al 25%. Todo apunta a que tras el agrio debate entre el Gabinete de Urkullu, que quería aumentar la presión sobre las compañías, y los ejecutivos forales -partidarios de una fiscalidad «atractiva»-, la solución pasará por hacer meros retoques. La buena marcha de los ingresos fiscales hasta julio -1.090 millones más- ha contribuido a enfriar la polémica. También ha sido un bálsamo el pacto entre Madrid y Vitoria para reformar el Concierto: permitirá a Euskadi tener como contribuyentes a 300 empresas hasta ahora bajo la órbita de la Agencia Tributaria.

Las modificaciones sobre las que se trabaja persiguen ‘dulcificar’ el tipo general del impuesto y deberán contar, además de con el consenso de las cuatro instituciones implicadas -donde cogobiernan PNV y PSE-, con el apoyo del PP, imprescindible en el caso de Álava.

La patronal y los sindicatos vigilan de cerca. Según Confebask, de las 70.000 empresas vascas sólo el 8% -las más grandes y con mayores deducciones- están mejor tratadas que en el Estado. El mayoritario ELA opina lo contrario y aboga por cargar la mano sobre las empresas para defender el Estado del Bienestar.

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