¿Reformar las reformas?

El 'cirujano' en el poder debe valorar concienzudamente el alcance de su intervención

Sede del Banco de España, en Madrid./AFP
Sede del Banco de España, en Madrid. / AFP
Manfred Nolte
MANFRED NOLTE

La economía española, cuarta de la Eurozona y decimocuarta en el ranking mundial, inició a finales de 2013 la senda de la recuperación después de un largo y penoso camino repleto de los habituales ingredientes repudiables de toda crisis: paro, déficit, endeudamiento, desigualdad, incertidumbre y desánimo extendido entre amplias capas de la sociedad. A partir de entonces ha encadenado cuatro años consecutivos de crecimiento del PIB a ritmos promedios del 3% anual y, en igual medida y periodo, reducciones sucesivas del desempleo. Los primeros cinco meses de 2018 ratifican esta esperanzadora trayectoria.

Desde la perspectiva actual es fácil obtener entre analistas y académicos un consenso acerca del paquete de medidas y circunstancias que favorecieron, y aun causaron, la recuperación matizada de la que somos testigos en la actualidad. Ninguna de ellas fue más importante que las demás y en su conjunto comparten el mérito de haber sacado al país de la sima de una crisis sin precedentes. Me refiero a las políticas de estímulo fiscal y monetario, a la devaluación interna producida en el país, a las reformas de oferta adoptadas por los sucesivos gobiernos de la nación y a otras circunstancias externas conocidas popularmente como 'vientos de cola'.

Entre las de oferta destaca la reforma bancaria que afectó a 42 de las 45 entidades financieras existentes a finales de 2007. También la consolidación presupuestaria que recondujo el estratosférico déficit del 11% registrado en 2009 al 3,1% en 2017, y si no hay volantazos en el camino, al 2,2% a finales de este año. Estructurales -aunque vacilantes e insuficientes- han sido las modificaciones introducidas en el ámbito de las pensiones y la reforma laboral. Junto a ellas se alinean una larga lista de cambios como la ley de insolvencias, la reforma de las administraciones públicas, la de mercados, servicios y mercado único, la fiscal, la ley de segunda oportunidad y otras menos significativas.

Dejando de lado la bomba de las pensiones, que inexcusablemente deberá consensuarse de forma mayoritaria en el marco del Pacto de Toledo o equivalente, es la reforma laboral la que se sitúa más frecuentemente en el punto de mira de los contrareformistas, sean estos las formaciones sindicales o los distintos partidos que militan en el arco que va desde la socialdemocracia hasta los radicales antisistema.

Es posible que Pedro Sánchez se halle tentado y/o presionado para desenfundar el bisturí del BOE y descoser o aun extirpar un órgano esencial del tejido económico como el que constituye el vigente marco laboral. Si la incisión es para mejorar o aliviar detalles que el progreso de estos años haya testimoniado, bueno y santo. A pesar de sus peligros, la cirugía está ahí para ser usada. Pero si es para derogar sustantivamente la reforma laboral, nos enfrentaríamos previsiblemente a una grave situación de regresión económica y social.

Llegado este momento no cabe hablar de opiniones ni de sentimientos. Hay que remitirse a quienes han valorado la trayectoria laboral del país de forma rigurosa. ¿Qué es lo que ellos nos manifiestan? Todos los organismos internacionales que por distintas razones tutelan la economía española (OCDE, FMI, BCE o Comisión Europea) la han conceptuado como una de las más efectivas de las reformas acometidas en los últimos seis años y no han escatimado elogios a la misma. Junto a ellos, estudios supuestamente independientes han consensuado su efectividad. Investigaciones del Banco de España, FEDEA, Funcas, Ministerio de Empleo y Seguridad Social, BBVA, Dolado, Felgueroso y García Pérez y Osuna y muchos más han resumido, siempre con cautelas, no sólo las bondades de la medida sino que han señalado que un anticipo en el tiempo de la reforma habría evitado la destrucción de miles de empleos en años previos a su puesta en marcha y todas ellas reconocen, con rasgos mejorables, su amplia operatividad.

Los que plantean su desmantelamiento, por su parte, lanzan en su mayoría meras quejas o plantean supuestos heroicos.

El 'cirujano' en el poder debe, en consecuencia, valorar concienzudamente el alcance de su intervención.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos