Los entresijos de la reforma fiscal vasca: «A los empresarios no os va a gustar»

No se moverá el tipo impositivo que grava los beneficios de las empresas vascas y que está tres puntos por encima del que aplica el Gobierno central./
No se moverá el tipo impositivo que grava los beneficios de las empresas vascas y que está tres puntos por encima del que aplica el Gobierno central.

El pacto alcanzado esta semana para reformar el Impuesto de Sociedades en el País Vasco supone un duro golpe para las aspiraciones de los empresarios

Manu Alvarez
MANU ALVAREZ

El pasado 13 de septiembre se encendieron muchas luces de alarma en la patronal vasca, Confebask, después de constatar que las conversaciones entre PNV y PSE de cara a una reforma fiscal caminaban en la dirección opuesta a lo que habían propuesto los empresarios. Casi un año antes habían comenzado a reclamar una reducción del tipo de gravamen del Impuesto de Sociedades, establecido en el 28%, para equiparar la fiscalidad de las empresas vascas a la que aplica el Gobierno central, con un tipo del 25%. En un foro organizado por EL CORREO con el consejero delegado del Banco Sabadell, Jaime Guardiola, como ponente, dos invitados intercambiaban impresiones sobre la polémica fiscal. «Lo que va a salir no os va a gustar», advertía el consejero de Hacienda del Gobierno vasco, Pedro Azpiazu, al presidente de la organización empresarial vizcaína Cebek, Iñaki Garcinuño. Era la constatación para los empresarios de que todo estaba resuelto, aunque ‘negativamente’.

El propio consejero de Hacienda había lanzado la primera piedra, ya en diciembre del pasado año, al reclamar más ingresos tributarios y fijar el objeto de sus deseos sobre la fiscalidad de las empresas. La confirmación de que no sólo no se iba a rebajar la presión fiscal sobre las compañías sino que podía incrementarse ha llegado esta semana. Efectivamente, tenía toda la razón Azpiazu. A la patronal no le ha gustado nada la propuesta pactada por socialistas y jeltzales. El tipo se mantendrá en el 28% -tres puntos por encima del que tienen las empresas en Cantabria, La Rioja, Burgos o Madrid, por ejemplo- y además se limitarán las deducciones y los márgenes para compensar las pérdidas de ejercicios anteriores cuando la empresa vuelva a tener beneficios. Todo un roto en las aspiraciones de las sociedades vascas y un ‘handicap’ para el futuro, porque el entorno geográfico tiene mejores condiciones.

El PNV promovió la rebaja con poca convicción y ha acabado por aceptar una limitación de deducciones La negociación

Hay un concepto tan extendido como erróneo al considerar que el Impuesto de Sociedades recae sobre el empresario, cuando en realidad lo hace sobre el beneficio de la empresa, que no es exactamente lo mismo. La fiscalidad que realmente soporta el empresario es el IRPF, cuando se lleva a su casa una parte o la totalidad de los beneficios de la compañía en forma de dividendo. Y esa parte, la tributación de los dividendos, ni PNV ni PSE se han atrevido a tocarla. ¿Por qué? La respuesta es sencilla. Mover una fábrica es algo complicado e incluso probablemente ruinoso. Mover un domicilio particular es realmente sencillo y las diputaciones ya han aprendido alguna lección en este sentido. Al menos la de Gipuzkoa, que ha asistido en los últimos años a un goteo en la fuga de algunos contribuyentes de grandes patrimonios, hartos de abonar una factura «excesiva» en el Impuesto de Patrimonio.

La petición de los empresarios vascos, asumida inicialmente por el PNV, no ha salido adelante 25 %

Peligro para el empleo

Mientras tanto, una mayor presión fiscal sobre la empresa no sólo reduce la posibilidad de repartir dividendos, sino que afecta también a la salud financiera de la compañía, a su solidez y capacidad para aguantar malos momentos cuando lleguen, a su margen para abordar nuevas inversiones, al crecimiento y también a la disposición para incrementar el empleo. Y es que no todos los beneficios de las empresas se los lleva el dueño, ya que una parte y muchas veces significativa, las denominadas ‘reservas’, se quedan dentro.

El PSE quería evitar que una rebaja del tipo se identificase como un favor a los empresarios La línea roja

Es en ese contexto en el que la patronal vasca no ha dudado en asegurar que la reforma de la fiscalidad empresarial compromete las inversiones y pone en peligro el empleo a medio plazo. «Nos han sacado del mapa», aseguraba esta semana el director general de Confebask, Eduardo Aréchaga, en referencia a la dificultad para atraer inversiones extranjeras.

Fue precisamente una intervención pública del diputado general de Bizkaia, Unai Rementeria, la que había devuelto a los empresarios vascos la esperanza en que no estaba todo perdido. Rementeria representa la ‘vieja escuela’ del PNV en materia económica: liberal y con menos inclinaciones socialdemócratas que la dirección actual del partido, más preocupado por generar actividad que por llenar las arcas para sostener su propio gasto. Y decidió hacer pública la apuesta oficial del PNV en las negociaciones. Lo hizo en la última semana de septiembre, en el transcurso del debate de política general de las Juntas Generales vizcaínas, donde apostó por la rebaja del tipo general del impuesto y reconoció lo que todas las grandes consultoras internacionales le han dicho desde hace ya mucho tiempo. «Cuando alguien desde Londres estudia una inversión en Europa, nos tacha. No somos atractivos», enfatizó Rementeria para justificar su apuesta por una adaptación de este tributo. Bien es verdad que el PNV tampoco asumió con mucha convicción ese planteamiento y ningún otro dirigente del partido se mojó en público para defender una rebaja en Sociedades. Si la defensa de la empresa no da votos, ¿para qué esforzarse?

Un mal ‘negocio’

Lo cierto es que el Gobierno del PP ha conseguido en los tres últimos años un resultado más lustroso en materia de ingresos procedentes de las empresas que el de las haciendas forales, mediante una reducción del tipo de gravamen. Sus ingresos por el Impuesto de Sociedades han crecido el 37,8% entre los años 2013 y 2016 -con la rebaja del tipo hasta el 25%-, mientras que en el mismo periodo el País Vasco -que ha mantenido inalterable el 28%- ha visto reducir su recaudación por este tributo en un 16%.

Egibar: «Las quejas de la patronal son sólo «puestas en escena»

El portavoz parlamentario del PNV, Joseba Egibar, aseguró ayer en una entrevista en la radio pública vasca que las quejas, «sobre todo de la patronal», ante las modificaciones fiscales aprobadas por su partido y el PSE, son «puestas en escena que intentan condicionar, pero nada más» y defendió los ajustes que propuestos en las deducciones del Impuesto de Sociedades, que pretenden «perfeccionar el sistema».

Por su parte, Iker Casanova (EH Bildu) ironizó al afirmar que «no estamos ante una reforma fiscal», sino ante «un caso flagrante de fraude fiscal», ya que, a su juicio, «ha existido un movimiento reaccionario protagonizado por Confebask, el PP y el ala derecha del PNV que ha bloqueado el objetivo de mejorar la recaudación». En la misma línea, Lander Martínez (Podemos), señaló que el acuerdo entre PNV y PSE «de reforma no tiene nada», sino que sus autores «ponen cuatro parches» que «benefician a muy pocas personas».

José Antonio Pastor (PSE), aseguró que «el tipo real» del impuesto, «el que pagan de verdad» las empresas, «está por debajo del que se paga en otras partes de España», por lo que no es «ni mucho menos una situación dramática, ni es cierto eso de que se va a ahogar a las empresas».

Y Borja Sémper (PP), estimó que se había perdido una oportunidad para hacer Euskadi «más atractiva e interesante» a partir de una bajada del IRPF y de «un Impuesto de Sociedades que se equipara al del territorio común».

Claro que es verdad que las diputaciones forales son expertas en renunciar a ingresos por cuestiones ideológicas e incluso estéticas. En 2009, un acuerdo entre PNV, Hamaikabat (EA) y el PSE permitió hacer otro desastroso ‘negocio’. Hasta entonces las diputaciones recaudaban ‘poco’ de las 200 Sicav domiciliadas en Euskadi, el instrumento habitualmente utilizado por las grandes fortunas para operar en Bolsa -tributan tan sólo el 1% de los beneficios mientras los activos se mantengan dentro de la sociedad-, de tal forma que decidieron incrementar su tipo hasta el 28%. ¿Resultado? Ahora no recaudan nada, porque todas esas sociedades cambiaron su domicilio social a Madrid, para regocijo de la Agencia Tributaria que captaba así, sin despeinarse, nuevos ‘clientes’.

Pero el PSE había trazado una línea roja sobre cualquier rebaja en el Impuesto de Sociedades, al parecer basada en cuestiones más relacionadas con la estética política y electoral que con la justificación tributaria o recaudatoria. La formación que dirige Idoia Mendia -aunque todas las fuentes señalan al presidente del partido, Iñaki Arriola, como la persona que ha forzado el mantenimiento de una línea dura-, está especialmente preocupada con la disputa de su espacio electoral por parte de Podemos. ¿Entenderían los electores del PSE que rebajar el tipo del Impuesto de Sociedades no es hacer un favor a los empresarios? Los socialistas llegaron a la conclusión de que la venta de esta medida sería complicada, de ahí que optasen por un oposición radical. El PSE también ha sabido sacar provecho a la división interna que existe en el PNV y que se había evidenciado con las posiciones contradictorias de Rementeria y Azpiazu.

Paso a dos

La patronal no tiene dudas en adjudicar a los socialistas la principal responsabilidad sobre la, para ellos, «nefasta reforma», aunque ha sido también el PNV quien ha aceptado apretarles las tuercas en las deducciones e incluso ha puesto en tela de juicio la solvencia de la palabra dada. «No haremos nada en contra de las empresas en la reforma fiscal», transmitieron al unísono el lehendakari, Iñigo Urkullu, y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, a los responsables de Confebask en las reuniones que mantuvieron antes del verano. Incluso el PNV no dudó en alentar a los propios empresarios a que fuesen ellos quienes tratasen de «convencer al PSE» para que aceptase una rebaja en Sociedades. «Tenemos los votos que tenemos», han repetido de forma insistente los portavoces nacionalistas para justificar que las decisiones en los gabinetes de coalición que dirigen el Gobierno vasco y las tres diputaciones no dependen sólo de ellos, sino del «punto de encuentro» con los socialistas.

Todo apunta a los que los jeltzales han consentido el aumento de la presión fiscal sobre las empresas a cambio de sacar algunas concesiones que reclamaban sus propios ‘barones’ territoriales. Es el caso de Rementeria con la aprobación de los fondos de inversión que permiten deducciones en IRPF, Patrimonio y Sucesiones. O de Markel Olano, ansioso por normalizar el Impuesto de Patrimonio que le generaba una vía de agua por la fuga de contribuyentes. Ramiro González, el diputado general de Álava, también reclamaba medidas que proporcionasen más gasolina al gasto público.

¿Todo terminado? Probablemente no, porque la reforma fiscal, tal y como está planteada, no tiene respaldo político suficiente para ser aprobada en Álava, lo que anticipa ya que puede haber una ‘segunda vuelta’ de las negociaciones.

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