Prematuro

El Carlomagno a Macron premia su apuesta por la integración europea, lo que hoy solo es un proyecto difícil de implementar

La canciller alemana, Angela Merkel, felicita al presidente francés, Emmanuel Macron, tras recibir la medalla con la imagen de Carlomagno./Efe
La canciller alemana, Angela Merkel, felicita al presidente francés, Emmanuel Macron, tras recibir la medalla con la imagen de Carlomagno. / Efe
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El presidente Emmanuel Macron ha sido galardonado esta semana con el Premio Carlomagno, la más alta condecoración otorgada en el ámbito europeo. Me parece una decisión prematura que me retrotrae a la concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente Obama. Creo que si la Academia Sueca hubiera esperado unos años, el presidente americano se habría quedado sin premio. En efecto empezó muy bien, con bellos discursos por la paz que entusiasmaron al mundo libre y con grandes diferencias con el tono marcadamente belicoso de su antecesor George W. Bush. Cierto, pero al final, ¿cuántas guerras evitó, cuántas terminó? ¿Dejó al final de su segundo mandato un mundo más pacífico que el que encontró en su primera investidura? No es fácil contestar afirmativamente.

El presidente francés ha empezado bien, con algunos discursos memorables encendidos de ardor europeo. Pretende liderar el proceso de integración en un momento delicado para él y para la UE. Por un lado, la generosa y obligada ampliación a 28 países ha debilitado la cohesión económica de la Unión -sin la cual es imposible avanzar- y multiplicado las dificultades inherentes a las tomas de decisiones entre tantos decisores.

Por otro, debe atender también su frente interno. Además de crecer hacia fuera, Macron quiere arreglar los numerosos problemas a los que se enfrenta Francia con una economía esclerotizada y un poder sindical tan enorme como refractario a cualquier reforma que pretenda modernizar su sistema productivo, pero que implique la mínima pérdida de sus derechos. Y debe hacerlo todo en un momento en que Reino Unido asesta un duro golpe a la credibilidad del proyecto con su 'Brexit', que supone el primer abandono del club de un socio miembro, y en Italia se atisba un gobierno más que euroescéptico.

Por eso se acerca a la Alemania donde la canciller Angela Merkel no atraviesa sus mejores momentos obligada a pactar con sus socios/rivales de la socialdemocracia. Macron es consciente de que los países europeos necesitan avanzar en su integración, aunque eso suponga conceder pérdidas de soberanía política, si pretenden mantener algo de su soberanía económica. En el mundo globalizado de hoy en día, en donde el centro de gravedad se desplaza rápidamente hacia el Este, en Europa nos hemos quedado demasiado lejos y somos demasiado pequeños.

También es consciente de que él solo no puede conseguir que la integración avance. Necesita la colaboración alemana, que es imprescindible, y el apoyo de otros como Italia, España y los países del Benelux, que es conveniente. Para conseguirlo, antes tiene que vencer algunos recelos planteados por la ortodoxia de los países del norte y lograr algunos compromisos de los países del sur. Si pretende que Alemania avance en temas como la integración monetaria y bancaria o la mutualización de los riesgos de la deuda, resulta imprescindible que le ofrezca en bandeja la seguridad de que nadie se saldrá del guion: «Yo te sostengo, si tú te comportas».

Y ese comportamiento se refleja en asuntos como la disciplina fiscal, lo que nos traslada a su vez a otro dilema. Necesitamos que la economía crezca para poder detraer del sistema los recursos que precisa nuestro abultado Estado de bienestar. Y ¿cómo hacerlo sin el impulso público? Merkel le dice: «Ya tienes los tipos de interés demasiado bajos, literalmente por los suelos, para financiar tus déficits con comodidad», y Macron contesta: «Pues tú tienes demasiados superávits fiscales y comerciales, dale marcha a la caldera del gasto, para que te vendamos más».

Y en esas estamos. Macron tiene buenas intenciones y a nosotros en España nos conviene apoyarle. Por el ideal europeo de futuro y por la necesidad económica de presente. Su proyecto para Europa es mejor para nosotros, pero, si quiere merecer el premio recibido, tiene que hacer algo más que desearlo. Necesita implementarlo. A ver si lo consigue.

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