¿Qué política industrial?

¿Qué política industrial?
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La política industrial es una de las cosas más fáciles de plantear y más difíciles de ejecutar. Supongo que todos queremos disponer de una economía fuerte, sobre la que sustentar nuestro exigente Estado del Bienestar, que cada día requiere de más fondos para abarcar y sostener a los innumerables e irrenunciables derechos que nos hemos autoconcedido. Y, considerando nuestra estructura económica, parece claro que solo podemos apoyarla sobre una industria competitiva y pujante y unos servicios avanzados, mayoritariamente relacionados con ella.

Ni siquiera todos aquellos que odian a nuestras industrias -los hay, no lo dude y no son pocos-, y empeñan sus afanes en confrontarse diariamente con ellas pueden estar en desacuerdo con ese enunciado, aunque solo sea porque carecen de alter nativa viable que presentar. También es evidente que, puestos a elegir, es mucho mejor que los centros de decisión de nuestras empresas estén radicados en nuestro entorno. Así se irradia riqueza con mayor fluidez y sus frutos se recogen de manera más intensa. Además, la historia nos demuestra con cientos de casos que, cuando las cosas vienen mal dadas y la coyuntura se pone de frente, los procesos de ajuste se realizan con más facilidad en la lejanía y se respetan más las situaciones de cercanía.

En Euskadi hemos vivido, recientemente, algunos episodios de pérdida de control sobre alguna de nuestras empresas más destacadas. Sin irnos muy atrás en el tiempo, a lo largo de este año que acabamos de finiquitar los casos de Gamesa y de ITP han sacudido el escenario y lo han llenado de preocupación. Por eso es comprensible que el Gobierno Vasco se haya planteado el cómo poner freno a esa pérdida de control, que hasta los más liberales vemos con cierta angustia. A todos nos gusta y satisface ver que nuestras empresas salen al exterior en busca no solo de clientes, sino también de empresas a las que comprar o de nuevas instalaciones productivas que levantar, pero todos nos asustamos cuando el movimiento sucede en sentido contrario.

La intención es sana, el problema es cómo hacerlo, para lo cual es necesario vencer dos dificultades de envergadura. Una es la actuación vigilante de las autoridades comunitarias que ven con extraordinario recelo toda actuación de los poderes públicos que suponga una restricción al juego de la libre competencia o una discriminación por el origen de los sujetos implicados en cada caso. Hay excepciones, como siempre, pero tenemos también varias desagradables experiencias de lo que supone retar a Bruselas y hacerse el listo con ella. La segunda dificultad es el dinero implicado. Este es un juego de grandes números y tanto los ataques como las defensas implican apuestas arriesgadas de mucho dinero.

Por eso, si queremos participar en él, si deseamos hacer política industrial con mayúsculas e intervenir en las grandes decisiones empresariales hay que diseñar mecanismos que sorteen el celo comunitario y, sobre todo, hay que buscar dinero. Visto así, la solución solo puede caminar por una dirección. Por la intervención de fondos de capital de titularidad mixta público/privada que cuenten con dinero abundante. ¿Y dónde está esa mina de oro? Pues, aquí cerca, en las EPSV.

A los vascos nos encanta hablar de la corresponsabilidad fiscal que conlleva el Concierto económico y la utilizamos como arma defensiva y como argumento de propaganda. Pues aquí tenemos ahora la oportunidad -yo diría que la obligación-, de ejercitar la corresponsabilidad industrial. Si no somos capaces de comprometernos con nuestro futuro empresarial, no tendremos futuro. Si no somos capaces de comprometernos con nuestro liderazgo, lo asumirán otros y no podremos quejarnos. Nadie va a hacer por nosotros lo que nosotros no hagamos. ¿Por qué razón no deberíamos implicar nuestros ahorros en garantizar nuestro futuro? ¿No queremos asumir riesgos? Pues, sin ellos, no tendremos derecho al bienestar que disfrutamos. Alguien tiene que hacerlo y dada la entidad del reto que tenemos por delante, lo tenemos que hacer entre todos. Miremos hacia las EPSV...

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