Una histórica marea por unas pensiones «dignas» pone en aprietos al Gobierno

Miles de pensionistas se manifiestan en Bilbao. / Ignacio Pérez

Más de 115.000 personas toman las calles de Bilbao para exigir la subida de las prestaciones en base al IPC y convierten la marcha de la capital vizcaína en la mayor del país

ERLANTZ GUDE

La gran movilización prevista ayer en Bilbao para exigir unas pensiones «dignas» no defraudó, y las calles de la capital vizcaína volvieron a ser un clamor para demandar al Gobierno de Rajoy que vincule la subida anual de las prestaciones al IPC. Prueba del éxito de la convocatoria fueron los más de 115.000 asistentes que reconoció el Ayuntamiento, y que erigieron nuevamente a los mayores del territorio como referencia nacional, pese a que son a su vez los que gozan de las pensiones medias más elevadas de España. En una fría jornada pasada por agua, las calles de la villa registraron una histórica estampa que devolvía a la memoria las manifestaciones que acontecieron tras el secuestro y asesinato del edil popular de Ermua Miguel Ángel Blanco.

La de la villa fue la mayor concentración a nivel nacional, seguida de las multitudinarias manifestaciones en Madrid y Barcelona. De hecho, en todas las ciudades de España los mayores tomaron las calles para denunciar la subida del 0,25% y poner en aprietos al Gobierno central. Parece claro que las inconcretas promesas del presidente Mariano Rajoy de elevar las pensiones mínimas y las de viudedad, realizadas durante el pleno monográfico del Congreso esta semana -y que vinculó a la aprobación de los Presupuestos- no han conseguido aplacar unas movilizaciones que comenzaron hace semanas y, lejos de amainar, se han convertido ya en un problema para el PP de cara a las elecciones locales y autonómicas del próximo año.

Las formaciones políticas, a excepción del Partido Popular, enviaron representantes a Bilbao, al igual que los sindicatos. Acudieron, entre otros, el alcalde de la ciudad, Juan María Aburto, la secretaria general del PSE, Idoia Mendia, la parlamentaria de Bildu Maddalen Iriarte, el secretario general de Podemos en el País Vasco, Lander Martínez, y los líderes en Euskadi de CC OO y UGT, Loli García y Raúl Arza, respectivamente. Pero todos respetaron la consigna de la plataforma convocante manteniéndose en un segundo plano. Muestra de ello es que el manifiesto final fue leído por Santiago Pocero, secretario general de la Unión de Jubilados y Pensionistas de UGT-Euskadi, quien desligó su condición de portavoz de su militancia. Sólo se produjo un rifirrafe por las ikurriñas portadas por la Plataforma de Pensionistas de Euskal Herria.

Guiño de los jóvenes

Además de exigir que el incremento de las pensiones se desligue de las cuentas de la Seguridad Social -que aboca al colectivo a solo cobrar un 0,25% adicional mientras persista el actual déficit, y cuyo rechazo, como si de una cifra maldita se tratara, se escenificaba en la pancarta principal-, los jubilados reclamaron una vez más que se derogue el factor de sostenibilidad, que desde el próximo enero adecuará la prestación a la creciente esperanza de vida en el año de retiro. Y reivindicaron un objetivo aún más ambicioso: una pensión mínima de 1.080 euros.

En lo tocante a la marcha, y pese a que se anunció su arranque en el Ayuntamiento, era tal la marea humana que en la Casa Consistorial se reunía la cola de la manifestación, y había que desplazarse hasta la Plaza Circular para encontrar la pancarta principal, sujetada por representantes de los distintos colectivos aglutinados en el movimiento de pensionistas.

Por las aceras de la Gran Vía -la comitiva tuvo al principio problemas para abrirse paso-, se repartían miles de personas. Nuevamente predominaban de forma apabullante los rostros veteranos, aunque ayer se podían distinguir personas de menos edad respaldando a los mayores. Uno de los instantes más emotivos se produjo al llegar a la plaza Moyua, donde un grupo de jóvenes esgrimían una sucesión de letras que formaban la frase de apoyo 'Pentsionistak aurrera!'.

La batería de cánticos se centraba en reclamar una mejora de las pensiones agregando críticas a los políticos en general. Y, aunque hubo alusiones directas al Gobierno y al presidente -incluida la petición de dimisión-, estas no ganaron peso hasta bien avanzada la marcha, alcanzando su clímax al llegar a la sede del PP, en el tramo final del recorrido y junto al Sagrado Corazón, espoleados por el vehículo que abría la movilización.

Manos al cielo

Algunos cánticos no lograban ser masivos. Lo que sin duda conseguía poner en idéntica sintonía a la marea humana y a quienes presenciaban la marcha desde las aceras era el habitual '¡Manos arriba! Esto es un atraco', alumbrando una espectacular panorámica de manos hacia el cielo.

La cabeza de la protesta arribó al Sagrado Corazón al filo de las 18.30 horas, al ritmo de una batucada. Y para cuando poco después los portavoces se disponían a leer el comunicado con el que se pondría el broche a la manifestación aún se podía distinguir una interminable marea hasta donde alcanzaba la vista.

Marga Alonso, de Pentsionistak Martxan, y el ugetista Santiago Pocero leyeron el comunicado en euskera y castellano. Además de las exigencias sobre la subida asociada a la inflación, hubo palabras contra la brecha salarial y proclamas contra una hipotética apuesta institucional por los planes de pensiones privados. Pocero recordó a los asistentes que mañana tienen una nueva cita a mediodía en los aledaños de los ayuntamientos vizcaínos. Repetirán el próximo lunes y luego estudiarán cómo continuar las protestas tras las vacaciones de Semana Santa. Saben de la dificultad de forzar al Gobierno a cumplir sus reivindicaciones, pero el inusitado respaldo del que gozan en el territorio enardece el ímpetu de una generación combativa.

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