La Naval llega a un principio de acuerdo con los sindicatos para terminar el 'Living Stone'

Concentración, ayer, de los trabajadores de La Naval en el centro de Bilbao. / LUIS ÁNGEL GÓMEZ

El ERE de suspensión se prolongará durante seis meses y su aplicación dependerá de la reactivación del astillero de Sestao

Manu Alvarez
MANU ALVAREZ

El astillero La Naval de Sestao y los sindicatos han alcanzado un principio de acuerdo, que deberá ser concretado y firmado en los próximos días, con una doble vertiente. De un lado, se han establecido las condiciones para poner en marcha un Expediente de Regulación de Empleo, que supondría la suspensión de un número de contratos aún por determinar durante un periodo de seis meses. Además, el acercamiento entre las centrales y la empresa ha permitido también fijar las bases para pactar la salida del astillero del buque ‘Living Stone’, un cablero que será entregado de forma anticipada a su armador y que se terminará en el puerto de Bilbao.

La entrega del ‘Living Stone’ a su propietario, el armador belga-holandés DEME-Tideway, fue pactada la pasada semana por La Naval y los directivos de esta compañía, tras el extraño incidente de ‘piratería’ que protagonizó la naviera. Varios técnicos del armador rompieron los cables y las amarras -todas menos una- que sujetaban el buque al muelle de La Naval, al tiempo que tenían preparados dos remolcadores en la bocana del puerto de Bilbao. Los barcos habían llegado desde Bélgica y se intuye que el objetivo era trasladar el cablero hasta otro astillero, en el norte de Europa.

Terminarlo fuera

La Naval y DEME-Tideway han pactado esa entrega anticipada, pero también que el buque sea amarrado a un muelle del puerto de Bilbao -previsiblemente en la zona de Zorroza-, para ser terminado por las empresas de contratas que ya trabajaban en el buque. Con esta maniobra, el armador quiere garantizarse el control del barco antes de que La Naval entre formalmente en el procedimiento concursal y su administración sea intervenida por un juez.

Aunque los sindicatos han mostrado de forma reiterada su oposición a que el buque abandone el astillero, también han admitido que un enfrentamiento total supondría la paralización definitiva e indefinida de las instalaciones. El armador se ha comprometido a abonar varios millones de euros -se desconoce por el momento la cantidad exacta- con la entrega del barco, que supondrán un balón de oxígeno para el pago de las nóminas en los próximos meses. La tesorería de La Naval está agotada, no hay ya crédito bancario, los proveedores se niegan a mantener el suministro si no hay garantías de cobro y la búsqueda de nuevos inversores con interés en hacerse con el control de la firma puede dilatarse aún muchos meses.

Los sindicatos han exigido al astillero un buen número de garantías de que los trabajos de finalización del buque, ya fuera de La Naval, serán encargados a las empresas auxiliares ligadas a la compañía. También han pedido que el armador se comprometa por escrito a no llevarse el cablero a otro sitio. Las reticencias son lógicas tras el acto de ‘piratería’ protagonizado por DEME-Tideway con su intento de sacar el barco por la fuerza.

Empresa y sindicatos han convenido en reunirse de nuevo el lunes para ultimar los flecos pendientes y cerrar no sólo el acuerdo para la salida del buque, sino también las condiciones del Expediente de Regulación de Empleo. La empresa ha ofrecido una cobertura del salario prácticamente total para los primeros tres meses, incluida la paga extra de Navidad, y un complemento que no se ha desvelado para el segundo trimestre.

Generar empleo

El impacto real del ERE se desconoce por el momento y va a ser flexible en función de las posibilidades de acelerar el trabajo. La Naval y el armador holandés Van Oord también han llegado a un principio de acuerdo que puede permitir que se retomen los trabajos en sus dos buques. Dos dragas de succión que se encuentran en diferentes etapas de construcción. Van Oord está dispuesta a financiar la finalización de sus barcos -pagaría directamente a los proveedores- y no exige una entrega anticipada, como DEME-Tideway. Esto es, no quiere sacar las dragas del astillero, aunque sí exige garantías jurídicas de que no habrá problemas cuando la empresa esté ya en pleno procedimiento concursal. Para ello, la compañía armadora ha decidido esperar a la intervención judicial.

Fuentes de la empresa han asegurado que retomar los trabajos en el ‘Living Stone’ y en las dos dragas de Van Oord puede suponer la vuelta al trabajo de unos 1.500 empleados. A partir de ahí quedaría por resolver el futuro del ferry encargado por Baleària, del que se habían hecho buena parte de los trabajos de ingeniería pero en el que aún no se había iniciado la fase conocida como ‘corte de chapa’. Cuando La Naval entre formalmente en concurso -algo que será un hecho la próxima semana-, Baleària puede ejercer su derecho a rescindir el contrato que firmó para la construcción del ferry.

Por otra parte, el comité de empresa entregó ayer una carta en la sede del Gobierno vasco en Bilbao para solicitar una reunión con la consejera de Desarrollo Económico, Arantxa Tapia. También ha solicitado comparecer en el Congreso de los diputados.

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