las musas y el teatro

las musas y el teatro
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El consejero de Hacienda, Pedro Azpiazu, hizo ayer una serie de declaraciones rotundas. Con muchas de ellas es fácil estar de acuerdo. Otras, en cambio, necesitan un esfuerzo mayor de razonamiento. Dijo que la economía vasca ha cerrado en 2017 un trienio virtuoso con importantes ganancias de productividad y buenos crecimientos, aunque un poco menores que los registrados en España. Lo digo como mera constatación, ya sabe que a mí no me gusta hacer comparaciones de este tipo y mucho menos extraer conclusiones de ellas, ni cuando nos benefician, ni cuando nos perjudican.

También dijo, y se lo alabo, que es necesario mantener un estricto control del gasto público. Tiene toda la razón. Lo que no podemos hacer, como bastantes pretenden, es gastar mucho, cuando estamos en crisis, para paliar las situaciones negativas que se generan con ella; y gastar más aún en cuanto salimos de la crisis porque ahora tenemos más dinero. El Gobierno debe controlar sus gastos en todo momento. Puede y debe gastar más cuando las necesidades sociales aumentan y debe recomponer sus niveles de deuda cuando los ingresos procedentes de una mayor actividad lo consienten. De no hacerlo así, moriríamos aplastados bajo el terrible peso de la montaña de la deuda.

Hasta aquí todo bien. Más adelante, se adentró en terreno resbaladizo. Aseguró, con énfasis y decisión, que ha llegado la hora de subir los salarios, porque ello es «la garantía del crecimiento futuro de la economía vasca». Hombre, si fuera tan sencillo… no deberíamos contentarnos con subir los salarios, deberíamos plantearnos el triplicarlos por lo menos, para crecer aún más. O también se podían bajar los impuestos y dejar más dinero en el bolsillo de los ciudadanos.

Este tema se ha debatido mucho. La subida de salarios es buena… si la competitividad no resulta dañada con ella de manera grave. La garantía de futuro de la economía vasca, y de cualquier otra, la veo yo mucho más basada en su capacidad de competir internacionalmente que en el nivel de sus salarios. Por supuesto que lo ideal es ser muy competitivos y disponer de unos salarios muy elevados. Eso sucede en Alemania, en California y otros lugares benditos. Pero aquí debemos andar con cuidado. Lo malo de estas declaraciones es que van al bulto y no matizan.

El mensaje puede servir para explicar el funcionamiento de la macroeconomía en una pizarra, pero hace falta estar al frente de una cuenta de resultados, en una empresa concreta, para conocer si resulta aplicable o no a cada situación. Bajar de las musas al teatro es tan difícil como dar trigo después de predicar en el púlpito. Eso, nolo debería olvidar ni el consejero, ni nadie.

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