Mejorar los salarios, ¿cómo?

Con personas mejor formadas hay que conseguir que se creen empresas y que las existentes añadan más valor

Mejorar los salarios, ¿cómo?
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El problema de los salarios centra el debate económico de nuestros días. La situación es mala, de eso no hay duda. Pero en mi opinión, dedicamos más esfuerzos a mostrar esa mala situación que a buscar los remedios que pudieran revertirla. La situación es mala, sin duda. En España, un 30% de los asalariados gana menos de 1.230 euros; un 40% entre 1.230 y 2.137, y solo el tercio restante gana más de esa cifra. Al final, el salario medio es de 1.878 euros, cuando, por ejemplo, en Holanda es de 2.816 euros. Dentro de España, el reparto por comunidades autónomas no es nada homogéneo, pero la situación global es esa y no es buena.

De ahí que tan solo el 6% de los salarios percibidos -una vez deducidos los impuestos, no lo olvidemos-, constituya renta disponible que se puede dedicar, por ejemplo, a garantizar unos ingresos razonables cuando llegue el momento de la jubilación. Nosotros preferimos la vivienda y dedicamos a comprarla un 73% de esa renta disponible, lo que constituye una característica muy especial de nuestro país, en el que adoramos al ladrillo y lo queremos en propiedad. En resumen, nuestra tasa de ahorro es muy baja, aproximadamente la mitad de la europea y solo conseguimos superar a Portugal y al Reino Unido entre los países principales de la Unión Europea.

Es necesario un sistema educativo más exigente y concienciado con la necesidad del esfuerzo

Esto es así, no hay duda, pero no deberíamos quedarnos aquí. Mostrar una mala situación solo puede servir para concienciarnos y buscar medidas para salir de ella lo antes posible. Sin olvidar que, quien gana 1.000 euros al mes, en realidad gana bastante más de 1.000 euros. Y gana más porque el sector público se gasta en él muchos euros al años en sanidad (en Euskadi por ejemplo 140 euros al mes por persona) y algo menos en educación. Unos euros que él evita como gasto.

En segundo lugar, hay que ser conscientes de que los salarios son un reflejo de la realidad y la estructura económica del país. Podía darse el caso de que los salarios fueran bajos por causa de una voracidad empresarial que absorbiese la totalidad de la plusvalía generada en la empresa. Pero entonces, esa ganancia tendría que aflorar en la cuenta de resultados y, después, en el impuesto sobre sociedades, lo que no parece que sea el caso a la vista de las estadísticas de Hacienda. También cabría suponer, y no son pocos quienes lo suponen, que la plusvalía restada al trabajador se queda atrapada en los vericuetos del fraude. Pero, aún existiendo, es del todo imposible que el fraude sea tan elevado.

¿Qué hacemos?

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos limitamos a indignarnos por la situación y acusar a terceros o buscamos soluciones? Si decidimos lo segundo, lo primero es recordar que el nivel salarial está muy correlacionado con el nivel de la formación. La realidad demuestra que, a mayores estudios, mayor empleabilidad (capacidad para encontrar un empleo) y mayor salario. Es decir, tenemos que luchar más contra el abandono escolar y tenemos que conseguir un sistema educativo más exigente y más concienciado con la necesidad del esfuerzo. Un sistema que reconozca y premie el mérito de alumnos y profesores y no uno adocenado en donde triunfe la endogamia y en el que todo intento de introducir elementos de medidas se considere un ataque intolerable a la libertad. ¿Se acuerda del debate sobre las reválidas?

Con personas más y mejor formadas hay que conseguir que se creen empresas y que las existentes añadan más valor a sus productos y servicios, de tal manera que puedan obtener mejores precios de sus clientes y mayores beneficios que puedan redundar en mejores salarios. Esto es muy complejo, ya le he hablado mucho de ello y me queda poco espacio, así que me limito a enunciarlo y a destacar dos cosas. Una es la importancia que tiene la inversión para asegurar un futuro más productivo. Una inversión que constituye una decisión de riesgo que debe asumir el empresario y debe favorecer el sistema fiscal.

Es necesario profundizar en una necesidad fundamental. El sistema fiscal debe discriminar y favorecer el tratamiento de los beneficios que no se repartan en forma de dividendos a los accionistas, se queden en la empresa y se destinen a invertir y/o a mejorar los salarios. ¿Por qué no hacerlo? Reduciría, de momento, los ingresos fiscales pero la responsabilidad de tener empleo de buena calidad es de todo el país y todo el país debe colaborar en ello. Nos equivocamos mucho si pensamos que solo concierne a los empresarios y encima si evitamos apoyar su nacimiento y nos dedicamos a aporrear a los que triunfan y a desprestigiar a los que fracasan. Un poco de coherencia, por favor.

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