Luis de Guindos y el eurobanco

Tal vez sea el momento de que el BCE suelte gradualmente el freno y atenúe el esfuerzo al que se ha sometido a bancos y familias ahorradoras durante la crisis

Luis de Guindos./
Luis de Guindos.
MANFRED NOLTE

Transcurrida la política de pasillos -y también de despachos oficiales- y realizado el oportuno canje de cromos, a España le ha tocado finalmente el sillón de la vicepresidencia del Banco Central Europeo (BCE). En el sutil trueque de los intereses y de los pesos y méritos políticos no es mala la silla adjudicada. Es una silla o sillón de muchos quilates, de una muy alta representación institucional y de una responsabilidad de primer nivel. La vicepresidencia del BCE, aunque blindada con la férrea autonomía que le confieren sus estatutos, es un espaldarazo a la política económica del Gobierno español en la resolución de la crisis y al sólido brazo mediador en la misma: Luis de Guindos.

En la liturgia de las influencias y los sorteos no ha sido secreto para nadie que el presidente del banco emisor europeo, Mario Draghi, se había decantado por el irlandés Philip Lane. Tampoco ha recibido el apoyo del Parlamento europeo. De modo que el nuevo vicepresidente no puede acceder al puesto con el adjetivo de flamante, ni de aclamado, ni siquiera de haber alejado totalmente algunas sospechas unidas a su reputación como antiguo alto responsable de una gran entidad financiera norteamericana.

Draghi es el presidente del BCE y De Guindos su vicepresidente. Su principal órgano rector es el Consejo de Gobierno, compuesto por los seis miembros del Comité Ejecutivo y los gobernadores de los bancos centrales de los 19 países de la zona del euro. La posición de segundo del italiano en el Eurobanco, confiere al español un indelegable protagonismo y una notable responsabilidad. El gobierno del BCE se desarrolla como es sabido desde la más absoluta autonomía política y emancipación económica. La corta historia de esa institución viene acompañada por las sucesivas pataletas de quienes quisieron hacer de ella un clónico del Bundesbank, los líderes alemanes.

Enfilado el Rubicón de la crisis, el BCE -con De Guindos de vicepresidente- encara la delicada disyuntiva de seguir la estela de la Reserva Federal estadounidense e iniciar el abandono del amplio elenco de políticas monetarias incluidas en la heterodoxia financiera y la llamada relajación cuantitativa o, por el contrario, afrontar los vientos dominantes y desafiar a los ‘halcones’ europeos -Alemania y sus satélites- perseverando en su política de tipos cero, liquidez ilimitada e intervención de los títulos públicos emitidos por los estados de la Eurozona.

¿Cómo influye en nuestra economía la elección de uno u otro camino? La política de tipos intervenidos no incide de forma homogénea sobre los diversos agentes económicos en España, y siempre es conveniente recordarlo. Los grandes subvencionados son los deudores en general y el sector público -altísimamente endeudado- en particular. El Tesoro paga 31.000 millones de euros al año en intereses, el 3% (tipo medio de endeudamiento) sobre algo más del billón de euros debido. Cada punto que suba el actual tipo de financiación supondrá, en su caso, un sobrecoste de 10.000 millones de euros que en la actualidad el Tesoro ahorra de una forma absolutamente artificial. Por su parte, el gran perdedor es el sistema bancario, que carece de margen de intermediación para alimentar sus cuentas de resultados.

¿Y qué pasa con las familias, que en España están fuertemente endeudadas? Pues sucede que entre los meses de septiembre de 2008 y 2016 los hogares con préstamos de cualquier tipo han ahorrado 17.000 millones de euros (una forma de subvención indirecta) y que los hogares con ahorros bancarios han dejado de cobrar 22.500 millones de euros (una especie de impuesto invisible).

Tal vez sea el momento de soltar gradualmente la palanca del freno y atenuar el esfuerzo al que se ha sometido a las instituciones bancarias y sobre todo a las familias ahorradoras a la largo del tiempo de la crisis.

Gradualmente significa con tiento y con tacto. El balance del BCE asciende a 4,5 billones de euros, equivalentes al 38% del PIB total de la Eurozona, y ha comprado el 25% de toda su deuda soberana. Una venta impremeditada colapsaría los precios de la deuda y haría subir de forma estrepitosa sus tipos de interés. Sabemos que Luis de Guindos no está por esa labor.

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