Una joya a cuidar

La formación profesional se ha convertido en una opción muy interesante y atractiva

Una joya a cuidar
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La formación profesional vivió un momento álgido en la época de los grandes saurios industriales. Empresas como Altos Hornos o Babcock tenían sus escuelas de aprendices en donde se proporcionaba a los alumnos una formación práctica que, casi siempre, conducía a un empleo de por vida. Escuelas, como las de Armería de Eibar, abrían a sus alumnos el mejor futuro de formación, primero, y de inmersión laboral después. Luego, durante el desarrollismo y la llegada de la democracia perdió brillo al aumentar de manera exagerada la apetencia por la formación superior universitaria que se convirtió en un signo de ascenso por la escala social. Tener un hijo, y luego una hija, universitarios se convirtió en la máxima aspiración de todos los padres españoles que no lo eran.

Menos mal que ahora la cosas se han centrado y la formación profesional se ha convertido en una opción no sólo válida, sino muy interesante y atractiva. Y ello ha sido posible por la conjunción entre un amontonamiento excesivo en la oferta de títulos universitarios con escaso encaje en el mundo laboral y una enorme demanda de titulados de la formación profesional en las especialidades más cercanas al mundo industrial.

La formación profesional en el País Vasco es una joya que debemos proteger e impulsar y ha conseguido concitar los apoyos de todas las instituciones y todos los agentes sociales reunidos en el Consejo Vasco de la Formación Profesional. Y lo es porque ha sabido implantar un sistema que es un ejemplo para el resto de países como se ha puesto de manifiesto en el congreso internacional celebrado hace diez días en San Sebastián. El sistema es tan sencillo de definir como complicado de aplicar: se trata de conocer con precisión las necesidades de la empresa y de practicar una gran flexibilidad para orientar a su satisfacción la preparación ofrecida a los alumnos.

Si el éxito del presente es evidente, el del futuro es altamente probable, pues la fórmula se completa con la creación de dos institutos. Uno, el de 'Aprendizajes Futuros' tiene por objetivo la difícil tarea de preparar hoy la decisiones que deberán hacer frente a los requerimientos de mañana, la mayoría de las cuales son desconocidos. El segundo, de 'Talento' pretende un cambio en la educación, desde las competencias hacia el talento, con un fuerte componente internacional y una voluntad de apoyo a las empresas vascas ubicadas en países extranjeros.

¿Resultado? Está a la vista. 40.923 alumnos; 23 ciclos de FP básica; 38 ciclos de FP de grado medio; 71 ciclos de grado superior, 23 industriales y 48 de servicios. A los que habría que añadir los 22 programas de especialización desarrollados en base a las necesidades de la empresa. En un mundo en permanente y creciente cambio, adaptarse a ellos es un requisito imprescindible para sobrevivir y hacerlo con rapidez una premisa inevitable para triunfar.

La situación actual en el empleo es curiosa. Por un lado, las estadísticas reflejan un 'stock' de parados enorme, lo que supone una lacra para nuestra autosatisfecha sociedad; por otro, los empresarios han advertido en innumerables ocasiones que se enfrentan a grandes dificultades a la hora de encontrar las personas adecuadas para ocupar los puestos de trabajo que ofrecen, que por cierto no son pocos.

Por ello y aunque les chirríe a muchos dirigentes del mundo educativo, las oportunidades laborales deben de tener mucho más peso a la hora de definir la oferta curricular. Formar a nuestros jóvenes en conocimientos y competencias que carecen de futuro laboral conduce al despilfarro de dinero público y, lo que es mucho peor, a la frustración perpetua de quienes habiendo hecho un gran esfuerzo por obtener un título, se enfrentan después a un silencio laboral aterrador.

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