Los jóvenes vascos perciben un futuro más favorable y con más empleo

Joven administrativo en su oficina./
Joven administrativo en su oficina.

El último informe del Observatorio Vasco de la Juventud no muestra mejoras en sus expectativas de emancipación

AIENDE S. JIMÉNEZ

Los jóvenes vascos empiezan a sentir que su futuro ya no se construye sobre arenas movedizas. El último informe Aurrera Begira que elabora anualmente el Observatorio Vasco de la Juventud, cuyo objetivo es conocer cómo perciben el presente y cuáles son sus expectativas en el corto plazo, revela una evolución positiva en todos los indicadores con respecto a los resultados recogidos en el año 2013. Entonces, cuando los efectos de la crisis tiraron por los suelos sus posibilidades de emanciparse y de acceder al mercado laboral, la valoración de los jóvenes vascos sobre su presente y su futuro no hacía más que reflejar la gravedad de una realidad que les ha acompañado durante varios años.

Sin embargo, parece que la tendencia va cambiando, y que el porvenir está pasando de tener un color negro a un gris oscuro. Porque, aunque los datos mejoran, las oportunidades siguen estando muy lejos de lo que podría considerarse una situación ideal. La tasa de paro entre los jóvenes vascos es del 17,2% -datos del último trimestre de 2017- y la edad en la que logran independizarse es cada vez más alta.

El informe, que se realiza por quinto año consecutivo, ha recogido las impresiones de 1.512 personas de entre 15 y 29 años en todo Euskadi, en una encuesta realizada en octubre de 2017. Los resultados revelan una percepción global de que su presente es mejor que en el año 2013 y que su futuro invita al optimismo.

En lo que se refiere al empleo, uno de los datos más significativos es el aumento del número de jóvenes que confía en encontrar un puesto de trabajo en el plazo de un año. En el año 2013, tan solo el 54% tenía esa esperanza, mientras que en 2017 esa cifra es 24 puntos mayor (78%). Por territorios, los más optimistas son los guipuzcoanos: El 87% de los jóvenes de ese territorio cree que tendrá trabajo en 2018, un 20% más que los alaveses y un 11% más que los vizcaínos. Por sexos, las mujeres confiesan menores expectativas que los hombres sobre la posibilidad de acceder al mercado laboral en el plazo de un año (un 74% ellas frente a un 82% ellos). Algo más de siete de cada diez creen que encontrará un puesto relacionado con su formación, mientras que en 2013 tan solo un 46% tenía esa esperanza.

No se van de casa

El informe muestra las percepciones de los que ya tienen un empleo. Hace cinco años, 6 de cada 10 consideraba ‘muy’ o ‘bastante probable’ que se fueran al paro o que empeorasen sus condiciones laborales en los siguientes doce meses. En 2017, esa cifra se ha rebajado hasta la mitad, y solo 3 de cada 10 son tan pesimistas. No obstante, ese miedo es mayor para la población entre 20 y 24 años. Y si la crisis económica provocó la conocida como ‘fuga de cerebros’, por la que muchos jóvenes con talento se trasladaron al extranjero en busca de oportunidades laborales dignas, el informe revela que ahora tan solo un 11% de los encuestados creen que se verán forzados a emigrar para conseguir un trabajo.

Las expectativas sobre la emancipación son las únicas que no han sufrido cambios y que mantienen los valores de 2013. Entonces, el 45% de los jóvenes consideraba que no iba a poder llevar a cabo sus proyectos para independizarse, bien por no poder abandonar el hogar familiar o porque a pesar de vivir por su cuenta creían que tendrían que volver a casa de sus padres. Los últimos datos confirman que esa cifra apenas ha variado (46%), aunque los jóvenes entre 20 y 24 años siguen siendo los que creen que lo tienen más complicado, ya que más de la mitad considera que sus planes de emancipación se verán truncados en el plazo de un año. Hombres y mujeres comparten esas mismas bajas expectativas de poder vivir fuera del hogar familiar en un futuro próximo.

La encuesta indaga en la valoración que hace la población juvenil de su momento presente. La situación personal y general de los jóvenes en Euskadi ha pasado de una puntuación de 60 a 69, en una escala de 0 a 100. La mejor nota la sacan en ‘satisfacción personal’, 8 de cada 10 dan una valoración positiva a este apartado, un porcentaje que apenas varía entre grupos de edad, sexos o territorios. Los encuestados le ponen poco más de un aprobado (6,1) al momento actual de la juventud vasca.

Lo primero, la familia

El informe del Observatorio permite elaborar un ránking con los aspectos que consideran más importantes de sus vidas y el grado de satisfacción en cada uno de ellos. En los tres primeros puestos se encuentran la familia, la salud y las amistades, mientras que el empleo y el dinero los sitúan a la cola.

El informe concluye que la juventud vasca es mayoritariamente optimista en lo que se refiere a su futuro. Y, sobre todo, mucho más que hace un lustro. La puntuación media que dan a las expectativas respecto a la evolución de la situación personal, de la juventud y del País Vasco en el plazo de cinco años es de 75 sobre 100 (en 2013 el índice de confianza en el porvenir era de 64 puntos).

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