Una funesta manera de pensar... así

¿Por qué son tan pocos quienes se atreven a defender en Euskadi a los empresarios?

Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

El pasado domingo, en el campo de fútbol de Balaídos, un pequeño terreno de tan solo 105x69 metros -7.245 metros cuadrados en total-, correteaban once de los doce (¿?) mayores sueldos de Bizkaia. ¿Le preocupa a alguien lo que ganan gure mutilak? No, qué va, estamos muy orgullosos de ellos. Nos preocupa que los 2,2 millones de euros netos -unos 4 millones brutos- que le ofrecemos a Kepa Arrizabalaga, nuestra estrella en la portería, un mozo ondarrés de tan solo 23 años, sean insuficientes para que renueve con el club.

Sin embargo, el martes conocíamos la reforma (¿?) fiscal que se va a implantar en el País Vasco y que, básicamente, consiste en un endurecimiento del Impuesto de Sociedades. No se rebajan los tipos, pero sí se reducen algunas de las deducciones. Si han escuchado las declaraciones de los líderes políticos que negociaron y aprobaron la reforma, sabrán que este es un mal momento para bajar los impuestos, aunque se les ha olvidado decirnos por qué lo es y cuál será el buen momento. Para Joseba Egibar, las quejas patronales son «puestas en escena que intentan condicionar, pero nada más». Para EH Bildu esto no es una reforma, sino un caso flagrante de fraude fiscal. Para Podemos son cuatro parches que benefician a unos pocos; y para el PSE, no es un drama y no va a ahogar a nadie.

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Una pregunta ingenua: ¿Cuántos empleos y cuántas empresas piensan crear ellos una vez conocida tan benéfica reforma? Hemos encargado la definición del entorno legal y fiscal a personas que en toda su vida no han creado, ni piensan crear, una empresa. No tienen ganas, y algunos lo consideran casi una ofensa recordárselo. Claro que tienen los votos necesarios para mandar -nada que objetar-, pero no deja de ser una situación curiosa.

El objetivo reconocido es aumentar la recaudación, pero nadie se ha parado a explicar por qué razón aquí, con una presión más elevada, ha crecido la recaudación menos que en el resto de España, con una presión más baja. Otro mantra consiste en afirmar que la diferencia entre la presión fiscal nominal y la real es muy grande, porque la primera es elevada pero la segunda es baja. Pero se vuelve a olvidar que la diferencia se explica por las inversiones efectuadas en temas como el medio ambiente, la energía, el I+D, etc,. ¿No tienen ya interés estos temas, o es que se trata de que primero paguen las empresas para que luego se lo devuelva la Administración, tras pasar por el control de varias decenas de funcionarios y unos cuantos comités? No es un sistema eficiente.

Y si se trata de recaudar más, ¿qué hay del tipo que grava a las cooperativas? ¿Se atreve alguien con eso? Una última cuestión que conviene recordar. El Impuesto de Sociedades no grava a los empresarios, reduce el margen que les queda a las empresas para repartir dividendos, sí, pero también para invertir y para consolidar los balances y ser menos dependientes de la financiación ajena. Entonces, ¿por qué no se alivia la carga de los beneficios no repartidos? ¿Por qué pensamos aquí que los empresarios son seres que sólo merecen castigo por atreverse a dar empleo? ¿Por qué son tan pocos quienes se atreven a defenderlos? Cuando Kepa Arrizabalaga tenga a bien admitir los 2,2 millones de euros netos, le aplaudiremos todos en San Mamés. Vale, pues nada, así están las cosas...

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