Europa se crece y responderá con el ojo por ojo a la guerra comercial de Trump

Donald Trump./EFE
Donald Trump. / EFE

Washington, tras tres meses de chantaje, aprueba los aranceles del 25% y el 10% al acero y el aluminio comunitarios

ADOLFO LORENTE

Lo que todo el mundo esperaba, sucedió. Habemus guerra comercial entre Estados Unidos y Europa. Habemus incertidumbre económica de primera magnitud. Habemus lío. Después de tres meses de chantaje, la Administración liderada por Donald Trump anunció ayer que ya basta de prórrogas, que desde hoy entrarán en vigor los aranceles del 25% y el 10% al acero y el aluminio comunitarios. Estaban aprobados desde el 1 de abril, pero desde entonces, Trump y los suyos se han limitado a negociar con una pistola sobre la mesa apuntando a Europa. Y Europa, como se evidencia con esta decisión, no ha cedido a las formas del presidente norteamericano. «No aceptaremos negociar con la espada de Damocles sobre nuestras cabezas», venían insistiendo todos los líderes comunitarios. Dicho y hecho.

Uno de los consuelos europeos es que EE UU ha metido en el mismo saco a Canadá y México, otros dos socios comerciales de primer nivel y hasta la existencia de Trump, amigos íntimos de la Casa Blanca. Pero esto es pasado. Hermoso, pero pasado. El presente no presagia nada bueno y el futuro está teñido de negro. Sin embargo, la UE está decidida a hacer de este nuevo contratiempo una oportunidad. «Responderemos al 'América primero' con el 'Europa unida'», recalcó el Gobierno alemán. Mismo mensaje y tono durísimo desde París, de la Eurocámara, desde las patronales... Hay conjura en contra de Washington.

6.400
millones es la cifra a la que ascenderán las represalias comerciales de Europa contra EE UU.
349
productos ha identificado Europa para imponerles aranceles de acceso a la Unión.

Bruselas no mirará hacia otro lado y con toda la diplomacia que le caracteriza, actuará bajo los dictados del ojo por ojo. El hartazgo es notable y consideran que ya basta de chantajes y de desaires. Si quiere guerra, habrá guerra, resume el leitmotiv comunitario. El primer paso, ya dado hace unos días, es llevar todo el asunto ante la Organización Mundial del Comercio. Primero, denunciando la actitud de Washington; y segundo, imponiendo represalias comerciales que entrarán en vigor de forma progresiva.

Ahora, la batalla de la OMC

En marzo, la Comisión publicó un prolijo listado de 349 productos que serán objeto de tarifas de acceso al mercado único europeo si Trump no recula. El impacto total para la economía de EE UU sería de 6.400 millones. Eso sí, habría dos fases. En la primera afectaría a 186 bienes, como zumo de naranja, arándanos, arroz, maíz, whisky, tabaco, cosméticos, vaqueros y acero. Se les aplicaría un arancel del 25%. El impacto sería de 2.800 millones, el mismo que las medidas americanas sobre la UE. Para una segunda fase se han seleccionado 163 productos, como laca, toallitas, mantas o cerámica. El arancel sería del 10% y entraría en vigor dentro de tres años. Su impacto, 3.600 millones.

«Es puro y simple proteccionismo. Estados Unidos no nos deja otra opción que proceder con un caso de solución de diferencias ante la OMC y con la imposición de aranceles adicionales en una serie de importaciones de EE UU», lamentó ayer el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. En un duro comunicado, reiteró que defenderán «los intereses de la Unión cumpliendo enteramente con las leyes de comercio internacional». Un mensaje que pretende dejar en evidencia la decisión de Trump de saltarse las reglas de forma unilateral y a la torera. El problema es que al presidente estadounidense poco le importa lo que diga la OMC. Si no falla como a él le gusta, es posible que la Organización Mundial del Comercio tenga las horas contadas.

Bruselas iniciará hoy todo los trámites burocráticos de su contraofensiva. «Hoy es un mal día para el comercio mundial. Hemos hecho todo lo posible para evitar este resultado», lamentó la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström. Lleva meses negociando con su homólogo estadounidense, Wilbur Ross, pero no ha servido de nada. «En estas conversaciones, EE UU ha tratado de usar la amenaza de restricciones comerciales para obtener concesiones de la UE. Nosotros no negociamos así». zanjó. Habemus lío.

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