La revolución 4.0 llega a los astilleros vascos

Ana Santiago, CEO de Sisteplant, advierte que los astilleros deberán hacer «serios esfuerzos» para modernizarse./Luis Ángel Gómez
Ana Santiago, CEO de Sisteplant, advierte que los astilleros deberán hacer «serios esfuerzos» para modernizarse. / Luis Ángel Gómez

La industria naval de Euskadi se enfrenta a la tarea de digitalizar la fabricación de barcos para garantizarse un futuro en el sector

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Desde que en la Edad Media comenzó a escribirse la historia de la industria naval vasca, introducir los avances de cada época ha sido uno de los principales desafíos para no perder el compás de la modernidad. Navíos rudimentarios de madera se transformaron así siglos más tarde en buques acorazados de mayor tamaño. Ahora, con la llegada de la revolución digital, el ciclo se repite. El futuro ya tiene nombre: astilleros 4.0. «Ágiles, flexibles y con capacidad para personalizar», resume Ana Santiago, CEO de Sisteplant, la empresa que junto al Foro Marítimo Vasco realizará estos meses un diagnóstico para convertirlos en instalaciones de última generación.

Aunque el grado de incorporación tecnológica de Euskadi despunta respecto al resto de la industria nacional, «en una comparativa con Europa y con el entorno 4.0 quedan deberes por hacer», insiste Santiago. Los astilleros vascos requieren «esfuerzos serios para digitalizar sus procesos», introducir sensores, realidad aumentada, visión artificial, robótica colaborativa y big data con el fin de «dotar de más inteligencia al producto final» y ofrecer «servicios complementarios», una vez vendido el barco. En síntesis, «ser más competitivos».

Las claves

Detectar las necesidades
La compañía Sisteplant examinará los principales astilleros vascos para iniciar la transformación
Las ventajas
El salto tecnológico acortaría hasta un 30% los plazos de entrega y al 20% los costes de producción

La advertencia de Sisteplant -que cuenta con más de tres décadas de experiencia en el asesoramiento a empresas para la optimización de sus procesos productivos- se sustenta en la realidad del sector naval, cada vez más disputado y con competidores punteros como China y Corea. A diferencia de la extendida creencia de que el éxito del gigante asiático está en su «mano de obra barata», Santiago asegura que «las estrategias basadas en la reducción de costes no garantizan el futuro». «China es la potencia que más robots tiene incorporados. La tecnología es su estrategia de crecimiento y además sus costes salariales han aumentado mucho y puede que se igualen a los nuestros», señala, mientras insta a los fabricantes vascos a abandonar «enfoques conformistas».

En los próximos «cuatro o cinco meses», un equipo de expertos de Sisteplant -respaldado por el grupo Spri- visitará los cuatro principales astilleros de Euskadi para hacer un estudio pormenorizado que calibrará las necesidades de digitalización y trazará un «plan rector» que se extenderá a toda la red de proveedores. Acudirán a las instalaciones de Murueta, Balenciaga, Zamakona y La Naval, cuando en esta última «se solucione un poco su situación». Aunque Santiago considera que unas tecnologías futuristas «habrían ayudado» a la compañía de Sestao a no perder dinero al producir piezas defectuosas, no cree que sólo eso le habría evitado caer en concurso de acreedores, como está ahora.

Cómo financiar el cambio

¿Pero están los astilleros vascos en condiciones de asumir los costes millonarios de la transformación digital? Para Santiago la clave es la planificación. «Hay que buscar el equilibrio porque con las acciones a corto se debe generar caja para financiar la estrategia a largo plazo», subraya. No en vano, apunta que un cambio de esta índole «no se puede plantear en menos de un horizonte de cinco a diez años». Eso sí, ya hay retos urgentes, como «reducir los plazos de entrega», corregir la «falta de coordinación de la cadena de valor», «analizar las variables a tiempo real para reaccionar» cuando algo sale mal en la producción, y aprovechar la «experiencia posterior de uso del barco» para ver dónde falla y subsanarlo en nuevos productos.

Un astillero 4.0 acortaría «entre un 20% y un 30% los plazos de entrega», los costes de producción se reducirían en una quinta parte y además «el índice de rechazo de piezas debe ser tendente a cero», cita la CEO de Sisteplant para evidenciar las importantes ventajas de la digitalización de los procesos. Otro factor clave para «ganar competitividad y llegar a nuevos mercados» es que las máquinas podrían hacer «productos muy personalizados, en series muy cortas, y con mayor precisión en el montaje».

El horizonte venidero, como apunta Santiago, va hacia barcos y procesos más avanzados. «El sector tiene futuro. Pero creer que el negocio tradicional nos va a garantizar la continuidad es pensar con un enfoque muy cortoplacista», reconoce. De la misma manera, avisa de que esa revolución digital que llega requerirá la «incorporación de nuevos perfiles profesionales» en los astilleros de Euskadi y «planes de capacitación» para las actuales plantillas. «Los empleados no tienen de qué preocuparse. No van a sobrar. Las tecnologías sólo van a ayudar y favorecer el trabajo», pronostica.

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