Los diez agujeros negros de la industria vasca

Una decena de empresas entra de nuevo en crisis, pese la recuperación de la economía, lo que amenaza sus 2.000 empleos directos y otros tantos indirectos

Jesús L. Ortega
JESÚS L. ORTEGA

Cuando la gran mayoría de las empresas vascas ya empiezan a ver la crisis por el retrovisor, al menos una decena de destacadas compañías industriales atraviesan momentos extremadamente delicados. Algunas han recaído en crisis que nunca acabaron de dejar atrás y otras, simplemente, han dejado de ser rentables o de interesar a sus propietarios. En total suman unos 2.000 puestos de trabajo directos y otros tantos indirectos, cerca de medio millar de ellos ya extinguidos.

Aunque son de subsectores totalmente diferentes (naval, eletrodomésticos, energía, vidrio, mobiliario, papelero, tubos o piedra) la mayoría tienen en común la búsqueda desesperada de un inversor para su salvación que, sin embargo, como un ‘Bienvenido míster Marshall’ ha pasado de largo por algunas, o como en ‘Esperando a Godot’, simplemente nunca llegó.

1. La Naval 42 millones para su salvación

Emblema de la que un día fue la pujante industria naval vasca y superviviente desde 1909 de guerras, reconversiones, fusiones, ventas y un sinfín de crisis, Construcciones Navales del Norte -popularmente, La Naval- podría estar llegando a su fin. Y lo hace, curiosamente, cuando aún cuenta con la construcción de cuatro barcos que le asegurarían carga de trabajo hasta 2019.

215 trabajadores

El histórico astillero, con carga de trabajo hasta 2019, necesita una inversión millonaria urgente.

Pero las pérdidas de unos 60 millones de euros registradas el pasado año, unidas a una deuda de otros 40 millones a los proveedores del astillero y a 150 millones más en créditos que la empresa tiene con los bancos, hacen insostenible la situación. Sólo una ampliación de capital de 42 millones de euros podría insuflar aire a la compañía. La esperanza de los 215 trabajadores directos del astillero, más otros 1.600 indirectos de subcontratas, estaba puesta en un nuevo inversor, el millonario asturiano residente en Miami Manuel del Dago, que se había comprometido a poner el 80% de ese dinero el pasado viernes. Pero llegado el momento ha pedido 40 días más para disponer de esos fondos.

2. Edesa Industrial (Fagor CNA) Un «fallo» de cálculo

Fagor Electrodomésticos protagonizó en octubre de 2013 un auténtico terremoto con su quiebra. El Grupo Mondragón dejó caer a su ‘joya de la corona’ con deudas por más de 1.000 millones de euros. Un año después, la firma catalana CNA la compraba por 42,5 millones, de los que 30 eran de créditos y avales. La operación contó con los parabienes del Gobierno vasco, que ahora tiene un monumental enfado con sus responsables después de haberse enterado por la prensa de que declararon a Edesa Industrial -su denominación actual- en preconcurso de acreedores, con una deuda de unos 100 millones de euros.

350 trabajadores

El grupo catalán CNA ha fracasado en su intento de reflotar la antigua Fagor Electrodomésticos.

CNA reanudó la actividad de las plantas de Mondragón, Eskoriatza y Basauri con unas previsiones que a algunos ya les parecieron demasiado optimistas: ganar dinero y llegar a emplear a 705 personas en tan solo un año. Esta misma semana sus responsables han admitido que sus cálculos «no fueron correctos». Los beneficios no han llegado, el empleo se ha quedado en unos 300 trabajadores en Gipuzkoa y poco más de 40 en Basauri, la búsqueda de socios no ha dado frutos y tampoco hay un nuevo plan de viabilidad.

3. General Electric Deslocalización pura y dura

Cuando a finales de 2015 entró en funcionamiento la planta que Alstom había levantado en Ortuella y que pasó a manos de General Electric por la venta de la multinacional francesa a la estadounidense de su división de energía, nada hacía presagiar que tan sólo año y medio después la firma norteamericana iba a decidir su cierre por una cuestión de pura y dura deslocalización. General Electric aduce que su negocio hidráulico -en Ortuella se fabrican generadores para centrales hidroeléctricas- ya no es rentable en Europa, donde perdió 230 millones el pasado año, y probablemente se lo llevará a países emergentes.

147 trabajadores

Tras poco más de año y medio de vida la multinacional norteamericana ha decidido su cierre para deslocalizarla.

El cierre irrevocable se producirá a la vuelta del verano y la única esperanza para los 147 trabajadores de su plantilla es que la empresa se ha comprometido a intentar recolocar a un máximo de 30 personas entre una oficina y otras dos instalaciones que General Electric tiene en Zamudio y Andoain.

4. Muebles Xey Víctima de la ‘burbuja’

Tan sólo un mes después de entrar en concurso de acreedores acuciada por una deuda con bancos, proveedores y trabajadores que ronda los 30 millones de euros, la dirección de Muebles Xey comunicó el pasado miércoles al comité de empresa la liquidación inminente de un negocio con 56 años de historia. El cierre dejará sin empleo a los 170 trabajadores de la plantilla, 140 de ellos en su fábrica de Zumaia y el resto, en su red comercial.

170 trabajadores

Sin acuerdo entre los socios y sin un inversor que aportase fondos la firma ha entrado en liquidación.

La compañía especializada en mobiliario de cocinas y baños es otra víctima de la ‘burbuja’ inmobiliaria. En 2007 llegó a facturar 60 millones de euros, pero con la crisis entró en pérdidas que se han ido acumulado a lo largo de los años. Al igual que los EREs. En 2012, con Xey en caída libre, el conocido empresario guipuzcoano Victoriano Susperregui convenció a un grupo directivo y al Gobierno vasco, que participó con 1,3 millones de euros y posee algo más de un 30% de su capital, para tratar de reflotar la firma. El relanzamiento parece que funcionaba, pero a pesar de llegar a facturar 25 millones en 2016, la losa de la deuda de 18 millones que no ha podido ser refinanciada con los bancos ha resultado ser demasiado pesada.

5. Vicrila Nueve meses en concurso

Los 127 años de historia del fabricante vizcaíno de vidrio de mesa Vicrila dependen de la inminente decisión del juez concursal. La empresa ha entrado ya en tiempo de descuento después de nueve meses en concurso de acreedores, presentado tras haber acumulado una deuda de 50 millones de euros desde que en 2009, con la crisis, comenzaron sus problemas. Una situación concursal que se ha ido prorrogando a medida que aparecían y desaparecían grupos interesados en hacerse con su propiedad.

290 trabajadores

Ha tenido varios pretendientes pero se han ido retirando. Ahora tiene las esperanzas puestas en Gestiber.

Su comité de empresa siempre ha mantenido dos condiciones irrenunciables para aceptar cualquier propuesta: que no hubiera ningún despido entre sus 290 trabajadores y la salida del equipo directivo.

La última oferta, la del fondo Gestiber, ha recibido la aprobación de la mayoría de la plantilla ya que respeta todos los puestos de trabajo y compromete una inversión de 15 millones de euros. Eso sí, a cambio impone una reducción salarial del 20%, un aumento de la jornada anual en 10 días más y una flexibilidad funcional total. Sin embargo, a Gestiber aún le queda la nada sencilla tarea de renegociar con los bancos la abultada deuda de la compañía.

6 BSH (Grupo Bosch) Incertidumbre por su venta

Hace ya casi cuatro meses que el fabricante de electrodomésticos BSH, perteneciente al grupo Bosch, anunció su intención de vender su negocio de producción de planchas, que tiene en Vitoria una de sus dos factorías (la otra está en China). Desde entonces, los 260 trabajadores -60 de ellos eventuales- de la antigua Ufesa viven con la intranquilidad de un futuro incierto. La planta alavesa, que ha cumplido 40 años, produce 1,3 millones de planchas al año y es la única con pérdidas de las siete que, dedicadas a la fabricación de diversos electrodomésticos, tiene BSH en España.

260 trabajadores

La antigua Ufesa está a la venta porque Bosch considera que la fabricación de planchas ya no es negocio.

Según la compañía, su intención es encontrar un comprador «adecuado», pero los posibles interesados estarían en la competencia, lo que genera una gran desconfianza entre la plantilla. Los trabajadores denuncian además «falta de transparencia» porque desde aquel anuncio no han tenido noticia de negociación alguna sobre esa venta por parte de la dirección. Por ello temen que al final se pueda llegar incluso al cierre de la factoría alavesa.

7. CEL Technologies & Systemm Con la electricidad cortada

La situación del grupo papelero CEL, con sede en una de sus dos plantas de la localidad alavesa de Artziniega y otras dos fábricas en Zalla y Güeñes, ha llegado a tal punto que a tres de estas factorías ya se les ha cortado el suministro eléctrico por falta de pago y otra está a punto de dejar de producir por falta de materia prima. En concurso de acreedores desde hace dos semanas, la dirección pidió hace un mes a toda su plantilla una rebaja salarial media del 20%.

254 trabajadores

Inversiones millonarias desde antes de ser la antigüa Virtisú no han logrado su salvación definitiva.

Estas plantas, en las que se fabrica pasta destintada, bobina madre de tisú, diferentes productos de celulosa y jabones líquidos, arrastran décadas de problemas. Tanto el Gobierno vasco, con un 40% de acciones a través del capital-riesgo Ezten, como Indarkia, con un 45%, salieron del grupo en mayo pasado, quedando en manos de Zurbost, que hasta entonces sólo ostentaba un 15%. Además, buena parte de los activos de las fábricas vizcaínas pertenecen a la Diputación de Bizkaia, que en 2006 compró los terrenos y las máquinas por 15 millones de euros para evitar su deslocalización, y ahora los tenía cedidos en alquiler.

8. STS-SERT Impagos del extranjero

En el origen del cierre de Siderúrgica de Tubo Soldado (STS) y de su filial Sociedad Española de Revestimiento de Tubos (SERT) están los impagos de varias empresas públicas extranjeras -sobre todo de una en Venezuela-, por importe de casi 18 millones de euros. A ello se unió la práctica paralización durante los dos últimos años de las inversiones internacionales en redes de distribución de gas -las compañías gasísticas figuraban entre sus principales clientes-, así como de proyectos termosolares.

87 trabajadores

La internacionalización ha acabado siendo la tumba de estas dos empresas por impagos del extranjero.

Estos reveses engordaron una deuda que acabó llevando a estas dos empresas alavesas con más de dos décadas de trayectoria a la presentación, en diciembre pasado, de un concurso de acreedores, y dos meses más tarde a solicitar la extinción de los contratos de sus 87 trabajadores, 61 de STS y 26 de SERT.

9. Ingemar Otra damnificada del ‘ladrillo’

La crisis de la construcción impactó de lleno en esta empresa guipuzcoana dedicada a la transformación, distribución y comercialización de granito y mármoles. Por ello, sus problemas comenzaron ya en 2009. Entonces contaba con unos 200 trabajadores. Hoy, tras varios EREs y prolongadas huelgas en 2009, 2011 y 2016 tiene poco más de 70 empleados. Y sobre ellos pesa, además, desde el mes pasado un ERE de extinción presentado después de que a principios de año la compañía se declarara ante un Juzgado Mercantil de Lugo -cuenta con otra planta en Galicia en la que tiene el grueso de su actividad- en concurso de acreedores, con un pasivo de 50 millones de euros.

72 trabajadores

La falta de aportación de un millón de euros por parte de sus propietarios ha desencadenado su final.

Ingemar, cuyo origen se remonta a 1952, protagonizó a finales del año pasado una rocambolesca espantada después de que trabajadores, Gobierno vasco, Diputación de Gipuzkoa, Kutxabank, Banco Sabadell y Elkargi comprometieran medios y esfuerzo para salvar la firma, siempre que sus propietarios inyectaran un millón de euros mediante una ampliación de capital. El dinero debía aportarse antes del 25 de diciembre, pero nunca llegó.

10. Ofita Drástico recorte de plantilla

Al igual que en la anterior, esta empresa alavesa especializada en la fabricación de mobiliario de oficina y en el diseño y equipamiento de espacios profesionales, comenzó en 2009 a encadenar EREs que se sucedieron hasta 2012. Antes de la crisis su factoría de Vitoria contaba con unos 110 empleados, de los que 25 eran eventuales. Hoy quedan 76 pero la compañía quiere reducir la plantilla a algo más de la mitad, aplicando ocho prejubilaciones y 22 despidos voluntarios en el marco de una reestructuración que afectará también a empleados de firmas vinculadas al grupo o delegaciones que tiene en Madrid y Barcelona.

76 trabajadores

No sufre mayores problemas económicos, pero la firma quiere reducir en más de un 40% su plantilla.

La empresa, que acaba de cumplir 48 años y que no sufre en este momento mayores problemas económicos, está volcada en el aumento de su mercado exterior, que supone algo más del 20% -quiere llegar al 35% en dos años- de una facturación que alcanza los 37 millones de euros.

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