la cruda realidad

El presidente Pedro Sánchez y la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, con los líderes de Cepyme y CEOE. /EFE
El presidente Pedro Sánchez y la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, con los líderes de Cepyme y CEOE. / EFE
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

La conclusión a la que ha llegado la nueva ministra de trabajo, Magdalena Valerio, después de intentar la reforma laboral, me parece una cruda lección de realismo. Una vez - y van tantas que deberíamos haberlo aprendido todos -, se constata que una cosa es predicar, es decir criticar desde la oposición todo lo que hace el gobierno de turno, y otra, bien diferente, dar trigo, es decir elegir entre la soluciones posibles para tratar de solucionar los problemas reales. La ministra se disculpó ante los suyos, dijo que con la mayoría que tuvo Felipe González hubiesen hecho el 155% (¿mentó sin querer al diablo o lo hizo a propósito?) de su programa. Para reconocer a continuación que su delicada posición parlamentaria no le permite muchas alegrías y le hace un «achique de espacios» que hubiera hecho las delicias del flaco Menotti.

No debería estar triste. Las cosas son así y no como queremos que sean. Además, la ministra va a recibir dos regalos de valor incalculable. Uno es que la coyuntura no ceja. La bonanza económica tiene una inercia considerable y le va a permitir disfrutar de varios trimestres de buenos datos del empleo. Quizás le alcance para toda su legislatura. Otro, que los agentes sociales están a punto de alcanzar un acuerdo, fundamentalmente, sobre salarios que ella no tiene más que rubricar mientras entona un amén sonoro.

Porque todo lo que pacten los agentes sociales debería ser palabra revelada para el gobierno. La ministra tiene muy buenas intenciones y sabe perfectamente cómo debe de ser el empleo, las pensiones, etc. Lo sabe tan bien que resulta sorprendente - y una auténtica pena -, que nunca haya tenido la tentación de crear unos cuantos. Pero los empresarios y los sindicatos conocen este mundo desde dentro y, aunque no siempre tengan visiones, ni intereses coincidentes en ocasiones alcanzan acuerdos que acostumbran a ser más sólidos y eficaces que las decisiones gubernamentales impuestas desde la lejanía de un despacho.

Por si fuera poco, la reforma laboral en vigor ha sido denostada por la oposición, pero aplaudida por los organismos internacionales y, esto es lo mejor, por las estadísticas. Así que toda prudencia es poca y todo cambio debe ser estudiado y medido, no vayamos a fastidiar la ya larga serie de crecimientos trimestrales del empleo.

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