El coste del desvarío

Marta Rovira y Oriol Junqueras./EFE
Marta Rovira y Oriol Junqueras. / EFE
Ignacio Marco-Gardoqui
IGNACIO MARCO-GARDOQUI

¿Qué más necesitamos para justificar el incendio? Nada. Lo tenemos todo. Ayer por la noche se inició la campaña electoral para las elecciones catalanas y por la mañana se conocieron los datos del empleo y el paro correspondientes al mes de noviembre. Ya habrá visto el resultado: el número de parados se incrementó en toda España en 7.255 personas. Pero solo en Cataluña subieron en 7.391. Es decir, en Cataluña se incrementaron los parados más que en todo el resto de España. Si las matemáticas siguen en vigor, en el resto tuvo que bajar un poco el paro necesariamente.

¿Se puede decir que el proceso hacia la independencia no es dañino para la economía? Sí se puede, de hecho se sigue diciendo. La última vez lo dijo Marta Rovira en la televisión en la noche del domingo y, aunque no le creció la nariz -al menos no aparentemente-, no dio ni un solo dato para sustentar su opinion. Se puede, pero es necesario ser muy malo, muy tonto o ambas cosas a la vez.

¿Cómo se pueden poner los irrealizables sueños de unos desvariados por delante del empleo de la gente corriente? ¿Cómo se puede desdeñar con tamaña irresponsabilidad la realidad de las cosas? ¿Cómo pueden olvidar o cómo pueden desconocer algunos gobernantes o aspirantes a gobernantes las leyes más básicas del funcionamiento de la economía? Esas que determinan que la actividad económica solo florece en hábitats libres, estables y previsibles y que, en consecuencia, huye de las discrecionalidades, las inestabilidades y las inseguridades.

Eliminen los datos de Cataluña y verán que, en el resto de España, la cosa no ha sido tan mala para un mes de noviembre, siempre decepcionante para el mundo laboral, cuando los empleos relacionados con el turismo han decaído por completo y todavía no han surgido los inducidos por el ardor consumista que nos arrebata durante las navidades.

Los datos de un mes son siempre poca base para extraer de ellos conclusiones muy rotundas, pero aquí hay dos con las que resulta difícil equivocarse. Una que, en España y a pesar de todo, seguimos a un ritmo de creación de empleo superior al medio millón en términos anuales, lo que es mucho. Dos, que la deriva catalana ha producido ya un daño tremendo a su economía, que va a afectar también a la de todos, si no se encauza de inmediato. El día 21 es una buena oportunidad para intentarlo. A ver si el 'seny' vuelve por sus fueros.

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