Algunas contratas abandonan La Naval por el impago de varios meses

Espera. Uno de los barcos en los que trabaja La Naval, atracado junto al astillero. / Pedro Urresti

Tres accionistas hicieron ayer una ampliación de capital simbólica, de unos 4.000 euros, que permite ganar tiempo para buscar una solución

Manu Alvarez
MANU ALVAREZ

El astillero La Naval de Sestao ha entrado en tiempo de descuento, tras el fracaso de la ampliación de capital que había sido aprobada por los accionistas y que iba a permitir la entrada del empresario asturiano, afincado en Estados Unidos, Manuel del Dago. Ante el impago de la facturación de varios meses y la incertidumbre financiera que existe en torno a la empresa -en estos momentos no hay liquidez para abonar nuevos suministros-, varias contratas que trabajan en el interior de las instalaciones optaron ya ayer por desmontar sus equipos y abandonar el astillero. Otras han dado vacaciones a su plantilla y les han ordenado que ya no acudan el lunes a las dependencias vizcaínas. Según algunas estimaciones, la actividad de producción puede quedar muy mermada el mismo lunes, hasta que se clarifique si habrá o no inyección de dinero.

El primer plazo establecido para la ampliación de capital, que vencía ayer, se saldó con un movimiento puramente testimonial y táctico. Tres accionistas hicieron una aportación simbólica -en total apenas unos 4.000 euros-, lo que al menos les permite seguir vinculados a la sociedad y ganar tiempo a la espera de que el supuesto inversor clarifique su postura. Se trata de Naviera del Nervión -sociedad participada por Del Dago-, de Iniciativas Navales del Norte y del exdirector del astillero Iñaki Irasuegi. Las empresas Ingemat y Astilleros Murueta han dejado de ser accionistas al no acudir a la ampliación. Algunas fuentes aseguran que, si se reconduce la situación, Murueta permanecerá ligada a La Naval aunque sea de forma indirecta y como asesor industrial.

Manuel Del Dago se ha comprometido a concretar la próxima semana su proyecto de inversión

Hasta hace tan solo unos días todo parecía encarrilado. Había aparecido un ‘caballero blanco’ dispuesto a invertir algunas decenas de millones de euros en el astillero, la banca aceptaba la refinanciación y las tres empresas armadoras que tienen barcos en proceso de construcción habían aceptado fórmulas para rebajar las penalizaciones por el retraso que acumula la entrega de los mismos. Pero todo se comenzó a torcer a mediados de semana, cuando Del Dago decidió incumplir sus compromisos, para asegurar que necesitaba 40 días más para reunir el dinero destinado a esta operación.

Situación incomprensible

Mientras tanto, el malestar ha cundido entre los trabajadores; también en la banca -que había aceptado refinanciar la empresa- y en el Gobierno vasco, porque nadie alcanza a comprender las razones reales que han hecho fracasar una operación que parecía ya lista para materializarse. El empresario asturiano que ha hecho su fortuna en Colombia se ha convertido en la única tabla de salvación de la empresa. De momento no hay otra alternativa, ya que nadie más parece dispuesto a arriesgar su dinero en la sociedad.

La próxima semana puede ser crucial y marcará si el astillero se encamina hacia una solución o enfila la senda de la liquidación. La ampliación de capital simbólica realizada ayer -esto hay que tomárselo como una partida de poker de final impredecible-, permite al menos ganar algún tiempo, aunque no mucho. Fuentes del astillero señalaron como elemento positivo que el empresario asturiano Del Dago se haya comprometido a viajar a España a principios de semana. También han trasladado la idea de que ese viaje puede aclarar la situación, permitirá concretar su proyecto e incluso una primera inyección de dinero, necesaria para evitar que se detenga el proceso de construcción de los barcos. Un parón prolongado de la actividad en las gradas puede tener consecuencias nefastas, ya que de nuevo se incumplirían los plazos que se han renegociado con los armadores para la entrega de los cuatro buques en construcción: un cablero, dos dragas y un ferry.

La Naval ha llegado a tan delicado momento tras acumular importantes pérdidas en los tres últimos años, que han esquilmando los fondos propios de la sociedad. Ante esta situación, los socios decidieron hace ahora un mes realizar una ‘operación acordeón’. Esto es, dar por perdido todo el dinero que habían invertido en la empresa y realizar nuevas aportaciones. De momento, este es el punto en el que se ha detenido el proceso.

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