Conte Y Sánchez: test de esfuerzo para Europa

¿Las reformas de Sánchez serán congruentes con el ya complicado objetivo del 2,2% de déficit fiscal pactado con Bruselas para 2018?

Giuseppe Conte lidera en Italia un gobierno populista de coalición./
Giuseppe Conte lidera en Italia un gobierno populista de coalición.
MANFRED NOLTE

Aunque el futuro político inmediato de Italia y España dibuja en ambos escenarios diferenciados con problemas específicos, los mercados han activado su alarma amarilla por un posible común denominador. Nos referimos a la observancia en ambos territorios de la misión y de la letra de los acuerdos europeos. Son los programas económicos inmediatos los que van a determinar el nivel de riesgo y en consecuencia la volatilidad de los mercados en las próximas semanas. Ello, como es lógico dependerá en gran medida de los acuerdos alcanzados entre formaciones parlamentarias, que en ambos países revisten características de escasa o nula conciliación. A estas alturas resulta muy conveniente no confundir lo que ha constituido un mero suspiro de alivio -el rebote de los mercados el viernes pasado- con la constatación de la existencia de un equilibrio suficientemente estable en los países citados.

En Italia, tras semanas de negociaciones se ha constituido un gobierno populista de coalición, liderado por Giuseppe Conte, un desconocido profesor de Derecho. La coalición está formada por los anti europeístas del movimiento 5 Estrellas y el partido xenófobo de la Liga del Norte. A pesar de las apariencias la situación no ha cambiado en exceso sobre la de semanas atrás. Comparecen los mismos partidos anteriores, el mismo ministro tecnocrático y un programa en principio clónico del de la proclamación anterior. Desaparece de economía Paolo Savona, el auténtico anticristo de los mercados, que llegó incluso a sugerir un plan secreto de fin de semana para devolver a Italia al mundo de la lira. Lamentablemente para la causa de la estabilidad, el polémico economista no quedará fuera del gabinete y ocupará la cartera de Asuntos Europeos. La de economía estará en manos de Giovanni Tria menos sospechosos de anti europeísmo, otro profesor que piensa -muchos los hacemos- que la eurozona necesita numerosos arreglos y reformas.

Pero yendo al meollo de la cuestión, el gobierno entrante presenta un programa económico con una serie de medidas que, de llevarse a efecto, conducirían a un déficit fiscal del 6%, insostenible económicamente y que se sitúa al margen de las reglas acordadas con Bruselas en el Pacto de Estabilidad: recortes dramáticos de impuestos y aumento sustancial en los gastos sociales, incluida una renta básica universal de 780 euros/mes para personas desasistidas. Aunque las medidas gozan del consabido predicamento populista, no se ha acordado como financiarlas, con el agravante de que las propuestas de los partidos coaligados puedan ir en direcciones opuestas. El resultado de todo ello se llama incumplimiento de los Tratados de Maastricht. No resulta descabellado pensar, en consecuencia, en nuevas elecciones a corto plazo en las que el eje central vuelva a ser el euro y el cuestionamiento de la pertenencia de Italia a la eurozona.

Pedro Sánchez por su parte ha prometido «recuperar la normalidad política e institucional, regenerar la vida democrática y atender las urgencias sociales» que en clave pragmática supone deshacer varias leyes del Gobierno anterior, derogar algunas partes de la ley mordaza y de la reforma laboral, extender a los emigrantes la atención sanitaria, elevar las pensiones, aprobar una ley de igualdad salarial y aplicar una controvertida tasa al sistema bancario. Sánchez ha invocado también la reforma del sistema de financiación autonómico. Todo ello con 85 votos de los 350 del Congreso. Surgen aquí dos corolarios obvios: ¿Habrá una gobernabilidad concertada con formaciones populistas o anti europeístas? Y en segundo lugar ¿la reformas previstas serán congruentes con el objetivo del 2,2% de déficit fiscal pactado con Bruselas para 2018 y que la AIReF considera inviable, incluso antes de la transición política?

Los mercados, esa cosa etérea que incluye al fondo de inversión local que gestiona nuestros modestos ahorros y los de amplios segmentos de la ciudadanía, tiene sus dogmas. Estabilidad política y ausencia de incertidumbre. En función de esos parámetros los capitales abandonan unos escenarios inciertos en búsqueda de refugio y seguridad.

De momento, las empresas y la banca han pedido a Sánchez que no revierta las grandes reformas. Los compromisos europeos, con todas sus limitaciones son una referencia de estabilidad. En las semanas que siguen vamos a asistir de un doble estrés de esfuerzo a Europa con procedencia de dos de sus grandes economías.

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