Bruselas reserva 25.000 millones para convencer a los países de impulsar reformas

El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker./EFE
El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. / EFE

La Comisión diseña una capacidad fiscal de 30.000 millones para ayudar a los Estados a mantener las inversiones durante las crisis

ADOLFO LORENTECorresponsal Bruselas

Vuelve el clásico de los clásicos. Cuando en Bruselas se habla de nuevas propuestas en temas de considerable relevancia, siempre surge la teoría del vaso. ¿Medio lleno o medio vacío? ¿Es más que suficiente o se ha vuelto a pecar de falta de ambición? ¿Ha ganado Alemania o Francia? ¿La Eurozona seguirá de perfil o dará un salto adelante en su integración?

En pleno tsunami italiano y con fuertes rachas de viento procedentes de España, la Comisión Europea ha propuesto destinar 25.000 millones para converncer a los Estados miembros de que impulsen las reformas estructurales tan demandadas y necesarias, pero tan costosas políticamente. «Se trata de convencer, de apostar por los incentivos en lugar de por las sanciones», explican fuentes comunitarias. Más zanahoria y menos palos. Ojo, hay letra pequeña. En caso de que las reformas sean revertidas, el dinero deberá ser devuelto. No habrá barra libre.

Es una de las grandes propuestas recogidas en el presupuesto comunitario para el periodo 2021-2027. Unas cuentas claves al ser las primeras sin Reino Unido, cuya salida provocará un agujero anual de unos 13.000 millones. Dicho de otro modo, habrá recortes y los 27 deben pegarse entre ellos para sortearlos. Un matiz a tener muy en cuenta: todos tienen capacidad de veto; de ahí que es mejor no subestimar a nadie.

Además de estos 25.000 millones recogidos en el Programa de Apoyo a las Reformas, hay una segunda propuesta tasada por ahora en 30.000 millones y que serviría para mantener los niveles de inversión en ciertos países cuando vengan mal dadas: se trata de tener un instrumento que ofrezca a las autoridades más margen de maniobra para afrontar mejor crisis como la reciente Gran Recesión, donde la UE no estuvo a la altura.

Se llama Función Europea de Estabilización de las Inversiones y empezará en forma de préstamos cruzados con cargo al presupuesto de la UE por un valor de esos 30.000 millones, que irán a su vez acompañados de un componente de ayuda financiera a los Estados miembros para cubrir los costes de los intereses. «Los préstamos proporcionarán un apoyo financiero adicional en aquellos momentos en que las finanzas públicas se vean limitadas y deban mantenerse las inversiones prioritarias», explican estas fuentes. El apoyo no será gratis: habrá que cumplir ciertas normales fiscales y se establecerán límites.

En teoría, estaríamos hablando de una suerte de embrión del presupuesto para la Eurozona que siempre ha defendido el presidente francés, Emmanuel Macron. Su ambición europeísta, sin embargo, no está logrando convencer a la férrea Alemania y, sobre todo, a Holanda, el nuevo líder de ese 'club del no' del que también forman parte nórdicos y bálticos. No quieren ni oír hablar de compartir riesgos con el Sur y la verdad es que la grave crisis que se vive en Italia les da la razón. Es el argumento perfecto, su excusa para que la Eurozona siga de perfil.

«Las dos propuestas forman un todo coherente, dotándonos de nuevas herramientas tanto para reforzar la cohesión de la zona del euro como para preparar su expansión futura. Combinan responsabilidad con solidaridad, alentando a los Estados miembros a llevar a cabo reformas, ofreciéndoles al mismo tiempo apoyo financiero para facilitar ese proceso, a menudo difícil. En esto debe consistir la UE», recalcó el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici.

Llegan fechas claves. A finales de mes, los jefes de Estado y de gobierno celebran una cumbre en Bruselas para analizar si hay consenso para levantar el tercer y último pilar de la unión bancaria: un fondo único de garantía de depósitos, lograr que esos 100.000 euros ahora garantizados en las cuentas dejen de tener sello nacional para estampar un membrete europeo.

Entonces, ¿el vaso está medio lleno o medio vacío? «Es lo que hay. Quizá parezca poco, pero si hace tres años alguien dice que íbamos a tener tan avanzanda la unión bancaria le hubieran tachado de loco», aseguran fuentes diplomáticas. «Esto va de realismo, de un realismo que hay que pactar entre 28».

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