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Las mujeres pelotaris reivindicaron su espacio dentro de los frontones. / Hugo Madariaga

Una reivindicación emotiva

  • El frontón de Zaramaga acogió una jornada para dar visibilidad a la presencia de las mujeres en la especialidad, donde se rindió homenaje a la recordada Aranatze Pastor

vitoria. La pelota ha sido un deporte muy tradicional y cualquier cambio traía consigo intensos debates. Pero los nuevos tiempos también se han instalado en los frontones. Y lo más importante, para quedarse definitivamente. Poco a poco se está consiguiendo que la mujer se incorpore a la especialidad. Una muesca se plasmó el pasado sábado en el frontón de Zaramaga con motivo de una jornada para dar visibilidad a la presencia femenina en la especialidad con un componente muy emotivo. En la cita se rindió homenaje a la joven pelotari Aranatze Pastor, quien falleció el año pasado tras una larga enfermedad.

El festival comenzó con un encuentro que reunió a cerca de 40 jóvenes pelotaris pertenecientes a escuelas de La Rioja, Navarra, Gipuzkoa y Álava. «La implicación de los clubes fue magnífica», desvela Marian Gainzarain, componente de la organización. A las participantes les dividieron en dos zonas, unas en el frontis y otras en el rebote, donde estaban las más pequeñas, algunas con apenas siete años. Les programaron choques a 16 tantos y se disputaron 18 duelos, en los que dos chicas ejercieron de juezas. «No son profesionales, pero pertenecen al ‘mundillo’ pelotazale», explica. La idea era sacar «las chicas» al frontón y «desterrar» el comentario de que no hay. Unas juegan a mano y otras a pala. El problema llega al finalizar la etapa escolar. «El salto al campo federado resulta complicado, pero hay que ir paso a paso. De un año a otro las cosas están cambiando mucho. Nuestro trabajo pasa por abrir caminos y que no se cierren las puertas que ya están abiertas», subraya.

A continuación se celebró el estelar del festival entre la integrante del Zaramaga Leire Garay y Olatz Ruiz de Larramendi. El choque, disputado con pelota de medio toque «como lo hacen en competición», estuvo muy disputado, aunque el marcador final reflejase un amplio 22-9 a favor de la anfitriona. «Olatz había jugado por la mañana un torneo femenino en Zizur Mayor, que por cierto, ganó. Le agradecimos mucho el esfuerzo porque era su segundo partido del día. Nuestra idea era traer a Arrate Bergara y Alba Martínez para montar un encuentro de parejas, pero se vieron obligadas a renunciar porque jugaron y vencieron la final de Primera en la Emakume Master Cup, competición que también disputaron Olatz y Leire», remarca. El duelo contó con dos singulares botilleras, las bertsolaris Oihane Perea y Aroa Arrizubieta, quienes deleitaron al público con sus divertidas improvisaciones en la previa, durante los descansos y a la conclusión.

En la despedida se alcanzó el momento más emotivo con el homenaje tributado a Aranatze Pastor, quien formaba parte del Zaramaga, y contó con la presencia de su padre, Enrique, así como con la concejala de Igualdad del Ayuntamiento de Vitoria, Jaione Agirre; el director de Cultura, Deporte y Euskera de la Diputación, Joseba Pérez de Heredia, y el representante de la FAPV Josu Iruarrizaga. Gorka Ortiz de Urbina, quien mantiene una estrecha relación con el progenitor, le entregó una txapela y un trofeo. Un aurresku dirigido al padre, a la propia Aranatze y todas las chicas que juegan a mano puso el colofón a la jornada.

Topaketak

Como aperitivo, la Federación Alavesa de Pelota Vasca organizó un encuentro matinal dirigido a los pelotaris en categoría benjamín con el objetivo de aparcar la competición, «aunque no hay clasificaciones disputan sus finales», para acercarles la cesta en el Olave, la pala en el Ogueta y la mano en el trinkete Maitena, «una instalación con mucho atractivo y desconocida».

A la sesión acudieron cerca de un centenar de chavales, a quienes les distribuyeron en seis grupos. «Los tres primeros acudieron en la primera sesión de hora y media y el resto, a continuación», matiza el coordinador de base Aitor Xabier Ruiz de Luzuriaga. Durante 30 minutos se ejercitaban en cada especialidad y aprovecharon para enseñarles la dinámica del juego. «Les llama mucho la atención la longitud de la cancha y el calzarse la cesta, así como la complejidad de sus movimientos. Una vez aprendidos disfrutan mucho. El trinkete también levanta admiración por la jaula, la red, el tejadillo o el fraile», admite.

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