El Correo
El nadador del Menditxo regresó con cuatro medallas de Irún.
El nadador del Menditxo regresó con cuatro medallas de Irún. / Hugo Madariaga

«La natación es como un estilo de vida y me ha permitido hacer muchas amistades»

  • Campeón de Euskadi infantil de 100 y 200 braza

Durante las últimas tres semanas ha enlazado tres citas de copete. Primero, Mikel Montecucco formó parte de la expedición que compitió en el Campeonato de España de selecciones autonómicas, para después luchar por los máximos entorchados alaveses y cerrar el triángulo con la principal prueba invernal para los nadadores de su edad. En todas se marcó un mismo objetivo: mejorar tiempos para intentar aproximarse a las mínimas que le permitan regresar a la competición más importante del verano. El componente del CNMenditxo ha pasado el ecuador de la campaña con buenas sensaciones, «ya que me estoy acercando a mis metas», y con un botín de seis medallas, dos provinciales absolutas y cuatro en su categoría a nivel de Euskadi, un par individuales y otras tantas en relevos.

En Castellón el nadador del CNMenditxo se lanzó al agua en tres pruebas. Abrió con el 50 libre y finalizó contento por su rendimiento. «Me salió bastante bien. Hice 26.79 y bajé mi marca, aunque todavía me falta un segundo para lograr el objetivo. Había un nivel muy alto en comparación con el mío. Además, se me queda un poco corta la distancia. En el tema de calles no estaba preocupado debido a que siempre que me ponen en los lados me salen mejores marcas. Me fuerzo a mi mismo para lograr buenos tiempos», apunta. Posteriormente estaba programada el 100 braza, «uno de mis puntos fuertes». Ahí se marchó con sensaciones contradictorias, pero, tras el 200 cambiaron al poder rebajar con casi dos segundos la marca. «Acabé muy contento, a pesar de estar un poco lejos de las mínimas», señala Montecucco, que contribuyó al séptimo puesto de Euskadi en la general.

Una semana más tarde repitió programa en Mendizorroza pero en vez de la distancia más corta del crowl se decantó por la más larga. La primera medalla llegó en el 200 braza, donde paró el crono en 2.32. «Mejoré bastante. Piden 2.29 y estoy ya cerca», asume. Después completó el 1.500 libre, donde se proclamó campeón de Álava al aventajar en casi diez segundos al subcampeón y batir en casi dos minutos su tiempo. Y como siempre, arrancó con cierto temor. «Empiezo con miedo para ya dentro del agua coger confianza. Hasta la mitad suelo ir al mismo ritmo y luego hago un primer cambio para de manera progresiva terminar a tope. Al paso del ecuador ya marchaba en solitario», remarca.

El broche se produjo el pasado fin de semana en Irún con motivo del Campeonato de Euskadi infantil de invierno. Además de en sus pruebas fetiches, tomó parte en los 400 estilos, con la que se estrenó en la sesión vespertina del sábado. «Estaba con sensaciones contradictorias porque no empecé bien, pero hice un tiempo fantástico», avanza. Al día siguiente primero nadó el 200 braza y se quedó a dos segundos de la mínima, pero con el título en el zurrón. «En todo momento fui por delante. Arranqué potente, aunque cogiendo aire para aguantar en el último 50», añade. Después se lanzó al agua para tomar parte en el 100, donde «más esperanzas» tenía para subir al podio. «Aposté por regular al principio y concluir a tope. Le saqué mucha ventaja al segundo, la pena fue que me quedé a solo 5 décimas de la mínima», resalta. Montecucco remató su actuación con la plata en el 4x100 estilos, junto a Aitor Sastre, Iker Martín y Aritz Nájera, y el bronce en el 4x100 libres, en el que Eneko Delgado ocupó la plaza de Nájera.

Tic nervioso

Para encontrar sus inicios en la natación hay que retrotraerse a los periplos  vacacionales que disfrutaba en territorio transalpino. En uno de ellos un familiar descubrió que flotaba «bastante bien» y de vuelta a casa tomó la decisión deportiva de su vida. «Mis padres siempre habían querido que practicara algún deporte. En aquel momento hacía hockey patines pero no me entusiasmaban los especialidades de contacto. Un verano estaba en Italia y mi tío se dio cuenta que me podía ir bien la natación. A la vuelta, en septiembre, con ocho años me apunté al Menditxo», rememora.

Poco a poco fue quemando las etapas escolares hasta alcanzar el campo federado y cumplir este ejercicio su segundo como infantil. «Intentaré aprovechar la experiencia adquirida el año pasado, cuando era de los más pequeños en la categoría», advierte. En los albores practicaba espalda y curiosamente la braza era la que «peor» se le daba hasta que siguió los consejos de su técnico. «Me dijo que la probara y me enganchó mucho. Por eso también hago estilos. Mi entrenador dice que la braza es uno de los más importantes en ese tipo de pruebas. Es donde se puede sacar más ventaja, ya que a poca gente se le da bien y se le suele atragantar», matiza.

De la natación ha extraído diferentes enseñanzas que las ha aplicado a su vida privada. «Como ocupa mucho tiempo me ha aportado mucha organización y he aprendido a saber planificarme. Es como un estilo de vida y te permite hacer muchas amistades. Te relacionas con gente con la que estás muy a gusto y con la que llevas mucho tiempo compartiendo infinidad de cosas», matiza Montecucco.

A pesar de acumular ya muchas pruebas sigue padeciendo nervios antes de lanzarse al agua. Al contrario de otros que se abstraen con la música, el nadador del Menditxo prefiere relacionarse con los compañeros. «Prefiero estar serio y hablar con la gente que esté al lado. Luego, a la hora de la salida tengo un tic nervioso. Pienso que se me van a caer las gafas y estoy todo el rato ajustándolas. Me las aprieto cada vez más hasta que me tiro al agua», revela.

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