El Correo
Al corredor del Arabarrak desde siempre la ha atraído el ciclismo.
Al corredor del Arabarrak desde siempre la ha atraído el ciclismo. / Hugo Madariaga

«Estoy muy contento por mi rendimiento esta campaña, ya que he sido muy regular»

  • Subcampeón de Álava juvenil en contrarreloj individual

Ha firmado una progresión meteórica. Apenas suma año y medio en la especialidad y ya ha conseguido subir a lo más alto del podio. Antes a Alejandro Caro era más habitual verle practicar escalada o subir al monte, ya que siempre le han apasionado los deportes relacionados con la naturaleza, aunque durante unas campañas se ejercitó como delantero en el San Viator. «Lo dejé porque me di cuenta de que era un poco malo. En las dos últimas temporadas no me metí ni un gol», se sincera. Y como desde pequeño le había gustado andar en bicicleta, así como ver por televisión las grandes rondas por etapas o las clásicas, estaba claro que en algún momento iba a probar esta experiencia. «Salía con mi padre de vez en cuando y decidí comprarme una bicicleta. En verano hacía unos 30 km y solía ir hacia Zaldiaran. En cuanto la escalada dejó de llenarme, di el paso de practicar el ciclismo. Eso fue a mediados del año pasado», recuerda.

Esta campaña ha sido la primera en completar el calendario y los éxitos no han tardado en aparecer, a pesar de los pocos kilómetros que acumula. Los últimos puestos de honor se registraron en el Campeonato de Álava juvenil contrarreloj individual y por escuadras. Se presentó en la línea de salida de Murgia con bastante incertidumbre sobre el rendimiento que podía ofrecer en la lucha en solitario contra las manecillas del reloj. «Las semanas previas estuve entrenando poco porque había empezado la universidad. Al irme a vivir a una residencia a Derio tuve que cambiar la preparación y hacerla por carreteras de Bizkaia, algo a lo que no estaba acostumbrado. Eso sí, salía con la cabra. Por ese motivo no fui a reconocer el circuito. Sabía que Oier Lazkano me podía ganar, pero me veía con opciones», apunta. La planificación se antojaba clave ya que al rodar por una zona con mucho viento de cara las fuerzas podían flaquear en los últimos metros. Era fundamental no apretar mucho en la primera parte para llegar con fuerzas suficientes al tramo decisivo. «Pegaba de cara, así que había que saber regular. La crono me la llevó Aitor Rodríguez, un gran amigo. Le dije que me dejara tranquilo al principio para no calentarme. Dicen que en la última recta suele decidirse la prueba y llegué muy vacío. Fue una pena porque Lazkano solo me sacó un segundo», subraya Caro.

Una semana más parte pudo desquitarse con el Arabarrak en el Campeonato de Álava contrarreloj por equipos. Solo había cuatro en liza y las apuestas les otorgaban el cartel de favoritos. A pesar de no haber salido a entrenar juntos ningún día, ratificaron los pronósticos y se adjudicaron el entorchado provincial. «Trabajamos en bloque muy bien, aunque tuvimos algún fallo de organización, lo habitual al no haberlo preparado. Corrí junto a Aingeru Martínez de Albéniz, Xabier y Asier Arnaiz y Andoni López. El tercero era el que daba tiempo y llegamos cuatro. Nos entendimos de maravilla», se congratula.

Pero su primera gran victoria en una ronda por etapas se concretó en la Vuelta a Gipuzkoa. Era la segunda que corría, tras debutar en la Vuelta a Álava, donde terminó decimoquinto. Desde que arrancara la pretemporada en invierno se fijó como principal objetivo esta cita. Su entorno le advirtió que se amoldaba a sus características. Al prólogo de Aia, se dirigió con el único pensamiento de ser cauteloso y no perder mucho tiempo. «Era una crono demasiado explosiva para mí, muy técnica y peligrosa por las curvas ya que había llovido», indica. En cambio, en la segunda etapa experimentó mejores sensaciones y recuperó el optimismo. «Terminé muy contento. A priori, era la que peor se adaptaba a mis cualidades. Se subía Olaberria, con cuestas muy empinadas. Sufrí mucho pero entré con el grupo».

La decepción volvió a invadirle tras la disputa de la tercera etapa. Ahí había depositado mucha ilusión en conseguir algo positivo, aunque no pudo culminarlo. «Acabé muy desanimado. Lo intenté en Sosoka. Si coronaba en solitario, podía llegar, ya que solo quedaban cinco kilómetros y la gente se iba a vigilar. Nada más pasar el puerto me cogieron y entré con paquete. Me fui a casa triste porque no veía opciones de ganar», argumenta. Y ese pesimismo se incrementó el presentarse en la línea de salida de la última jornada. «Camino de Segura me mareé en el coche. Luego comí un plátano y me sentó muy mal. Estaba fatal». Resignado asistió al devenir de los primeros kilómetros. Sin nervios debido a que daba todo por perdido. De repente y tras varios intentos de fuga, en uno de ellos se vio bien. «Pensé en atacar, pero en ese instante el que más me vigilaba saltó. Le seguí y paró, entonces decidí seguir. Miré hacia atrás y vi parón. Logré alcanzar a los de la escapada y enseguida nos pusimos de acuerdo. Oier Lazkano quería la victoria parcial y la montaña. Otro, las metas volantes, y yo, la general. Hubo bastante entendimiento y abrimos hueco», recalca. Pero un problema de última hora casi echa por tierra las aspiraciones de Caro. «En la bajada a Lierni, a 4 km de meta, me caí. Pude levantarme rápido y les volví a coger. Creo que me estaban esperando para que siguiera tirando, porque ellos ya se estaban vigilando por la etapa». La remontada se concretó y se adjudicó la vuelta por siete segundos.

Ilusión

El corredor del Arabarrak ha terminado muy contento por el rendimiento ofrecido en su primera temporada completa. Desde las pedaladas iniciales le comentaron que podía andar bien. «Estoy muy contento. No he conseguido ganar muchas carreras, pero me quedo con que he estado casi siempre entre los diez primeros. Ha primado la calidad respecto a la cantidad. Lo importante era buscar regularidad», asume. Este buen rendimiento le ha servido para acometer el salto a sub’23 de la mano del Caja Rural. En su estreno en la categoría solo quiere acumular kilómetros y experiencia de forma progresiva. Además, sabe el rol que deberá ejercer. «Los de primer año estamos para ayudar y atender las necesidades del equipos. Será un curso de aprendizaje», revela.

Ahora el ciclismo ocupa un lugar importante en su vida y le ayuda a evadirse de la rutina. Junto a los estudios supone su principal ocupación. «Cuando pedaleo y salgo a entrenar, me olvido de todo y dejo de pensar en otras cosas. De momento estoy muy motivado. La mayoría de la gente lleva desde cadetes o escuelas y yo, por el contrario, llevo pocos kilómetros. Me quedan muchas ganas. Ademas, he empezado Derecho Económico en la Universidad de Deusto, así que tengo que planificarme bien para no aparcar ninguna de las dos. Tengo el tiempo muy justo e igual por navidades necesito pedir más horas al día», sonríe.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate