«El judo me ha ayudado a organizarme con los estudios y a saber controlarme»

Unai posa con la medalla de plata lograda en el Campeonato de España./
Unai posa con la medalla de plata lograda en el Campeonato de España.

Subcampeón de España infantil de judo

EDUARDO IZQUIERDO

Emprendió el camino con motivo del Campeonato de Álava, que le resultó sencillo adjudicárselo. Posteriormente acudió a Etxebarri con el objetivo de sacar billete para Campeonato de España. El viaje a Madrid en juego con un requisito indispensable: quedar primero. Por eso estaba bastante tenso e incluso se bloqueó en la final. Aún así pudo cantar victoria, aunque le habría gustado «haberlo hecho mucho mejor». La primera meta ya estaba cumplida. Por su mente pasaba ya la segunda. En los días previos a desplazarse hasta a la capital estaba muy nervioso. Desde muy pequeño el sueño de Unai Merino era conseguir medalla en una cita de estas características. En casa le intentaban convencer de que lo realmente importante ya lo había materializado. Solo el hecho de clasificarse y poder competir casi adquirían tintes de proeza. Pretendían que disfrutara del evento y no se obsesionara por subir al podio, principalmente por se iba a medir a los mejores infantiles. Al judoka del San Ignacio le intentaban transmitir un poco de relajación para que no se tensionara al pensar en la máxima cita nacional.

Aunque con esas pequeñas dosis de ansiedad que le merodeaban, se estrenó con una maravillosa actuación y supo sacar provecho de que nadie le conocía, a pesar de presentar como aval el título de campeón de Euskadi. «Al principio me mareaba de la impresión al ver a tanta gente y por el gran nivel que había. Estaba un poco nervioso, pero tengo muy buenos recuerdos de mi estreno en este campeonato», valora Merino. El entorno, precisamente, no era el más apropiado para un debutante. Un pabellón tan grande como el Barclay Center de la capital, con música, cámaras, speaker... Pero sacó su gen competitivo desde el primer combate, con una táctica preconcebida clara:arriesgar. En caso contrario podía estar perdido ante rivales más rodados y con más experiencia. Encuadrado en el peso más poblado de la competición, con 24 judokas, abrió ante un balear. «Estaba muy tensionado, porque había que pasar como fuera para que no me eliminaran», esgrime. Merced a un ippon ne waza le derrotó y dio la primeras muestras de solidez. En la siguiente ronda le esperaba un gallego, al que también doblegó por la vía rápida.

Ya estaba en cuartos de final. Encima, según pasaban los combates, el componente del Judo Club San Ignacio se sentía más seguro dentro del tatami. Los espectadores comenzaron a fijarse en Merino y alucinaban con su rendimiento, ya que no le conocían y no entraba en la lista de favoritos. Esta vez le correspondió medirse con el representante madrileño, uno de los que optaba al entorchado. Las apuestas estaban en su contra, pero rompió todos los pronósticos. «Quizás fue el más difícil de todos y el más duro. Le gané con un ippon con una técnica de cadera», indica.

Ya solo quedaban dos pasos. En semifinales le esperaba un andaluz. «También fue muy complicado. Igual un poco menos que el anterior, aunque el premio era mayor, ya que si vencía, me clasificaba para la final». En una pelea muy bien dirigida, una técnica de brazo le sirvió al joven vitoriano para luchar por su primer gran título. Enfrente un riojano. Merino entró al tatami convencido de sus posibilidades y con un planteamiento similar al resto de contiendas:atacar. «Soy más impulsivo y de llevar la iniciativa. Creía que lo podía hacer bien», apostilla y recuerda que la espera se le hizo un poco larga. Los nervios le atenazaron en los momentos previos y afloraba la presión. Desde el principio arriesgó y fue a por su rival. «Me sacaba bastante altura, pero tenía claro que había que atacar para intentar sorprenderle. Él estaba a la defensiva y aguantaba bien la entradas. Me estaba esperando. Decidí entrarle rápido, pero aprovechó para tirarme al suelo y me ganó. Estaba más triste por la forma de perder, ya que el combate duró muy poco, que por la propia derrota en sí», matiza.

Cinturón negro

El punto de partida de esta fulgurante trayectoria por el judo arrancó hace una década. Contaba solo con tres años. «La influencia de mi madre fue clave. Era la entrenadora del club y era lo que se vivía en casa. Me puso un kimono y me metió al tatami», recalca. Ahora entrena tres días a la semana, aunque aumenta la carga de trabajo al llegar las competiciones importantes. «De cara al Campeonato de España iba a diario». Merino ha sabido beber de las cosas buenas que supone tener a su progenitora como preparadora. «Te explica mejor las cosas, está más encima, aunque también tiene su parte negativa. Al verle como madre, a veces no le haces el mismo caso que a otro profesor».

De arte marcial que practica le gusta «todo», además de los valores que le aporta y que le han servido para crecer como persona. «El deporte sí ya me atrae, así como la competición. Además del respeto, me ha ayudado a organizarme con los estudios y en el autocontrol. Estoy en 2º de la ESO y lo compagino bien», desvela. Dentro del tatami intenta llevar las riendas y atacar. «En cuanto plasmo ese dominio veo las entradas y me van saliendo las técnicas. Se me dan bien las de rodilla, ya que las hago muy rápido y les cojo desprevenidos, así como una de cadera», puntualiza el joven karateka que ahora tiene cinturón marrón. «Para pasar a negro hay que tener cumplidos 15 años. Espero conseguirlo en 2017», concluye.

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