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Las patinadoras presentan coreografías muy bien trabajadas. / Manu Cecilio

Piruetas y saltos referentes

  • El Torneo Nacional de patinaje artístico organizado por el Gurutzeta ha alcanzado un gran estatus entre los clubes de la zona norte y ha batido todas sus marcas

barakaldo. «Hace diez años me convertí en la entrenadora del Gurutzeta y de mi etapa como patinadora conocía a muchos técnicos nacionales y regionales. Cuando se enteraron de que estaba al frente del club comenzaron a cursarnos invitaciones para acudir a torneos. Nos estrenamos en el Ovetus de Oviedo dirigido por Richar Hevia y fui con tres niñas. Luego nos desplazamos a Noain, Valladolid... hasta que llegó el momento en el que decidimos dar el paso para organizar nosotros uno en Gorostiza. Aquel año nos dejó anécdotas inolvidables. Éramos muy pocos y tuvimos que recurrir a los amigos y familiares. Para hacer piña con el objetivo de que los participantes se quedaran en las gradas, pusimos unas planchas para preparar bocadillos de lomo». Así explica Estíbaliz Pérez, coordinadora deportiva de la entidad, cómo surgió el Torneo Nacional, que el pasado sábado cumplió la octava edición. Desde el primer momento recibieron una gran acogida y siempre se han movido entre cifras de relumbrón. «La respuesta siempre ha sido muy buena y está ya asentado e interiorizado entre las entidades del entorno. Como tenemos la suerte de poder organizarlo en la misma fecha, el último fin de semana de enero, en cuanto les mandas la convocatoria enseguida te responden de forma afirmativa».

En la última cita batieron todas las plusmarcas. En principio pretendían rondar los 150 patinadores, pero se toparon con la presencia de 170 pertenecientes a 22 clubes, procedentes de cinco comunidades autónomas (Asturias, Cantabria, La Rioja, Navarra y País Vasco). Desde los 19 años de la más mayor a los cuatro de la más pequeña. Unos números que hacen del evento organizado por el Gurutzeta una referencia dentro del patinaje artístico en el entorno. «Mucha gente nos comentó que cada año nos superamos y lo que más les gusta es el ambiente familiar. Nada más terminar unas chicas de Nájera ya nos estaban solicitando que les invitáramos para el año que viene. Es mucho trabajo pero es gratificante», señala.

Dividieron la competición en los niveles que marca la Federación Vizcaína de Patinaje -D, C, B, A, certificado, categorías regionales (cadetes y juveniles) y nacionales (juvenil, junior y senior)- además de uno denominado 0 para debutantes. Arrancaron la sesión matinal con los más numerosos, había 43 en el C. El clímax del torneo se registró en la jornada vespertina con la presencia de las más pequeñas, alrededor de una docena. Todas del Gurutzeta y del Laudio. Era el día más esperado, tanto para ellas como para sus familias. Su cuota de protagonismo. El público abarrotó el graderío e incluso muchos no pudieron acceder. «Fue el momento más emotivo. Para ellas es como un juego. Realizan conceptos básicos, como dar una vuelta a la pista, levantar un poco la pierna que lo denominamos la ‘bailarina’, agacharse (‘el cañón’), abrir, cerrar... Estaban más pendientes de saludar que de patinar», subraya. Pero no dejaron nada a la improvisación. «Estaban muy contentas porque muchas estrenaron maillots. Solo les preocupaba estar guapas, con los brillos en los labios, sus moños, lazos o brillantinas», matiza.

La clausura llevó la firma de las mayores. Saltos dobles, saltos dobles sueltos, combinados, piruetas de clase A, «las más altas en dificultad», clase A combinadas, reversadas, de balón... «Realizaron lo más difícil dentro del apartado técnico del patinaje. Presentaron coreografías muy trabajadas. Es lo más espectacular de la jornada. Al tener más fuerza, patinan mucho más rápido, los saltos son más altos y los giros más rápidos».

Obsequios

Cada participante debía plasmar en la pista una rutina con una duración de algo más de dos minutos «más o menos». Ahí la música adquiere relevancia. Bandas sonoras, samba, salsa, temas de actualidad... el abanico es muy grande, aunque todas las piezas son instrumentales. «Con las pequeñas no se pueden utilizar piezas cantadas. Entre las más recurrentes está ‘Titanic’, películas de Disney, temas de Sia e incluso se escuchó ‘Ilargia’, de Ken Zazpi. Si la niña es muy movida se le recomienda un tema tranquilo y si es un poco parada, buscamos canciones cañeras para que se acelere. Siempre en función del carácter de la niña».

A todos los participantes les entregaron una medalla conmemorativa y un obsequio. El de este año consistía en una bolsita llena de arroz, recurso usado para eliminar la humedad de los patines. «Les hemos tenido a las madres cosiendo durante un mes para confeccionar 170», admite. Además, a las tres primeras de cada categoría les entregaron un trofeo. «Este año ha llamado la atención porque era una patinadora de bronce y se le veía la espalda. Era precioso». Los vizcaínos más destacados fueron Erika Blanco, Naia Criado, Emma Pascual, Zaloa Bruña, Lucía Bilbao, Ander Magariños y Olaia García.

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