El Correo
El taekwondista de Basauri acude al gimnasio tres días a la semana.
El taekwondista de Basauri acude al gimnasio tres días a la semana. / Manu cecilio

«El taekwondo me ha aportado felicidad y me ha ayudado a canalizar la energía»

  • Subcampeón de España junior de taekwondo

Una lesión de espalda casi le trunca la brillante trayectoria que ha firmado en su último curso como junior. Daniel Rábanos vivió a finales de 2015 unos momentos de incertidumbre, que desaparecieron gracias a un tratamiento de fisioterapia. «Era como una tortura cuando debía realizar los gestos de competición», recuerda. Aquel sufrimiento dejó paso al título de campeón de Euskadi de su categoría y al tercer puesto en sub’21. Yel colofón se produjo en el Campeonato de España junior que se celebró a medidos de octubre en la localidad segoviana de Cantalejo, donde se colgó la única medalla que obtuvo la delegación vasca. El componente del gimnasio The Masters de Basauri, una vez más, supo paliar la diferencia de envergadura respecto a sus rivales, «todos me sacan la cabeza ya que soy el bajito en mi peso, -78 kg», para subir al segundo escalón del podio.

Pero las malas sensaciones le merodeaban antes del inicio del campeonato. El día del pesaje tuvo un examen de euskera y estaba muy nervioso. Incluso durante el viaje en el autobús no sabía en qué pensar. Al día siguiente se despertó sin poder eliminar de su cabeza esos presagios negativos. «Les comentaba a mis compañeros que lo veía muy negro», avanza. Su peso estaba programado en sesión vespertina. Después de analizar el sorteo, apenas variaron sus percepciones sobre su rendimiento. Encima la representación vasca estaba sufriendo una escabechina al caer eliminados sus integrantes. En octavos le correspondió medirse a un catalán sin que los nervios se mitigaran. «No le conocía, pero siempre acuden con buenos competidores», desgrana. El combate estuvo muy disputado, aunque Rábanos se impuso por 4-2. «Fue muy duro e igualado. Mi coach me día que le frenara y aprovechara para contraatacar. La victoria fue como una pequeña liberación», revela.

Ya solo quedaba un combate para asegurar la presea. En cuartos le tocó luchar contra un canario. A pesar de los consejos que le enviaba su preparadora para que administrara la ventaja, el joven de Basauri emprendió una especie de huida hacia adelante y sacó su gen competitivo. «Siempre voy a por todas en el tatami y me la juego a cara o cruz. Una derrota por un punto no es un fracaso y el ganar por uno tampoco es un gran triunfo. Parecía que yo era el que iba perdiendo, pero era imposible que me tranquilizara. Tiré hacia adelante con todo. Gané por seis puntos y al tener ya asegurada la medalla me relajé bastante.», apostilla.

Rábanos se jugó el pase a la final contra un andaluz. Al igual que el combate inaugural resultó muy igualado. Tras los tres asaltos reglamentarios el marcador reflejaba empate a uno, así que el pase se lo jugarían en el cuarto, al punto de oro. «En caso de no moverse el tanteador decidían los jueces. Conseguí marcarle pero me fijé en su entrenador que protestaba porque supuestamente le había empujado. Pensaba que me iban a amonestar. Al ver al árbitro ponerse en medio y darme como vencedor entré en éxtasis. Al principio lo veía imposible y logré transformar las malas sensaciones», subraya. En la final le esperaba un viejo conocido, Unai Rodríguez, ya que es de Arrigorriaga aunque compite con licencia andaluza. Pero unos problemas físicos le obligaron a renunciar. «No me veía en condiciones de competir. Tenía tocado los abductores y no quería lesionarme. Fue una pena no salir, pero a veces es mejor reservarse para futuras citas», recalca.

Una de esas fechas esperadas llegó hace una semana con motivo de la gala que se celebró en el Palacio Euskalduna para conmemorar el 30º aniversario del gimnasio The Masters de Basauri. «Estaba bastante nervioso porque la tenía marcada en el calendario desde hace mucho tiempo. Salió todo genial y lo definiría con una palabra: excepcional. Acudieron más de 1.700 personas y disfrutaron de todas las exhibiciones y rompimientos», se congratula.

Segunda familia

Con este evento ha puesto broche al año y durante un pequeño tiempo aparcará el taekwondo de competición para centrarse en los libros. «A pesar de que le concedo mucha importancia al deporte y formo parte de una familia de deportistas, mis padres jugaron a balonmano y mi hermana ha seguido mis pasos, ahora los estudios están por encima de todo y tengo que sacar buenas notas. Estoy en 2º de Bachiller y si quieres hacer Medicina, sin estudiar es imposible. Deberé estar centrado para no pasar una Navidad delante de los apuntes y evitar un fuerte batacazo».

Este recorrido por los tatamis se inició cuando apenas contaba con cinco años. Sus progenitores querían que practicara algún deporte. «Como todos los niños les dije que iba a jugar a fútbol, pero me dijeron que no y decidieron buscarme otro. Me trajeron al gimnasio. Desde el principio me gustó y recuerdo que cada vez que salía de clase y me llevaban a entrenar me alegraba», apunta. Durante una temporada lo compaginó con el balón al defender la camiseta del Ariz. «Más que nada era para mantener la forma y no tener que salir a correr solo», reconoce y asegura que lo que más le gusta es seguir compartiendo esas vivencias con los compañeros con los que empezó. «Ahí continuamos para superarnos día a día y conservar las ganas de entrenar».

El taekwondo ya se ha convertido como su «segunda familia» y le ha ayudado a canalizar la energía. «Me ha aportado mucha felicidad. Cuando salgo de clase un poco enervado voy al gimnasio para no pagarlo con las personas de casa. En cuanto cojo la manopla y hago combates me tranquilizo», asevera. Y a la hora afrontar la competición apuesta por la misma dinámica que le ha conducido a metas altas. «Después de analizar el sorteo ya sé cuándo tengo que empezar a calentar. Estoy cinco minutos sin hablar y arrancó».

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