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La pista del polideportivo es el centro neurálgico de la competición. / Manu Cecilio

La huella del espíritu solidario

  • El IX Cross Esclavas Sagrado Corazón Fátima presenta la novedad del cambio de fechas pero continúa con el trabajo en favor de los necesitados de la mano de Proacis

Por primera vez, el Cross Esclavas Sagrado Corazón Fátima ha celebrado dos ediciones durante el mismo año. La última, el pasado domingo. Desde hacía un tiempo valoraban la posibilidad del cambio de fechas debido a que en mayo una serie de coincidencias les perjudicaba, principalmente al alumnado de Bachiller por ser época de exámenes y al resto por ser un mes habitual de eventos sociales importantes de tipo familiar. De este modo conseguían también equilibrar el calendario de actividades del centro. «Antes de las vacaciones ya decidimos pasarlo a octubre. Estamos sorprendidos por la respuesta, con cifras de participación un poco superior respecto a la última cita, aunque hemos andado más justos en los preparativos. La gente se ha volcado, así que a partir de ahora se programará a principios de curso», puntualiza Dani Oneka, profesor y organizador del evento.

A pesar de esta importante modificación, el espíritu solidario se ha mantenido intacto, al igual que el lema de la entidad, «Deja tu huella por Proacis». Cada ejercicio esta ONG de las Esclavas Sagrado Corazón a nivel mundial les presenta un proyecto y este año se han decantado por uno que están desarrollando en Bikot (Camerún). «Se trata de un pueblo muy pequeño, donde viven familias con poco recursos. Queremos que los más pequeños puedan escolarizarse, ya que deben salvar muchas dificultades para poder acceder al colegio, sobre en época de lluvias. Pretendemos que el cross sea la fiesta con la que comienza esta iniciativa. Nos esforzamos para que la gente acuda y deje su impronta solidaria», apostilla Oneka. Previamente realizan una campaña de sensiblización a través de la proyección de un vídeo donde se recoge el día a día de la población de ese pueblo camerunés. Como la inscripción siempre es gratuita, dejan que las familias aporten la cantidad que consideren oportuna. «Por cada dorsal familiar se incluye un sobre. Ahí deben meter el donativo. A lo largo de la semana previa y durante el mismo día de la prueba los depositamos en una caja a la vista de todos. Este año hemos recaudado cerca de 500 euros. Con este evento más los que se realicen a lo largo del curso cubriremos el proyecto», advierte.

En el plano deportivo, fueron casi dos horas de carreras, con la disputa de 14 pruebas y la presencia de cerca de 200 atletas. Todos los ciclos hasta completar las etapas escolares estaban representados. Desde los más pequeños, con dos años, hasta los de 2º de Bachiller, además de dos dirigidas al público adulto. Cada curso tenía la suya, aunque a los más mayores debieron juntarles por falta de efectivos. Solo un pero en esta jornada de fiesta familiar, abierta a la solidaridad y al fomento del ambiente deportivo:una mayor participación de alumnos de cursos altos. «Es nuestra crítica constructiva. Apartir de la etapa preadolescente les cuesta acudir. Nos esforzamos para que se animen entre ellos en clase y hagan piña. Incluso intentamos incentivarles con puntos positivos en Educación Física», apostilla. Y como no se publican clasificaciones por el fin solidario, todos reciben el mismo premio. Al estar muy volcados con las dietas saludables, en la bolsa del corredor predominan las frutas.

Maestras de ceremonias

Los más pequeños abrieron hostilidades. Desde los dos años hasta los cinco se ejercitan por el polideportivo. Son las carreras más emotivas. «Algunos justo han aprendido a andar y necesitan la ayuda de su padre o madre para completar los 200 m. No se quitan ni el chupete», sonríe. A partir de 1º de Primaria corren por las zonas verdes del centro y el perímetro del campo de fútbol. Poco a poco van aumentando la carga de trabajo. Todas las carreras están encabezadas por liebres, atletas y profesores que les marcan el ritmo para que aprendan a dosificar las fuerzas, regulen y progresen en el tramo final. Los de 10-12 años ya enfilan hacia la pasarela peatonal, mientras que los de Bachiller llegan hasta la ermita de Fátima, como los adultos. Para estos se programan dos carreras. Una testimonial, de 1.000 m dirigida a los que no están acostumbrados a correr, y otra de 3.000 m, para atletas más preparados, muchos de ellos habituales de las pruebas populares, con la que se puso broche a la jornada.

Además, desde el centro se esfuerzan en implicar al alumnado a participar, no solo de corto, sino también en otras responsabilidades. Así, delegaron en dos alumnas de 6º de Primera, Lucía Díez y Anne Álvarez, las labores de maestras de ceremonias. Fueron las ‘speakers’ oficiales. Con un guion redactado, se encargaron de presentar el cross, llamaban a los participantes, daban la salida y animaban a los atletas.

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