Muguruza juega sola

Garbiñe Muguruza celebra su victoria en Wimbledon / EFE

Otro despliegue de concentración y poder la lleva a octavos

IÑIGO GURRUCHAGALONDRES

Wimbledon era ayer un pasatiempo menor en el verano de los juegos. A las 8.35 de la mañana, hora local, se llenaron los pubs para ver el tercer y último partido de la serie que los British Lions jugaban contra los All Blacks en Auckland, en las antípodas neozelandesas. Terminó con un empate, que también dejó igualado el balance de la expedición que se emprende cada cuatro años.

El de los 'leones británicos' es un equipo maravilloso. Compuesto, como si aún existiese el Imperio, por irlandeses, galeses, escoceses, ingleses y oriundos de la Commonwealth nacionalizados, suele comenzar la gira con piques regionales o desapego inglés porque en ese club temporal no manda Twickenham. Pero acaba uniendo al paisanaje en torno a la contienda contra los admirados neozelandeses, que son por definición el mejor equipo del mundo del rugby.

Los entrenadores, Warren Gatland, ahora de los Lions tras guiar el resurgir de Gales, y Stephen Hansen, son ambos neozelandeses. Hansen dijo ayer que "terminar con cada equipo teniendo una mano en la copa es como besar a tu hermana". Grandes filósofos son descubiertos cada semana en los banquillos, aunque sumergidos de nuevo en océanos de banalidades. La gran figura del momento entre los entrenadores del rugby es Eddie Jones.

De padre australiano y madre japonesa, su extraordinaria carrera ha desembocado en el banquillo de Inglaterra, que vive fascinada y horrorizada la marcha victoriosa de su equipo y de un entrenador al que le importan una higa las cortesías meticulosas de la élite inglesa y de sus admiradores. Jones se sometió hace poco a preguntas de los estudiantes de Oxford y dijo a uno de ellos que su objetivo es siempre llevarse a sí mismo al paro, hacer que sus jugadores se gobiernen solos.

El minimalismo de pies, rodillas, cintura, muñeca,... en el tenis es un laberinto obsesivo, pero parece mucho mayor la complejidad táctica del rugby, con 15 jugadores y al menos dos estructuras- la melé y la línea- con funciones distintivas en defensa y ataque. Si Jones quiere un equipo autogobernado, capaz de resolver sus problemas, los entrenadores del tenis deberían ensayar más a menudo la táctica del silencio.

Ivan Lendl lo ha demostrado en los últimos años. Su represión de las quejas dirigidas por Andy Murray al palco donde se sentaban su madre y su mujer ha coincidido con el tiempo de gloria del escocés y ha dado sosiego a los espectadores de tan intenso psicodrama. La interpretación del partido por Toni Nadal y los momentos que elegía para pronunciar su célebre 'Vamos, Rafel' darían para tomos.

Conchita Martínez dijo ayer un 'va, va, igual, ¿eh?' cuando Garbiñe Muguruza perdió en el segundo set un punto tras lanzar un buen ataque al segundo servicio de Sorana Cirstea. El partido ya estaba encaminado. La rumana se quejaba hacia el banquillo cada vez que tiraba gratis un punto. Pero Muguruza ejecutó concentrada lo que llama el plan A, imponer su juego a la rival, servir fuerte, golpes bajos. Parece segura en sus virtudes, independientes de quien esté allí sentado.

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