Final masculina

Federer dibuja su octavo Wimbledon

Roger Federer, tras lograr el título. /AFP
Roger Federer, tras lograr el título. / AFP

El suizo supera a un mermado Marin Cilic, agranda su leyenda y desempata con Pete Sampras como hombre con más entorchados en Londres

MANUEL SÁNCHEZLondres

Siempre parecía que la hora de Roger Federer estaba escrita. Que a cada final de ‘Grand Slam’ que perdía, sería su última oportunidad. El suizo, que el año pasado terminó su partido de semifinales en el suelo, boca abajo, lesionado de la rodilla, levantó todas las alarmas. Y un curso después, él solo, con su raqueta, su revés a una mano de toda la vida, y la misma ilusión que aquella joven promesa que derrocó a Pete Sampras en 2001, volvió a cercar su jardín. A sus casi 36 años, el astro de Basilea conquistó Wimbledon, cinco años después, al derrotar al croata Marin Cilic por 6-3, 6-1 y 6-4 en sólo una hora y 45 minutos.

El helvético empezó agarrotado, con los nervios típicos de quien sabe que tiene la victoria más deseada de su carrera a tan solo tres sets de distancia. Ganó el sorteo y eligió restar, algo insólito en esta clase de canchas, donde el servicio siempre lleva la tónica dominante. El experimento casi le sale bien, llevó a Cilic hasta el 40-40 aunque el croata solventó la papeleta. Poco a poco se entonaron, pero no fue hasta el cuarto juego cuando a Federer le hizo ‘click’ la cabeza. La primera oportunidad de rotura del croata avisó al suizo y rápidamente tomó la iniciativa. Comenzó entonces su tradición y su simbiosis con la pista verde. Hizo del saque su arma, de la derecha paralela su cuchillo y del golpe cortado la anestesia. Despedazó a Cilic y le atenazó de manera que del gigante de Medjugorje solo quedaron las zapatillas. Federer rompió su saque y le castigó hasta que volvió a regalarlo para entregar el primer set. El croata estaba fuera, no solo veía volar a Federer por la pista, sino que encima tenía que aguantar al público disfrutando con ello. Se vino abajo. Con 3-0 en contra en el segundo parcial, el balcánico pidió la ayuda del médico. Las lágrimas se le escapaban mientras buscaba una explicación. Dos juegos después se descubrió un problema en el pie, que le impedía jugar al 100%. Federer, que no entiende de presas y ataca a la yugular siempre que puede, no se apiadó de Cilic, a quien ni los ánimos de las gradas consiguieron levantar. El croata estaba en la lona, y lo único que veía por encima suyo era a un suizo vestido de blanco volar de lado a lado.

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Lágrimas

Una rotura más catapultó a Federer, que se hizo con el segundo set (6-1) y se quedó a las puertas de la gloria. La cara de Cilic indicaba que el final estaba cerca; solo necesitaba a alguien dispuesto a escribirlo, o en el caso de Federer, a dibujarlo. En el séptimo juego del tercer set, Cilic mandó una pelota larga, y Federer vio la luz al final de un túnel que se ha prolongado por más de cinco años. Con un saque directo, cerró el capítulo número ocho de su historia en Wimbledon y miró a las gradas con cara de no creerse que esa victoria que se le resistió durante un lustro, al fin había llegado.

Las lágrimas no tardaron en llegar, el helvético vio a sus hijos en la grada y rompió a llorar sentado en su silla, minutos antes de recoger la copa dorada que le acredita como ganador de Wimbledon. El que es su decimonoveno ‘Grand Slam’, por encima de los 15 de Rafa Nadal o los 14 de Pete Sampras. Además, el suizo desempata con el estadounidense y con William Renshaw como hombre con más entorchados en el ‘All England Tennis Club’. Su octavo Wimbledon, el primero que consigue sin ceder un set, le elevan hasta el tercer puesto del ranking mundial, por detrás de Andy Murray y Rafa Nadal y le permitirá aspirar al trono mundial en los próximos meses, donde no defiende ningún punto por no haber jugado la temporada pasada.

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