Relevo generacional

Altuna no es uno más. Ni un recién llegado. Ha venido para quedarse. Este domingo luchó lo indecible y de sus manos salieron jugadas antológicas

Altuna III suelta una volea de derecha a dos paredes que resultó clave para recuperar el saque y lograr su segunda tacada de seis tantos. /Ignacio Pérez
Altuna III suelta una volea de derecha a dos paredes que resultó clave para recuperar el saque y lograr su segunda tacada de seis tantos. / Ignacio Pérez
TINO REY

La final del Manomanista a lo largo del tiempo ha causado un impacto eterno. Lo certificó en sus declaraciones en la elección de material Aimar Olaizola: «Es la Champions». No le falta razón. Desde que se instauró la competición allí por el año 1940 se viene rindiendo culto a este partido que habitualmente cada primavera despierta una pasión inusitada en todos los aficionados. El frontón Bizkaia refrendó una vez más, con un llenazo absoluto, esta vieja tradición pelotística.

Olaizola II es la historia pura del nuevo milenio. Lleva su nombre en mayúsculas e impreso en el gran libro de la pelota con letras de oro. Además de sus siete títulos en el Torneo del Cuatro y Medio, dos del Parejas y cuatro a todo lo largo y ancho de la cancha, este domingo aspiraba a su quinta 'txapela'. En total 13 entorchados, una cifra solamente superada por Julián Retegui con 20. Era la tarjeta de presentación del navarro.

Jokin Altuna, un pipiolo. En su palmarés una boina dentro de la 'jaula' y en la lucha cuerpo a cuerpo se desconocía su poderío. Sin embargo, toda la familia pelotazale se rindió ante la evidencia y sacó a relucir un juego en el que ahogó a su rival, que tuvo que sobrevivir en una atmósfera irrespirable. Lo hizo sufriendo, resistiendo, con la misma partitura de siempre y con ese instinto ganador que Dios le ha dado. No es uno más. Ni un recién llegado. Ha venido para quedarse.

El duelo estuvo dotado con un cierto embrujo y glamour. Enfrentados dos delanteros con instinto ganador e hijos de la creatividad y con una clara diferencia en cuanto a la edad se refiere. El navarro con 38 años y el guipuzcoano 22. Dieciséis años de distancia del uno al otro. Madurez contra bisoñez. Un socavón en el deporte que aseguran los doctos constituye un hándicap muy importante. Así fue.

El físico y no el saque, como anticiparon los excampeones, fue la clave del desenlace (14-22) favorable al joven de Amezketa, infinito en su juego aéreo y que transitó por la cancha desde el tanto uno al veintidós por el mismo sendero. Luchó lo indecible y de sus manos salieron jugadas antológicas. Cerró el debate con una dejada al 'txoko' perfecta. Tiene vena de artista y como dejé escrito hace unos meses con motivo de la final del Cuatro y Medio: «los genios son así».

Jokin es un pelotari con hechizo. Capaz de hacer cosas excelsas como malas. Pero nadie le quita ese duende y desparpajo de los grandes de la modalidad. Transmite una aureola de magia que eriza los pelos de la piel de los puristas. Con organización y firmeza finiquitó el compromiso. Aunando dinamismo y temple, como los maestros de la tauromaquia. Va del padecimiento al disfrute con una naturalidad sorprendente para su edad.

Finalizó 11 tantos de jugada y puso en práctica las dos paredes y la dejada, dos importantes detalles que parecen estar vedados en los frontones industriales. En la segunda parte desplegó un repertorio exuberante teniendo a su merced al becadero de Goizueta. Ocupó los espacios con solvencia que terminó momificando al navarro, que se sintió aturdido ante tanta ilustración.

El derrotado bien es verdad que no tuvo su día. Se le vio con la pegada amortiguada y nunca cruzo debidamente la pelota al ancho. Tampoco estuvo acertado con el disparo inicial. No logró un solo tanto de saque. Aquel contrario que se movió a lo largo de esta competición en plenitud, poderoso y heroico, no apareció en el recinto de Miribilla. Conclusión: el Manomanista da paso y abre la puerta a la juventud. En todos los órdenes de la vida es buena la alternancia. Jokin Altuna es el nuevo campeón del Manomanista. Le damos la bienvenida efusivamente.

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