La historia del Cuatro y Medio

Los primeros colonos

José Mari Palacios ‘Ogueta’, uno de los pioneros./E. C.
José Mari Palacios ‘Ogueta’, uno de los pioneros. / E. C.

Urrutikoetxea y Altuna se juegan este domingo el trono del Cuatro y Medio, pero antes de estos especialistas hubo otros que abrieron el surco competitivo. Vamos hasta 1953...

Tino Rey
TINO REY

Revienta la expectación pelotística con motivo de la final del Torneo del Cuatro y Medio fijada para este domingo en Bilbao. Todo el papel está vendido y la historia pide a coro un nuevo campeón que ocupe el trono de Oinatz Bengoetxea. Mikel Urrutikoetxea y Jokin Altuna son los candidatos. Dos delanteros con hechuras diferentes. El vizcaíno sinfónico y el guipuzcoano maestro de la virtuosidad.

Pero antes de estos especialistas de los cuadros cortos del frontón hubo otros que abrieron el surco competitivo y de ello hace años, muchos años. Ni más ni menos que 64. La pelota de aquel entonces gravitaba en una única órbita, la de Empresas Unidas. El monopolio que ejercían en los frontones era brutal.

Corría 1953. En la calle bullía un debate entre los pelotazales. ¿Quién es el mejor pelotari de los cuadros cortos? Los empresarios recogieron el guante. Organizaron un Torneo del Cuatro y Medio, a doble vuelta, entre un cuarteto de maestros de gran linaje. Acarregui, Barberito I, Bolinaga y José Mari Palacios ‘Ogueta’, que contaba con solamente 17 abriles y acababa de debutar, pero el alavés arrastraba desde el campo aficionado una aureola deslumbrante.

En la calle bullía un debate entre los pelotazales. ¿Quién es el mejor pelotari de los cuadros cortos?

Se proclamó campeón José Luis Acarregui contra pronóstico. Nacido un 11 de septiembre de 1923 en Lekeitio, fue un pelotari que hizo sus primeros pinitos en el Jai Alai de Markina y sus primeros pelotazos en frontón corto los llevó a cabo como zaguero. Más tarde se ubicó en los cuadros alegres y llegó a jugar tres finales del Manomanista. Poseedor de dos manos equilibradas, potentes, gran sacador y que se movía por la cancha con la misma agilidad que un felino.

Al año siguiente el mejor fue Miguel Soroa. Guipuzcoano (Elduayen 1927) y con una de las zurdas más brillantes de la historia. Estilista, ornamental, iba al encuentro de la pelota con la misma cadencia que una bailarina de ballet y almacenaba entre sus muchos recursos unas cortadas, marcadas de abajo, que constituían un suplicio para sus rivales. Un señor. Yo le vi jugar su último partido como profesional -que no finalizó- en Santo Domingo de La Calzada. Madrid y Soroa contra Ariño I y Elorza. Estaba, mal muy mal. Arrojó el ‘gerriko’ a la cancha y sentenció: «Nunca más volveré a vestirme de blanco». Así fue.

Toque eléctrico

Durante dos años consecutivos reinó en la ‘jaula’ el pelotari más grande de La Rioja, Abel San Martín, nacido en Baños de Río Tobía y apodado Barberito I, ya que su padre ejercía de barbero en su pueblo. Menudo, con un toque eléctrico, listo y que marcaba la dejada con una habilidad suprema. Sus paralelas al ancho, rozando la raya de la contracancha, nadie las ha superado a día de hoy. Su primera ‘txapela’ la logró al imponerse ante Chicuri y la segunda contra Ogueta.

El ciclón alavés un año después se desquitó a lo grande. En una auténtica exhibición, no le dejó pasar del cartón tres al riojano. Fue una sinfonía de pelotazos, demostración de poderío e ingenio. Después, las empresas enterraron el torneo sin explicación alguna. Estos cuatro hombres fueron los primeros conquistadores de la ‘jaula’, los pioneros.

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