Una final del manomanista ilusionante

Olaizola II y Altuna III tras la elección de material. /Manu Cecilio
Olaizola II y Altuna III tras la elección de material. / Manu Cecilio
TINO REY

A la final del Manomanista que se disputa este domingo en el frontón Bizkaia de Miribilla entre Olaizola II y Altuna III se le pueden adjetivar todo tipo de calificativos grandilocuentes: Ilusionante, esperanzadora, llamativa, brillante... Lo que si es verdad que ha levantado una enorme expectación. Se han agotado las entradas nada más ponerlas a la venta, sinónimo del interés que ha despertado entre los pelotazales. Es uno de los partidos con más expectación de los últimos años. Tiene todos los condicionantes favorables para que de la cancha surjan las más puras esencias de esta bella modalidad.

Es un duelo de delanteros atiborrado de contrastes. El más llamativo es el referente a la edad. Aimar le lleva a Jokin 16 años, que se enfrenta por vez primera a su gran reto pelotístico. En el deporte es una distancia sideral. Por lo tanto, experiencia contra bisoñez, aunque este termino en el caso que nos concierne puede ser que no sea el más adecuado. El representante de Aspe es un alumno aventajado, ilustrado y con un gran abanico de exquisiteces.

Un hueso duro de roer

El de Goizueta es perro viejo. Y ya dice el refrenaro castellano «a perro viejo no hay quien le enseñe nuevos recursos». Se las sabe todas. Su palmarés esta repleto de títulos. Es el pelotari más laureado del nuevo milenió. El rey de la 'jaula'. Dentro del Cuatro y Medio no hay quien le tosa y con una filosofía muy definida, luchador hasta el último suspiro. En las retos individuales es un duro hueso de roer. Sufridor a ultranza, constante y regular en el peloteo.

Derrocha entrega y arrojo. En la edición de 2018 ha planteado los partidos muy físicos. Los endurece al máximo y con su juego de aire, principalmente el sotamano y el gancho, termina sacando de sitio a sus rivales. Tiene una virtud encomiable y que engrandece a los especialistas, el sufrimiento. No da una pelota por perdida y a la hora de definir no se corta un pelo. Su mejor propuesta es su mano izquierda, donde han tejido los campeones sus victorias.

Su objetivo será endurecer los tantos y pelotear sin descanso. Sabe que tiene un rival que le va a plantear un juego directo, de poco peloteo, y de muchos fogonazos. Contra la fogosidad y realización de Altuna IIII, templanza y esperar el momento idóneo para acabar. Su saque, bombeado, largo, y con mucha pared izquierda hace mucha pupa en las defensas de sus contrarios. Es un luchador nato. Y como se decía en la antigua Grecia: «Los Dioses siempre están del lado de los grandes guerreros».

Por la vía rápida

El de Amezketa siempre intenta liquidar los tantos por la vía rápida. Es un tipo de remangue. Le gusta sublevarse ante el juego clásico y monótono. Es tan suyo que lo mismo está cuando no se le espera, que se le espera cuando no llega. Siempre deambula por las canchas con el discurso de la inspiración a cuestas. Lo mismo te marca una paradita al 'txoko, una dejada, o un dos paredes que te dejan sentado.

Me decía uno de esos sabuesos del frontón sobre el guipuzcoano, «con menos chicha no se puede jugar más». Es verdad. En el campo aficionado le llamaban el 'tirillas' por su imagen escuálida y su poca fuerza. No contaba con la aquiescencia de los técnicos que lo veían como a un chico poco musculoso y enclenque. Sin embargo, desde el momento que dio el salto al profesionalismo se fue abriendo paso con su ingenio y pillería.

¿Le pasará factura su primera final? ¿Despejará los miedos que genera este tipo de partidos? Preguntas sin respuesta. Yo creo que como otras tantas veces estará a la altura de las circunstancias. Hasta hoy no le ha afectado ese pánico que brota inconscientemente de las grandes citas. Sabe estar y medir los tiempos. Los hombres de las apuestas tienen dudas a la hora de marcar sus preferencias bursátiles. No hay un favorito claro y el dinero se cantará la par. Como siempre, el cestaño determinante.

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