Altuna III se cuela en la fiesta de Urrutikoetxea

Jokin Altuna es el nuevo campeón del Cuatro y Medio./Ognacio Pérez
Jokin Altuna es el nuevo campeón del Cuatro y Medio. / Ognacio Pérez

El de Zaratamo tuvo el duelo en su mano en el tanto decisivo pero eligió la peor opción y pagó las consecuencias

JUAN PABLO MARTÍN

Las finales son partidos diferentes. Esta frase hecha que los protagonistas repiten hasta la extenuación los días previos tuvo este domingo su máxima expresión. El favorito, Mikel Urrutikoetxea, cayó por la mínima ante el aspirante Altuna III. El de Amezketa tocó el cielo que el año pasado le negó Bengoetxea VI. El Bizkaia ha visto nacer a un nuevo campeón y ya son unos cuantos. En un duelo con más emoción que juego, el guipuzcoano supo jugar sus cartas hasta el último minuto. Derrochó el carácter que le faltó al vizcaíno, que eligió el partido decisivo para ofrecer su versión menos reconocible.

La presión pudo con el de Zaratamo y sólo por la calidad que atesora en sus manos llegó vivo el momento cumbre. Era la primera vez en las cuatro finales que había disputado hasta el momento que partía con semejante favoritismo y se le indigestó. Todo lo contrario que al de Aspe, que mantuvo la compostura hasta en el momento más complicado cuando tras la igualada a 21 Urrutikoetxea tuvo el saque. Los fantasmas del año pasado, con el partido en esta misma tesitura, no le nublaron la vista y estuvo en el momento justo en el lugar preciso para levantar una dejada del vizcaíno sin mordiente en la que estuvo la clave del tanto decisivo.

21 Mikel Urrutikoetxea

22 Jokin Altuna

Pero el choque dio para bastante más. Altuna III consiguió entrar mejor y algo que no había logrado hasta ahora nadie, que su rival fuera por detrás con una diferencia de cinco tantos. Aguantó cuando pintaban mal dadas porque creyó en sus posibilidades y llegó al final sabedor que tiene 21 años y ya había hecho lo más complicado, por lo que no tenía nada que perder.

Urrutikoetxea fue una eterna duda. Sus piernas no corrieron como en otras ocasiones porque su cabeza no las dejaba. Fue como si tuvieran cemento en ellas, le pesaban. Esta vez tampoco bajó la pelota las veces que le gustaría ni la cortó a pared como acostumbra. Estuvo muchas fases del encuentro por detrás del guipuzcoano. Se empeñó en jugar a bote en lugar de dar un paso al frente siempre que tuvo oportunidad. Su consigna era sacar al de Amezketa de los cuadros más pegados al frontis con pelotas cruzadas, pero dejó algunas a merced de su rival que, como no podía ser de otra forma, les sacó partido.

El alma en defensa

El vizcaíno ya emitió signos preocupantes en el arranque cuando mandó a la lona una pelota clara para inaugurar el marcador. Su rival le dejó claro que tenía asumido que se las iba a jugar todas y que esta dispuesto a empezar desde el inicio. Le cortó una pelota al ancho, se sacó un dos paredes de aire y una paradita al ‘txoko’ en tres tantos consecutivos donde también dejó claro que se iba a dejar el alma en defensa.

Sin embargo, los riesgos tienen un precio y la primera falta de saque que hizo le dio algo de vida a Urrutikoetxea. Pero el vizcaíno no logró aprovechar la situación y se marcó una pasa con la izquierda, otro signo de que algo no funcionaba. Era una montaña rusa. Capaz de lo mejor con un gancho con mucho ángulo, y de mandar fuera una pelota clara que era tanto.

El vizcaíno no bajó la pelota y tampoco tuvo la velocidad de otras ocasiones en su piernas

Fue tras la segunda falta con la jugada inicial de Altuna III cuando Urrutikoetxea encontró una cierta estabilidad y empezó a reconocerse en la cancha. Logró una tacada de seis tantos que no consiguieron parar los dos descansos solicitados por el botillero del guipuzcoano para tratar de romper el ritmo. Incluso se puso por primera vez por delante (8-7) tras otro buen gancho y finalizar atrás.

Pero le faltó continuidad. Insistir una y otra vez como acostumbra hasta machacar a su oponente. A nada que se descuidó allí estaba el de Amezketa para recordarle que es un pelotari que, en situaciones límite, se crece. Los dígitos coincidieron en el tanto diez. La emoción en el Bizkaia estaba por todo lo alto. El vizcaíno tuvo su mejor fase entonces con cuatro tantos consecutivos que hicieron pensar a más de uno que podía romper definitivamente el choque. Fueron sus pelotazos con más sentido. Cortados y con velocidad para atropellar, y bien buscados los ángulos. Incluso se vio favorecido por la primera de las tres acciones protestadas a los jueces en un saque que se fue a pasa por muy poco y lo dieron como buena (14-10). A continuación hicieron repetir un tanto al interpretar estorbo del vizcaíno a su rival cuando no se podía quitar.

Se repitió la historia

Pero la historia se volvió a repetir. Dejó que su rival volviera a respirar porque no consiguió mantener su estatus sobre la cancha y el mago se sacó de la chistera otro par de trucos y obligó a Pablo Berasaluze, botillero de Urrutikoetxea, a pedir su primer descanso. Tuvo su efecto. El voleón a contrapie en el ancho que se sacó en el siguiente tanto el vizcaíno le dio gasolina, pero no hubo forma de despegar definitivamente al de Amezketa que se agarró el choque con uñas y dientes, a pesar de realizar alguna concesión como el efecto de vista que tuvo en el tanto número 17 del vizcaíno que la dejó pasar al pensar que iba fuera.

Los jueces volvieron a tomar protagonismo en la siguiente acción y esta vez favorecieron al guipuzcoano en otro estorbo.

El encuentro entró en su fase decisiva igualado (18-18), con Altuna III donde quería y su rival sin imponer su velocidad. A partir de entonces cada tanto fue un cara o cruz. El de Amezketa fue capaz de lo mejor y lo peor porque fue él el que lo hizo casi todo. El peloteo se acortó. Llegó a adelantarse 20-21 tras una pelota larga que el vizcaíno no pudo alcanzar. Pero Urrutikoetxea se resistió en un último arranque de carácter. Empató en el momento justo y estaba a tiempo de poder enmendar el desaguisado. El saque fue suyo y no fue malo. El de Amezketa restó pero dejó una pelota franca para que su rival pusiera la guinda. No lo hizo y fue su perdición. Permitió que Altuna III se colara en su fiesta y se llevara la txapela y la copa más grande.

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