Los genios son así

Altuna cantó victoria en Miribilla/Ignacio Pérez
Altuna cantó victoria en Miribilla / Ignacio Pérez
Tino Rey
TINO REY

Jokin Altuna cantó al fin victoria en el templo de Miribilla. Derrotó por la mínima (22-21) en la final del Torneo del Cuatro y Medio a Mikel Urrutikoetxea en un partido bronco, emocionante, con pasajes brillantes, finura, y una tensión desbordada. Los dos pelotaris padecieron lo suyo y convirtieron el frontón Bizkaia en una auténtica olla a presión. El desenlace fue un cara o cruz.

El guipuzcoano es capaz de ponerle una vela al diablo con tal de que la cancha se inunde de luz y brillantez. Parece que también tiene una gran relación con la lampara maravillosa y su duende. Hay momentos que se convierte en un mago capaz de convertir lo que parece imposible en toda una jugada versallesca. Cada vez que pone ambas manos para golpear la pelota surge el encantamiento y la sorpresa.

Es sabido que los que tienen ese genuino poder son inconstantes. Hacen lo bueno y lo malo por que les sale del alma, nada más. Son genios y no dejan a nadie indiferente. El recinto de Miribilla fue testigo de ello. Hilvanó lances lujosos y fallos estrepitosos. Es su forma de ser, reconocible y auténtica. No engaña a nadie. ¡Benditos sean este tipo de pelotaris!

Su mejor repertorio

En un primer momento de la película sacó de su chistera lo mejor de su repertorio. Puso un marcador a su favor (2-7) en un abrir y cerrar de ojos, con una presión constante por toda la cancha, que desarmó las defensas de Urrutikoetxea, perplejo y atónito.

Hasta este pasaje apunté una jugada diabólica. Tras un intercambio de pelotazos, con constantes desplazamientos del ancho a la pared, marcó un dos paredes de zurda incontestable. Rubricó el tanto a lo grande, 16. Pero en el frontón hay un axioma que se ha esgrimido desde antaño. Los partidos se hacen largos, muy largos hasta el cartón 22. Fue cuando apareció el vizcaíno.

Tirando de manual fue solidificando su juego y ubicando a su rival en un terreno mucho más incomodo, en las cercanías de la última raya. Con mucho cuajo y desparpajo fue sumando tantos y logró meter la final en un pañuelo: 10-10 Arriesgando en el momento justo, con empaque y eficacia puso a la grada patas arriba.

En el frontón hay un axioma que se ha esgrimido desde antaño: los partidos se hacen largos, muy largos hasta el cartón 22

De aquí en adelante el duelo se convirtió en un tiovivo. Con idas y venidas en el marcador y los corredores de apuestas, que de salida tiraron el dinero a favor del representante de Asegarce, sudando la gota gorda. Se llegó a ese momento sagrado del 21 iguales y fue entonces cuando el silencio se apoderó del ambiente. Tomó carrerilla para sacar Altuna y solamente se oía las voces de los sabios de las apuestas y el eco de la pelota al impacta con el frontis. Se entabló un corto peloteo entre los contendientes y una cortada arrimada a la pared en el tres y medio la envió de zurda a la contracancha Urruti.

Al partido no se le puede pedir más. Uno y otro dieron lo mejor de sí mismos y terminaron reventados. A mí me gustó mucho. No voy a valorar la labor de lo jueces que tuvieron sendos deslices. Pero en su particular interpretación perjudicaron a ambos pelotaris.

Hay que alabar al cestaño. Se dejó jugar y no influyó en el resultado. Ha venido siendo la tónica de todo el Torneo. Ya era hora de que las intendencias se dieran cuenta de la que la viveza del material cercena el espectáculo.

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